
El mestizo de labrador que protagonizó nuestra portada del número 924 juega con Verónica Mochón, quien lo rescató de la perrera tras leer nuestro reportaje.
De la perrera a la playa
Solía jugar con una pelota rosa en el patio de la perrera de Mataró, donde Laki era inquilino a perpetuidad. Así lo retrató Susana Vera en el reportaje sobre abandono de mascotas titulado Los cien mil perros de la vergüenza, que fue portada del número 924 de la revista, el 10 de julio de 2005. Hoy juega en la playa con su familia adoptiva. «Más que sus dueños, es como si fuéramos sus padres. Después de todo lo hemos adoptado», matiza Verónica Mochón, de 21 años, camarera. Y su novio, Marc Vilarnau, mecánico de 22 años, asiente. «Sí, puede que Laki sea un perro afortunado por tener una familia. Pero nosotros nos consideramos más afortunados por tenerlo a él.»
La vida de este animal es una historia de supervivencia que, en un porcentaje abrumador de ocasiones, acaba mal. Por lo menos en España. Laki ha pasado los seis años de su vida entre barrotes, salvo un breve lapso en el que fue adoptado por una mujer voluntariosa. Con ella se entendía. Pero no con su gato. No hicieron buenas migas y, finalmente, volvió a dar con sus huesos en los diez metros cuadrados de jaula que compartía con otros cuatro canes. Ésta es su segunda oportunidad. Puede que la última. Y el perro parece saberlo. De momento, se ha hecho compañero inseparable de fatigas de Loba, el cachorro de la pareja. Pero la suerte de Laki viene de lejos, porque le tocó la lotería por haber sido rescatado en Mataró, una perrera cinco estrellas. No por medios o dinero, sino por las ganas que le ponen los vecinos que allí trabajan como voluntarios unas horas al día con los canes, cuyas fotos cuelgan en Internet (www.protectoramataro.org) para buscarles una familia, o mantienen las instalaciones como los chorros del oro. Y con 200 animales en un lugar cerrado tiene mérito.
Laki, un mestizo de labrador, estaba tan acostumbrado a la reclusión que su primer paseo por el monte fue una odisea. «Pero estamos contentísimos. Laki es bueno y sociable. Vino muy bien enseñado de la perrera. Es aseado, respetuoso con la gente y muy disciplinado.»
La adopción de mascotas comienza a ser una alternativa a la compra irreflexiva. «Cuesta un poco al principio compaginar el cuidado de los perros con la jornada laboral, pues tanto Verónica como yo trabajamos. Pero te acostumbras, y si luego llega un fin de semana y estás perezoso, los perros te obligan a salir y hacer ejercicio. Te ponen las pilas», comenta Marc. «No podemos comprar un perro sabiendo que hay tantos que llevan años en la perrera.»
El redactor que esto suscribe da fe de lo difícil que es resistirse a las virtudes de estos chuchos. Semanas después de escribir el reportaje monté a mi mujer y a mi hijo en el coche, hicimos 700 kilómetros y nos plantamos en Mataró. Allí adoptamos a nuestro Goran. Decir que nos ha cambiado la vida suena pretencioso. Pero es la pura verdad. Goran, ladrador que no intimida (si levantara esas orejas como alas de murciélago, pero ya hemos perdido la esperanza). Esas orejas… Tienen dos posiciones: posición sauce llorón, la habitual, y posición alas de Concorde, cuando huye supersónico después de hacer alguna perrería. Chucho mestizo y sin raza. Can global. Nuestro Goran. Solo por él ya mereció la pena escribir el reportaje.
Carlos Manuel Sánchez
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