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EN PORTADA |
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GAY MERCADER  | | D.R. | | Gay Mercader posa con una de las guitarras de su colección para la portada de XL Semanal. A la derecha, concierto de los Rolling en Barcelona (1976). |
Amigo de Keith Richards, Patti Smith o Sting, superviviente al `sexo, drogas y rock´n´roll´..., la vida de Gay Mercader da para una buena biografía. En su retirada masía catalana, visitamos al hombre que, desde hace 30 años, se encarga de que los Rolling Stones tengan a España siempre presente en sus giras. El 27 de mayo abren en Barcelona su tour europeo. Buen momento para recordar tiempos más duros… y divertidos.
Treinta y tres años después de organizar su primer concierto, Gay Mercader es el jefe indiscutible de la música en directo en nuestro país –«y creciendo», asegura–. Con 56 años, acaba de conseguir que los Rolling Stones (sus Stones) elijan España como trampolín de su nueva aventura europea. Todo un hito. Y un reto. Pegado al teléfono, desde su casa en el campo, acompañado de caballos, perros, conejos, pavos y otros animales –«aquí no me como a nadie. Mueren de viejos», asegura–, dirige un holding de empresas del espectáculo, lejos del glamour y los excesos de otros tiempos muy salvajes. Tras la gravedad de su voz y su aspecto serio, mantiene un caústico sentido del humor. Sin desperdicio.
XLSemanal. Se llama Luis Jorge. ¿Cómo sonaba eso en los 60?
gay Mercader. No tenía ese toque cursi. Hoy, Luis Jorge, Edgardo Wilson o Carlos María son cosas de culebrón. Aunque a mí siempre me han llamado Gay.
XL. ¿De dónde le viene?
g.m. Según mi padre, que en paz descanse, era tan egocéntrico que me bauticé a mí mismo antes de decir `papá´.
XL. Perdón...
g.m. Se ve que, desde pequeño, me empeñé en que me llamaba Gay y siempre me han llamado así.
XL. ¿Y nunca le hicieron bromas o sufrió crueldades infantiles por el nombre?
g.m. No. Me favoreció. Cuando el Gay Power, lo de Gay & Company, el nombre de mi empresa, sonaba ambiguo y llamaba la atención.
XL. Debió de provocar más de una confusión, ¿no?
g.m. Sí, hombre. En el 76 hicimos unas camisetas para la primera gira de los Stones. Delante ponía: «Rolling Stones. 11 de junio. Barcelona. Plaza Monumental», y detrás: «Gay & Company», con nuestro logo; dos tíos engominados, uno de negro y otro de blanco, y con un pendiente en el oído, lo cual era, hablando claro, una `mariconada´. La gente de la gira se llevó las camisetas; y, una noche, se fueron a una discoteca llena de homosexuales y aquello fue la caza y captura de los de Gay & Company.
XL. Supongo que ésa era la parte divertida...
g.m. Sin duda. Recuerdo que quería montar un auditorio en Cambrils para hacer allí el concierto, pero no nos dejaron. A los del pueblo les habían dicho que los Stones llegaban con unos camiones de los que salían unos tíos que violaban a las mujeres.
XL. ¿Es verdad que algunos creían que iba a montar una orgía homosexual?
g.m. Algo parecido. Después de Cambrils, adquirimos unos terrenos en La Roca del Vallés. Un día, llego con mi ayudante al pueblo y veo a una multitud con carteles que pone: «Gay-76. No». Yo, acojonado. Como en los planos del auditorio ponía «Gay-76», la oposición había hecho correr el bulo de que íbamos a montar un campamento nudista gay. Nos echaron. Tenía contratados a los Stones, pero carecía de local. ¡Una locura!
XL. ¿Y eso lo sabían Mick Jagger y compañía?
g.m. ¡Qué coño! Me había hecho amigo del mánager y le decía: «Fantástico, todo va estupendo». Acabamos en la Monumental y no la llenamos. Tuvimos suerte.
XL. ¡Suerte!, ¿a qué se refiere?
g.m. Los grises, la Policía de la época, se pusieron a lanzar botes de humo a las gradas. Si están llenas, se produce una estampida, no sé cuántos muertos y se acaba el rock en España para 20 años. Afortunadamente, la cosa fue mal, perdí dinero y nadie murió. Para que veas contra qué teníamos que luchar.
XL. Y eso que Franco ya estaba muerto…
g.m. Sí, pero sólo habían pasado unos meses. La noche anterior fui al hotel, el Princesa Sofía, a saludar a la banda y me encuentro en la puerta a Jagger y a Ron Wood con dos tías. «No nos dejan subir con las chicas a la habitación», me dice Mick. Y el conserje: «Estos señores no están casados con estas señoritas, no tienen libro de familia y no pueden subir». ¡Como lo oyes! Le di mil pesetas y ahí se fue a tomar por culo el libro de familia, y todos subieron a la habitación.
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LOS ROCKEROS Y YO
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