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TECNOLOGÍA |
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 | | D.R |
| `CIBERCONTROL´ SOCORRO, MI PADRE ME ESPÍA
El objetivo ya no son los maridos o las mujeres infieles. Son los hijos. Asustados ante las nuevas tecnologías, los padres usan cada vez más aparatos para
controlarlos. El mercado responde a sus demandas, pero ¿es realmente la forma de gestionar una familia?
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Se empieza ojeando a escondidas los SMS y se termina comprando en Internet kits tecnológicos para espiar llamadas telefónicas, correos electrónicos, chats y desplazamientos. Ciertos padres, en la era de Facebook, asustados por el lado oscuro de la Red, inquietos por los hechos de las páginas de sucesos y presas del sentimiento de culpa por no estar presentes en la vida de los niños y por el fundado temor de que tomen drogas, se vuelven improvisados James Bond. Intentan descubrir lo que cuentan sus hijos en su second life digital en Internet, así como saber en todo momento qué hacen, con quién están y, sobre todo, dónde.
Comportamiento comprensible, pero que, como advierten los psicólogos, también conlleva riesgos. Se descubre, y la mayoría de las veces demasiado tarde, que no se ha logrado cumplir el cometido de progenitor. No existe el kit de la existencia serena; para percatarse del escaso rendimiento escolar, de comportamientos apáticos o violentos, de perturbaciones del sueño y de malas compañías basta con estar presentes en la vida de los hijos. Es cierto que espiar sus comportamientos evita el esfuerzo de comprenderlos y calma la angustia y los sentimientos de culpa, pero luego, cuando se descubre lo que no se quiere saber, es peor. Porque si el hijo se da cuenta de que lo están espiando, pierde la confianza en sus padres.
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