Número: 1058
Del 3 al 9 de febrero de 2008
 
 

 
 
EXCUSAS PARA NO PENSAR

Los lectores preguntan a Eduardo Punset

¿Hay forma de mejorar el bienestar?
Carolina Otero. Madrid




Ahora que ya han pasado las celebraciones de los recuerdos gratos, los votos de todo tipo de cara al año nuevo y pergeñado las agendas difíciles y complejas frente a los nuevos desafíos, valdría la pena dedicar algo de tiempo a enumerar las cuatro cositas que –con la mitad de esfuerzo– tendrían un impacto incomparablemente mayor sobre el bienestar de la gente. Es un negocio millonario que está al alcance de cualquiera. No se requiere diseñar estrategias complicadas y aglutinadoras de voluntades comunes. O de orquestar grandes conciertos económicos entre los activadores de la vida social. Se trata, simplemente, de aprovechar lo que ya sabemos y de que no nos perdamos por las ramas. Unos pocos ejemplos bastarán.


1. Hay que querer a los hijos incondicionalmente. Se trata de uno de los descubrimientos más recientes e impactantes de los mecanismos afectivos. La manera más expeditiva de poner remedio a tanto desgobierno sentimental y a la depredación afectiva consiste, precisamente, en aceptar de una vez por todas que sin amor incondicional no hay proceso de aprendizaje posible. No hace falta descubrir la pólvora y dar con la mezcla ideal de recompensa y castigo para el aprendizaje. Querer a los hijos incondicionalmente no significa querer todos sus actos, sino hacerles sentir que existe un lugar, su hogar, donde son amados y protegidos por lo que son intrínsecamente. Verá como todo empieza a funcionar de una manera distinta.


2. Dejen de contaminar los pozos acuíferos mediante la diseminación de los llamados ‘purines’. Deshacerse de los desechos de las granjas de cerdos sin contaminar el agua potable fue un problema al que se enfrentó la mayor parte de los países europeos con tradición en las explotaciones porcinas. No fue fácil, pero se hizo. La identificación del daño, cuya toxicidad se había subestimado, galvanizó todo tipo de ayudas, incluida, por supuesto, la solución fácil de traspasar a otros productores extranjeros la contaminación que desde hace ya años no aceptan las instituciones propias ni europeas. En democracia existe un método infalible para convencer a los culpables: no dar el voto a ningún candidato que no explicite claramente de qué manera piensa combatir una de las contaminaciones más tóxicas que se conocen.


3. La contaminación, y la consiguiente ruptura del descanso, a veces no llega en forma de productos tóxicos, sino de un estrépito ensordecedor provocado por un maniaco a quien le gusta convencer a los demás de que puede llenar la atmósfera común –la misma que compartimos para respirar– de alaridos avasalladores. Alguien les debería explicar a los responsables de estas alteraciones ciudadanas que todos somos responsables del mantenimiento de un cierto equilibrio celular homeostático, por debajo del cual no se ejecutan variables fundamentales de la vida humana. Las ventajas de la música sobre el ruido son harto conocidas. No exige grandes dosis de inteligencia. Poner remedio a los atropellos del tubo de escape requiere muy poco esfuerzo.


4. Por último, tampoco requiere inversiones públicas millonarias restablecer el derecho usurpado vilmente y sin preaviso al ciudadano al que, en fechas como las que acaban de transcurrir, se lo atiborra de publicidad engañosa durante media hora antes de poder ver la película que se le ha anunciado a bombo y platillo. Es cierto –en beneficio de los perfiles éticos a los que no renuncian siquiera los que saben de sobra que nos están engañando– que se nos conmina –a toda velocidad, es cierto– a leer los prospectos farmacéuticos si se da con ellos; cosa harto difícil.

Eduardo Punset

< volver

  
 





HoyMotor HoyCinema LaGuiaTV Finanzas HoyTecnología HoyMujer
 xlsemanal(c)2005 Aviso legal | Mapa del web