El autor vallisoletano, con su nieta Ángeles, de 25 años, en el despacho de su refugio burgalés.
Ángeles Corzo entrevista a Miguel Delibes, con motivo del premio Vocento a los Valores Humanos que el escritor recibirá esta semana.
Son las 11 de la mañana y Miguel Delibes se encuentra en el interior de su pequeña cabaña de madera situada en el valle de Sedano, en Burgos. La puerta está abierta y a través de ella se lo puede ver, ensimismado, leyendo el periódico. Pasan unos minutos hasta que se percata de que alguien lo está observando, levanta entonces la vista y, al verme, se dibuja en su rostro una inmensa sonrisa. Intenta incorporarse, le cuesta, ya no es el hombre ágil y esbelto que conocí de niña. Una vez en pie, me abraza muy fuerte.
El mismo año que Miguel Delibes envió a la editorial su última novela El hereje, los médicos le diagnosticaron un cáncer de colon, se operó y no ha vuelto a escribir. La intervención salió bien, pero Delibes, mi abuelo, lleva diez años padeciendo lo que él llama «la resaca del posoperatorio». Aprendiendo todo de nuevo, a comer, a digerir, a pasear, a controlar los nervios, a olvidar sus pasiones (escribir y cazar). En suma, a vivir.
Asegura que su cuerpo se resiste a «continuar la vida que llevaba antes». Ya no da largos paseos por el campo ni monta en bicicleta; tampoco acude a las sesiones de la Real Academia (nunca fue muy asiduo) ni recibe a periodistas en casa. El pasado mes de junio, el grupo de comunicación Vocento le otorgó el Premio a los Valores Humanos por su «defensa de la libertad, su sensibilidad personal hacia los desfavorecidos y su compromiso con la naturaleza».
Al acto de entrega que tendrá lugar el próximo 17 de octubre en Valladolid, el mismo día y en la misma ciudad en la que nació mi abuelo hace 86 años, acudirán los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, pero no el premiado, que desde su casa agradecerá y elogiará a través de videoconferencia la «bonita distinción» que sus amigos de Vocento han creado para premiar lo que «antes se consideraba normal y ahora se ha convertido en algo extraordinario: ser portador de reservas morales, de valores humanos».
Dice que se encuentra «jodido». La franqueza se impone y él padece demasiadas miserias para hablar de otra cosa. Sin embargo, quienes lo conocen bien no pueden olvidar su ingenio, su admiración por la belleza en todas sus manifestaciones, su sentido del humor… Y si le preguntas sobre novedades literarias, sobre cine o sobre los últimos triunfos deportivos, aparecerá el otro Delibes, el olvidado en un quirófano hace diez años, el viejo escritor.
DELIBES Y LA MIRADA CASTELLANA Por Gustavo Martín Garzo
«YO CREO QUE HABLAMOS PEOR QUE ANTES. Y no sólo los jóvenes, todos en general: políticos, periodistas… Cada día surge una palabreja nueva. Pero todo se puede decir, y escribir, de forma más sencilla»
«NO TENGO NINGÚN LIBRO EN EL TELAR con el que sorprender el día menos pensado. No estoy para sorpresas. Primero, tendría que sorprenderme a mí escribiéndolo y, luego, a los demás, publicándolo»
«PARECÍA QUE EL RÉGIMEN SOVIÉTICO CARECÍA DE MUJERES presentables. Grave error. Tras la perestroika, el tenis televisado me ha hecho descubrir que, de cada docena de tenistas, había ocho bellezas»