Número: 887
Del 24 al 30 de octubre de 2004
 
 

 
 
CARTA DESDE... GUINEA CONAKRY

Serena atalaya


Otra vez. Paso las horas largas de la noche de este sábado en una habitación maloliente del infecto hospital de N’Zérékoré, solo junto a Pascal Delamou, con la palma de mi mano puesta sobre su pecho en llamas. Tiene cuatro meses, es huérfano. El miércoles lo trajo Veronique desde el orfanato de Gouécké con una crisis aguda de malaria. Hasta ayer parecía que saldría adelante, pero esta tarde le ha vuelto a subir la fiebre y ha empezado a temblar. Le estamos dando cloroquina. Respira nudosamente. En el hospital no hay electricidad, arguyen que con la subida del precio de la gasolina sólo hay dinero para encender el generador durante las operaciones. El enfermero ha dicho que a la luz del quinqué no se atreve a ponerle el suero: habrá que esperar a que amanezca. La vida se escabulle, el aguacero ametralla los tejados de zinc y Pascal llora como si comprendiera.

Oye, esta habitación entenebrecida es una gran atalaya desde la que mirar al tiempo y a los hombres: se ve con más claridad. Hay gente buena y mala en todas partes pero sólo los occidentales, tras someter y expoliar continentes, hemos creado instituciones donde la conciencia hace su colada. Este es el siglo más injusto de la historia porque podría ser el más justo, porque poseemos los medios y el aliento para hacer de nuestro planeta un lugar más digno, mucho más digno. Sin embargo, por las calles principales de Europa los rebaños vestidos a la moda emplean sus ojos como reposacabezas y exhiben, opulentos, sus almas con burka. En las torres sostienen que la desigualdad es una consecuencia tan lastimosa como legítima e irremediable de la economía global y, humilladamente, en la llanura escuchamos esta condena a cadena perpetua de la mitad de la humanidad sin apedrear sus altos ventanales. No tengo fe en mi generación y menos aún en la de mis mayores, pero confío en que otros más jóvenes lleguen usando la bendita indignación como polea y sean capaces de ofrecer un nuevo paradigma que desholline el mañana.

Alrededor de este hospital la ciudad de N’Zérékoré yace a oscuras, y después toda Guinea yace a oscuras, y más allá la inmensa África yace a oscuras, y detrás, aunque no lo parezca desde allí, la Tierra entera yace a oscuras, y por mucho que alumbren miles de millones de bombillas, mientras Pascal no mejore permanecerá a oscuras. Más te vale, mundo, te lo advierto con el puño apretado, que este niño no muera.

Guinea Conakry, 21 de octubre de 2004

Gonzalo Sánchez-Terán

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Y DESDE NUEVA YORK...
Alfonso Armada escribía...




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