De la aguja hilvanando el ojo del camello
Soy un blanco sin blanca bajo la noche de Guinea: al atardecer regreso a mi casa en la selva fatigado de ver cómo año con año la gente se empobrece y el futuro es un recuerdo cada vez más distante, converso con los aldeanos, comparto un cuenco de vino de palma, ceno algo y, a veces, escribo poemas de mi puño y letra. De mis puños y mis letras. Sin embargo, bien lo sabes, hay jornadas que ensalivan las espoleaduras del tiempo.
Desde hace lustros, allá por octubre, logreros que se llaman a sí mismos comerciantes acuden a los pueblos a comprar el arroz recién cosechado. Como en ese periodo hay abundancia de cereal los campesinos reciben una suma miserable por el fruto de su trabajo, mas precisan venderlo para poder pagar la escolarización de sus hijos o la compra de hojas de zinc con que cubrir sus cabañas durante la estación seca. Cuando vuelven las tormentas, en julio y agosto, y la comida y el dinero escasean, los cultivadores deben ir al mercado a adquirir cereal para alimentar a sus familias. Los mismos chalanes, entonces, doblan el precio del arroz y se lo revenden a los hombres y mujeres cuyo sudor, unos meses antes, lo hizo nacer de la tierra. Luego, con la nueva cosecha, vuelve a comenzar el ciclo.
El año pasado, por estas fechas, nos pusimos de acuerdo con la gente del lugar y organizamos un banco de cereal en cuatro aldeas de la selva. Levantamos un almacén en Kilabalimé, aprestamos los fondos para comprar la cosecha de doscientas familias al precio del mercado y la guardamos durante largos meses. A primeros de julio, cuando las lluvias enrejan el aire y el hambre devora las bocas, se empezó a revender el arroz a quienes lo habían sembrado por un precio levemente superior al de compra, siempre la mitad de lo que piden los mercaderes. Con los beneficios obtenidos los campesinos han dispuesto ampliar el banco de cereal la temporada próxima para que alcance a más pueblos. Hoy he estado en Kilabalimé. Ellos mismos, casi todos analfabetos, han establecido los plazos y modos de reventa: no ha habido un solo problema, las cuentas claras. Están justamente orgullosos. Hemos bailado hasta tarde.
Atacar a los ventajistas no es atacar al comercio. Sólo los idiotas demonizan al mercado, pero no creo que sea una locura reclamar que, en un mundo donde la miseria acapara a la mayoría de los seres humanos, la lonja global sea regida por la ley del más débil.
Guinea Conakry, 12 de agosto de 2004Gonzalo Sánchez-Terán < volver
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