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EN PRIMER PLANO |
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Alfredo Salazar
Especialista en crear cantera
TAU Cerámica de Vitoria
El éxito deportivo del TAU Cerámica de Vitoria –último campeón de la Copa del Rey de baloncesto– es lo que, paradójicamente, más pone en riesgo sus logros: en los dos últimos años, la NBA le arrebató a tres de sus más importantes jugadores –el argentino Andrés Nocioni, el español José Manuel Calderón y el lituano Arvydas Macijauskas, todos lanzados al estrellato por el club vasco–, y este verano podrían ser más: el también argentino Luis Scola y el brasileño Tiago Splitter. «Esto no ha ocurrido en la historia del baloncesto europeo –dice Alfredo Salazar, responsable de la secretaría técnica del TAU–. La NBA se llevaba dos o tres jugadores cada tres años de todas las Ligas de Europa, y si este verano nos quitan dos más, nos habrán dejado ya sin cinco en sólo tres años. Es una señal de un trabajo bien hecho, pero a la vez un gran reto: se nos ha desmontado el equipo.» Salazar comenzó como observador en el año 1988, y hoy decide cada fichaje del TAU. Cuenta para ello con el apoyo, a tiempo completo, de un observador en Suramérica que se mueve por Argentina, Brasil y, en menor medida, por Uruguay y Venezuela, países con buen baloncesto y tratados de doble nacionalidad que facilitan mucho las incorporaciones.
Si bien el poderío físico es hoy una aptitud más buscada que la calidad técnica en los jóvenes baloncestistas, Salazar cree que el temperamento es aún más decisivo: «Lo determinante es si un jugador aguanta o no la presión del club, de sus familiares, de tener que ser importante. Hemos visto a muchos jóvenes con talento que se vienen abajo ante la presión. Y eso no puedes preverlo cuando tienen 12 años: hay canteras que fichan niños muy niños, algo prematuro y arriesgado. Es imposible saber cómo evolucionará alguien de esa edad, que, si las cosas van mal, será siempre el más perjudicado. Pero la filosofía de ciertos clubes es: `Ficho a todos desde pequeños, y si no me salen bien, tampoco le saldrán a otros´. Esto redunda en una presión que muchos niños de talento no soportan. Y hoy incluso ya se firman contratos con chicos de 15 o 16 años, que van al colegio cobrando hasta 30.000 euros por año. Como no tengan la cabeza bien amueblada, se les está dejando la deserción escolar en bandeja.»
Para medir si ha acertado o no en un fichaje, Salazar tiene una teoría particular: «Si llevo tres días con dolor de cabeza, y no consigo dormir bien: buena señal. Esa incertidumbre debe estar ahí: no es fácil decirle a alguien: `Éste´, y hacerle pagar uno o dos millones de euros por él».
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