NIÑOS HIPERACTIVOS Y CON DÉFICIT DE ATENCIÓN Tiempo de despertar  | | MONIKA HöFLER | | Pascal acaba cubierto de ceniza. El rubio Nikola lo observa. Florian construye un dragón con huesos de animales. |
Pocos síndromes enfrentan tan agriamente a los médicos como el de déficit de atención con hiperactividad en los niños. Unos, la mayoría, defienden que tomen psicoestimulantes a diario. Los otros se oponen tajantemente. Mientras el consumo de estos fármacos se dispara en España, en Alemania un neurobiólogo ha llevado a cabo un experimento único: aislar a once de estos chavales durante ocho semanas en lo alto de una montaña privados de las pastillas.
Adrián llora, Echa de menos a sus padres, pero a sus nueve años les ha prometido que aguantará. No quiere ir más al neurólogo, al psicólogo, al psiquiatra, que examinen su cerebro o estudien su inteligencia.
Hace dos años terminó él solo un puzle de 500 piezas, pero no era capaz de seguir el ritmo de su clase, molestaba, retrasaba las lecciones, se levantaba. La profesora no podía trabajar. En casa, su madre únicamente sabía regañarlo. Adrián toma la pastilla desde entonces. «La pastilla hace que esté triste», dice el niño. También, que no sienta hambre.
El pequeño está confuso. La nostalgia de la familia, el entorno extraño, los otros chicos, todo tan ruidoso. «Para de una vez»; «no quiero»; «me está molestando»; «me ha empujado»... Aquí, nadie consigue mantenerse al margen; todos duermen sobre colchones extendidos en el suelo. Algunos chicos gritan en sueños. Pero Adrián quiere librarse de esa pastilla, quiere intentarlo. Por eso está en este prado de los Alpes.
Su nuevo hogar es una cabaña, sin chucherías, nada de azúcar, nada de tele ni videojuegos. Los animales observan, desconcertados, a sus nuevos vecinos. Once niños, de entre 8 y 14 años, acompañados por tres adultos. Aquí es donde los pequeños tendrán que aprender a controlar sus arrebatos, asumir sus talentos y sus incapacidades, superar antiguas conductas y probar otras nuevas. Y es que estos niños han llegado al límite. Sus padres y madres, también. Se han agotado en su infierno de escuela y educación convencional. Los padres arrastran sentimiento de culpa. Para el padre de Adrián, dejar a su hijo aquí es agarrarse a un clavo ardiendo. Ya lo ha probado todo.
Estos niños no se adaptan a comportamientos como quedarse sentados y callados, por ejemplo. Tampoco parecen hacerles mella los castigos. Pasan de los deberes y rara vez hacen lo que se les dice. Son impredecibles. Y como el orden parece ser necesario para superar el día a día, se recurre a fármacos para atenuar esa naturaleza excitable. Se les da una sustancia química llamada metilfenidato, más conocida por uno de sus nombres comerciales: Ritalin. Esta sustancia altera el metabolismo del cerebro. La pastilla tranquiliza a los niños... y a los padres.
El diagnóstico para estos niños es «déficit de atención y síndrome de hiperactividad» –ADHS, en sus siglas en inglés– o trastorno por déficit de atención con hiperactividad –TDAH–. Pocos cuadros sintomáticos hay como éste sobre los que difieran tanto las opiniones especializadas; médicos y científicos protagonizan agrias polémicas y defienden posturas enfrentadas. Muchos médicos creen que el reducido autocontrol de estos niños tiene una causa genética, que es un trastorno metabólico congénito. Los psicólogos evolutivos, en cambio, explican el TDAH por la creciente sobrecarga de estímulos a que están sometidos los niños y por una menor disposición de los padres a educar a sus hijos como lo que son: niños.
En 1991, en Alemania, de donde son los menores que participan en este experimento en los Alpes, unos 1.500 niños y jóvenes fueron diagnosticados de TDAH. Hoy, según cálculos del Instituto Robert Koch, sufren este síndrome cerca de 600.000 jóvenes. Cuatro veces más chicos que chicas. En España, la Fundación Jiménez Díaz tasa entre un 5 y un 10 por ciento el número de escolares que sufre este trastorno, aunque las cifras son hasta ahora poco fiables. Lo que sí es un hecho es que el consumo de psicoestimulantes en el mundo se ha multiplicado por 150 entre 1990 y 2007. Los efectos a corto plazo de esta medicación están bien documentados; los efectos a largo plazo, no. En la consulta a padres más extensa llevada a cabo hasta el momento, realizada por encargo de una mutua médica de Austria, dos tercios de los progenitores afirmaron que sus hijos presentaban efectos secundarios del Ritalin. Los niños que viven en este valle alpino han sufrido pesadillas y ataques de pánico, calambres musculares, manía persecutoria e intentos de suicidio.
1 2 >
|
|
 |
JUAN PUNDIK PSIQUIATRA
«No atender en clase no es una enfermedad» |
| | |
 |
CINCO PREGUNTAS SOBRE `LA PASTILLA DE LA TRANQUILIDAD´
|
| | |
|