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ARTURO PÉREZ REVERTE  | | SUSANA VERA |
Pérez-Reverte aparca temporalmente las aventuras de Alatriste y reflexiona sobre la condición humana en su último libro, El pintor de batallas. Lo hemos entrevistado en su casa por partida doble. Enrique Murillo ha charlado con él sobre esta sorprendente novela. Y David Benedicte le ha trasladado las preguntas de los lectores de XLSemanal. Esto es lo que nos ha contado.
La historia de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte es tan sencilla como un balazo letal: un hombre recibe la de otro visita que le anuncia que ha ido a verlo para matarlo. Espléndida en el desarrollo de esa base narrativa, brillante en su capacidad para mantener la incertidumbre hasta el desenlace, El pintor de batallas es un alto en el camino de la vida que Pérez-Reverte utiliza para contemplar con perspectiva de madurez las dos etapas de su desarrollo profesional, la de periodista y la de narrador.
El autor de Alatriste trabaja en una cueva. Es la bodega de su casa a las afueras de Madrid, transformada en despacho y biblioteca de trabajo. Apenas 20 metros cuadrados con tres ventanucos ocultos tras unos visillos. En un extremo, unos butacones de cuero, una réplica de un AK 47 en un rincón, un Tintín de un metro de altura con un Milou a juego y libros, montones de libros. Las novedades en una mesita baja y, al fondo, el sanctasanctórum, un pequeño reducto de apenas tres metros de ancho con el ordenador y el escritorio, el lugar donde ha redactado, de la forma concienzuda que le caracteriza, las novelas de los últimos años.
XLSemanal. Su nueva novela empieza con una escena que podría ser de su propia vida: un hombre sale de una torre de vigilancia en la playa, llega hasta el mar y nada más de cien brazadas. ¿Cuándo empezó su relación personal con el mar?
Arturo Pérez-Reverte. Yo nazco en Cartagena, una ciudad a orillas del Mediterráneo con más de tres mil años de historia. Y nazco en una biblioteca, en la de mi abuelo, en donde están las historias de ese mar; las historias de las Cruzadas y de los griegos y del Peloponeso y de la batalla de Salamina. De los corsarios, de los berberiscos… Para mí, el mar es escuela, es memoria, es historia. Y es mi casa.
XL. Además, le gusta navegar.
A.P.-R. A vela y por el Mediterráneo, nada más. A veces, la gente me pregunta que por qué no salgo al Atlántico. Y la respuesta es sencilla, me gusta el Mediterráneo porque para mí es navegar por la historia. Echas el ancla a la vista de un templo romano, buceas junto a un fragmento de ánfora fenicia, los dioses viven por aquí, se pueden ver esos atardeceres homéricos… es la felicidad.
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LOS LECTORES PREGUNTAN
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