MERYL STREEP «El éxito en la vida depende de tu optimismo. ¡Protege tu sentido del humor!»  | | D.R. | | Meryl Streep en una imagen de su nueva película Julia & Julie. |
En 1980, Meryl Streep ya era aclamada como la mejor actriz viva en Estados Unidos. Tres décadas después, nadie ha conseguido disputarle ese trono. A sus 60 años trabaja más que nunca y figura entre las divas más taquilleras de Hollywood. Aprovechando el estreno de su nueva comedia, Julia & Julie, Streep nos cuenta las claves de la felicidad... O algo parecido.
«Dime, ¿cómo se llama ese jamón español, el bueno, el mejor?» Meryl Streep lleva meses hablando de comida, consecuencia directa de su último papel: Julia Child, la mujer que en los 60 enseñó a Estados Unidos los secretos de la cocina francesa.
A juzgar por su interés sobre la gran joya de la gastronomía española no parece, precisamente, harta del tema. Al escuchar la respuesta –«pata negra»–, suspira de placer. «Lo probé en San Sebastián el año pasado, cuando me dieron el premio Donostia», recuerda. Así se presenta, con seductora naturalidad, Meryl Streep. Mientras habla de comida, de su familia, de sus hijos, de París [la ciudad donde tiene lugar esta entrevista] o de Hollywood, Streep se ríe a carcajadas, se emociona, suspira..., muestra todo ese rango de emociones que le ha permitido convertirse en una de las actrices más laureadas de la historia: dos Oscar y 15 nominaciones, seis Globos de Oro, dos premios del Sindicato de Actores, mejor actriz en Cannes... A sus 60 años, esta hija de una artista y un farmacéutico presbiterianos de Nueva Jersey, madre de cuatro vástagos, casada desde hace 31 años con el escultor Don Gummer, contradice esa ley no escrita que relega a las actrices a un segundo plano pasados los 50. Streep, de hecho, trabaja más que nunca y sus estrenos se cuentan por taquillazos. En toda su carrera, sus películas han recaudado más de 3.200 millones de dólares. La última, Julia & Julie (estreno en España el 6 de noviembre), ya ha superado los 100 millones en Estados Unidos, 73 más de lo que costó hacerla. «A la gente puede resultarle extraño que, a mi edad, no pare de trabajar y que tenga tanto éxito –señala–. A mí, desde luego, me parece estupendo.» Lo dice encogiendo los hombros, mientras se ríe con ganas.
XLSemanal. ¿Qué ha hecho estos días en París?
Meryl Streep. Ayer fuimos al Louvre. Me encanta. Ahora, no entiendo a toda esa gente que, en lugar de admirar las obras de arte, se pasan la visita mirando por esas pantallas diminutas de las cámaras, así [simula observar a través de una cámara de vídeo]. «¡Qué cuadros más pequeñitos!», deben de pensar [se ríe]. Sacan un vídeo o una foto y siguen caminando. ¡En el Louvre! Cuando llegan a casa, se lo ponen a los amigos, ¡pobrecitos!, y presumen de que han estado allí. ¡Es increíble! La gente ve el mundo desde su cámara de vídeo.
XL. O desde la cámara del móvil, que es más pequeña todavía...
M.S. Es que ahora te sacan vídeos hasta de cuando estás en el útero. Uno coge su teléfono y se hace un vídeo. Son tiempos extraños, la gente hace vídeos de sus hijos las 24 horas del día y luego se lo enseñan al niño y lo acostumbran a, de algún modo, verse en la tele todo el rato. Es inquietante. Vamos perdiendo espontaneidad.
XL. Tengo entendido que con 21 años recorrió Europa haciendo autoestop, ¿pasó por París?
M.S. Sí, vine a París directa desde Luxemburgo. Nos trajo un belga, un señor mayor, lo recuerdo bien, un tipo muy, muy simple, era... ¡Ay, Dios, no sé cómo pude hacer ese tipo de cosas! Si mis hijos hicieran algo así, me daba un mal. ¡Me tumbaría delante de su avión para que no despegaran! [se ríe].
XL. ¿Por qué? ¿No guarda buenos recuerdos de aquello?
M.S. ¿Sabe dónde pasé mi primera noche en París? En la calle. ¡Fue horrible! Viajaba con una amiga y alquilamos un cuarto en una pensión. Era octubre. Salimos a cenar, regresamos a las once y, al abrir la puerta, la madame había cerrado con llave y no se levantaba ni a tiros. Apenas tenía un jersey para taparme, a cuatro grados y en un vecindario poco recomendable para dormir en la calle..., pasé un frío de muerte. En el fondo, me vino bien, ya que entendí lo que es dormir al raso, aunque sólo fue una noche; para un mendigo es mucho peor, claro.
XL. ¿Qué hizo durante toda la noche?
M.S. Vagamos de bar en bar hasta que nos los cerraron todos. Yo lucía entonces una larguísima melena rubia y la gente nos miraba así como... [pone cara de desprecio]. A saber qué pensaban. Todos nuestros cheques de viaje estaban en la pensión, habíamos sacado dinero para cenar y poco más, ni siquiera podíamos ir a otra pensión. Un desastre. ¡Dios!, ¿en qué andaría yo pensando?
XL. Está usted que no para últimamente, estrenando entre dos y cuatro películas por año. ¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que sus hijos ya sean mayores?
M.S. Sí, por supuesto. Empecé a subir el ritmo cuando llegaron a la adolescencia. No veas cómo disfrutaban durante mis rodajes con la casa libre para ellos por unos meses [se ríe]. Mi hija pequeña ha empezado la universidad este año y se ha ido [finge que llora], es un poco deprimente [se ríe]. Bueno, Grace, la segunda más pequeña, acabó la universidad hace unos meses y ha vuelto a casa; lo cual está muy bien. Además, lo bueno de hacerse mayor es que, cuando te ofrecen un papel, casi siempre es algo interesante.
XL. Usted fue madre cuando su carrera estaba empezando, algo poco habitual entre las estrellas. ¿Cree que la maternidad la ayudó a mantener los pies en el suelo?
M.S. Sí. Los hijos te ayudan a no aislarte del mundo y, sobre todo, a sentirte joven, vital, al menos. Mi padre tuvo su primer hijo, o sea, yo, cuando tenía 40; mi madre tenía 34. Bastante tarde para su época. Y aún tuvieron dos hijos más. Mi padre llegó a los 93; mi madre, a los 86, así que tengo buenos antecedentes. Sabe, hay gente que está enganchada a la religión o tal o cual cosa. Yo creo que estoy enganchada a mi familia.
XL. ¿Alguna vez sus hijos le pidieron vivir en Hollywood, rodeados de estrellas y demás?
M.S. Vivimos en California durante cinco años. A mí no me gusta la ciudad de Los Ángeles, está demasiado centrada en el negocio del entretenimiento. A mi marido le encantaba, como escultor allí podía trabajar al aire libre casi nueve meses al año. Pero no somos gente muy del estilo Hollywood.
XL. ¿Le hubiera gustado disponer de más tiempo para estar con sus hijos?
M.S. Por aquel entonces, nos instalamos en Los Ángeles para darles algo de estabilidad. Pero llegó un momento en que cada curso estudiaban en una ciudad diferente, en función de dónde rodara mi siguiente película. Es cierto que yo no habría sido feliz quedándome en casa todo el día. Amo mi trabajo, airear las emociones, las frustraciones, los anhelos, las ansiedades y las pasiones, las cosas que mueven a la gente. Necesito de esas cosas.
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10 INGREDIENTES PARA SER FELIZ A LOS 60
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