Número: 1126
Del 24 al 30 de mayo de 2009
 
 

 
 
EN PORTADA

SANTIAGO CALATRAVA
«Acepto las críticas justas; la envidia y la ignorancia, no»

VíCTOR INCHAUISTI
Calatrava, valenciano de 57 años, casado y padre de cuatro hijos, en su estudio neoyorquino.

Es uno de los arquitectos españoles más originales y reconocidos. Sin embargo, su último y ambicioso proyecto para la zona cero está siendo más que cuestionado. The New York Times lo llama «monumento al ego». No es la primera vez que lo atacan, pero no es un hombre que se deje intimidar. Armado de convicciones y pasión, recibe a XLSemanal.



Cinco años de intenso trabajo, miles de bocetos, de obstáculos, algunos sacrificios y muchas emociones están detrás del proyecto de la terminal de transportes del World Trade Center, parte neurálgica de la reconstrucción de la zona cero de Nueva York que lidera Santiago Calatrava.


Calatrava es, sin duda, uno de los grandes visionarios de nuestro tiempo, pero sigue siendo tan cortés, discreto y respetuoso como en sus comienzos. Convencido de que la arquitectura es un arte, lo guía una profunda pasión por lo bien hecho. En esta disposición franca, nos recibe en su despacho de Nueva York en Park Avenue; un espacio donde prevalece una recóndita armonía, maravillosamente amplio, de apariencia minimal-blanco con muebles y esculturas del propio Calatrava por el que Tiberio, un magnífico golden retriever, se mueve con elegante suavidad. Allí nos habla de su aventura americana, sus nuevos retos, la gran arquitectura en tiempos de crisis y su complicada situación en España.


XLSemanal. Llegó a Nueva York en 1994 cuando ganó el concurso para construir la catedral de St. John The Divine. Se confiesa un enamorado incondicional de la ciudad. ¿Qué le hace tan vehemente defensor de ella?
Santiago Calatrava.
Aquel proyecto de la catedral se topó con todo tipo de obstáculos, tantos que al final no se hizo. Aquí siempre ha sido dificultoso construir. Fue la magnífica acogida que tuve cuando realicé el museo en Milwaukee lo que me decidió a proseguir la experiencia americana. Y me vine a Nueva York. Sin darme cuenta, yo la buscaba, la necesitaba. Es una ciudad muy dinámica, llena de pasión y disfruto de su energía y su hospitalidad. Se ha convertido en mi ciudad y la de mi familia. Creo que Nueva York es lo que fue París en la transición del siglo XIX al XX; aquí viven Frank Stella, Schapiro, Katz, Terry Winter, entre otros artistas de nuestra época; están el MOMA, el Met, el Guggenheim… Infravaloramos la contribución de la cultura americana. Para alguien que se ha interesado como yo en la arquitectura vernácula, no académica, siento que hay una arquitectura bellísima sin arquitectos, y la meca es Estados Unidos. Es la cuna del jazz, del rock, del cine, del surf... y eso se percibe en las calles de Nueva York.

XL. Tiene la gran responsabilidad y el privilegio de reconstruir parte de la zona cero. ¿Qué significa para usted la terminal de transportes del World Trade Center?
S.C.
Es la culminación de un sueño y de cinco años de intensísimo trabajo. Es la obra que he realizado con más carga emotiva, marcada por circunstancias dramáticas, muy especiales. Aún quedan dos años de construcción, pero el concebirla ha sido un esfuerzo titánico, de miles de bocetos.

XL. Para un arquitecto-ingeniero, uno de los aspectos más difíciles es el del transporte, particularmente en el medio urbano. ¿Cuál era su gran desafío?
S.C.
Lograr una zona limpia, fácil, que se entienda, en la que uno se mueva cómodamente y que preserve la monumentalidad, la memoria del edificio. El edificio en sí es un tributo a todo lo ocurrido y, a la vez, una puerta abierta de esperanza para las próximas generaciones. Mi obra es un tremendo homenaje a la vida, un mensaje de fe para la ciudad.

XL. Se ha hablado de un edificio con una forma metafórica, la de un niño que suelta un pájaro. ¿Quiere que todo el mundo vea eso?
S.C.
Uno siempre es prisionero de su imaginación. Dejo libertad de interpretación, pero le contaré una anécdota. Al poner la primera piedra dibujé a un niño que soltaba una paloma y fue mi hija Sofía, que entonces tenía nueve años, quien lanzó dos palomas al aire. Todo el mundo, desde Hillary Clinton hasta Michael Bloomberg, estaba allí. Era como un escenario de ensueño, que equilibraba a la Nueva York prosaica, una ciudad que puede ser muy dura en su funcionamiento cotidiano, con su dimensión lírica, que también la tiene. La arquitectura debe aportar esa dimensión poética; es una de las razones de su existencia. Los edificios deben tener un misterio que te atraiga. Estoy convencido de que tienen alma.

XL. En su caso, parte de esa alma es la suya propia, su proceso creativo.
S.C.
En la arquitectura me proyecto a mí mismo, mis sueños, mis conocimientos, mi experiencia. Pero si por algo se distingue mi trabajo es por la investigación a través de dibujos: horas incontables en silencio realizando bocetos y rehaciéndolos. El dibujo me clarifica las ideas.

XL. La escultura es ahora parte fundamental de su obra. Incluso señala que la arquitectura es una escultura en la que se penetra.
S.C.
Lo que hace de la arquitectura un arte colosal y que supera al resto de las artes es que es penetrable. Te absorbe, te envuelve. La escultura es mi exilio de calma y de tranquilidad; es mi intimidad y mi laboratorio de investigación. Muchas de mis obras arquitectónicas serían inexplicables sin mi investigación previa en la escultura. Mi obsesión es buscar las proporciones, y las proporciones de mis obras arquitectónicas me las procura el cuerpo humano. No sólo en el sentido clásico de escala y medida, sino en el cuerpo físicamente: el gesto de las manos, la forma de girarse, el movimiento del ojo. Grandes escultores, como Alexander Calder, Eduardo Chillida o Henry Moore, poseían alma de arquitectos. Y fue Auguste Rodin quien adelantó la definición canónica de la arquitectura del siglo XX que luego adaptaría Le Corbusier: «La arquitectura es un juego de equilibrio de volúmenes bajo la luz».

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EL METRO DE LA ZONA CERO


LA HUELLA DEL ARTISTA

MUSEO DE MILWAUKEE
Es la primera obra de Calatrava en EE.UU. Ubicada junto al lago Míchigan, recuerda a un barco. La estructura superior, en cristal y acero, se abre y se cierra como las alas de un gran pájaro.

ÓPERA, VALENCIA
Es el edificio más espectacular de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. La sobrecubierta en forma de pluma de 237 metros sólo tiene dos puntos de apoyo.


SAINT-EXUPÉRY, LYON
Calatrava ha diseñado numerosas estaciones, pero ninguna en España. El único intento ha sido la del AVE en Huelva, un proyecto del que llegó a presentarse una maqueta, pero que se paralizó y que ahora podría reactivarse.


TURNING TORSO, MALMÖ
La torre que refleja el torso humano girando (como muestran los bocetos) se ha convertido en un edifico simbólico de Suecia y en el mejor ejemplo de la `arquitectura viva´ de Calatrava.


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