Número: 1123
Del 3 al 9 de mayo de 2009
 
 

 
 
EN PRIMER PLANO

ROSEMARY, EL TABÚ DE LOS KENNEDY

D.R.
Rosemary tenía problemas de aprendizaje desde niña y a los 20 años, edad que tenía en esta foto, también de actitud, según sus padres.

La hermana de JFK, Bobby y Ted desapareció en 1941 de los álbumes de fotos de la familia más famosa de EE.UU. La joven, inestable y rebelde, fue sometida a una lobotomía que la condenó a vivir inválida y escondida. El periodista Pierre Pratabuy ha rescatado testimonios y documentos para reconstruir, más allá de las mentiras oficiales, la historia no autorizada de Rosemary Kennedy.



Era simple, inocentona, quizá disléxica, quizá bipolar. Eso nunca se supo. Lo que sí se sabe es que también era rebelde y que representaba un estorbo para su padre. Rosemary era incapaz de medirse a sus ocho hermanos en el seno de una familia ultracompetitiva. Frustrada, tenía berrinches, pataletas, ataques de histeria. Y con 20 años comenzó a escaparse por las noches. Vagabundeaba por las calles de Boston en busca de cariño. Mendigando abrazos de desconocidos. No era capaz de tener novios formales, como sus hermanas, pero tenía una sexualidad tan arrolladora como sus hermanos varones, unos gallitos de los que se alababa su hombría mientras fuesen discretos. Y ella era una mujer. Y su obligación era comportarse como una dama. Pero Rosemary se acostaba con cualquiera. O eso se rumoreaba. Joe Kennedy, el patriarca, ex embajador en Londres y la Santa Sede, estaba abochornado. La joven díscola podía quedarse embarazada en una de sus correrías nocturnas, cada vez más audaces. Sería un escándalo que arruinaría la reputación de la familia. Una mancha en el honor de sus mejores y más inteligentes vástagos, para los que planeaba una carrera política sin parangón. La llevó a psicólogos y psiquiatras. Y dos neurocirujanos, Walter Freeman y Jammes Watts, le propusieron una terapia definitiva. Una solución que entonces se consideraba lo más: una lobotomía. No es que el padre quisiera dejarla lela adrede, sólo tranquilita. Que no importunase.


Así relata la operación en la revista francesa Vingetun el periodista Pierre Pratabuy, que ha reconstruido la desgraciada vida de Rosemary Kennedy, despachada por los biógrafos oficiales de la familia con una conmiserativa nota a pie de página: retrasada mental. «Con la paciente despierta, únicamente bajo los efectos de la anestesia local, el médico abrió un pequeño agujero en cada sien de la joven. Después, con la ayuda de un escalpelo en forma de cuchillo de untar mantequilla que introdujo en el cráneo, empezó a seccionar los lóbulos prefrontales del cerebro, supuesto origen de las afecciones del alma. Durante ese tiempo, y siguiendo el protocolo, Freeman hacía preguntas a su paciente, pidiéndole que recitara el padrenuestro o canturreara el himno nacional. Mientras sus respuestas fueran coherentes, Watts seguía cortando. Finalmente, su colega le pidió que parase. La enfermera que asistía a los dos hombres, traumatizada, dimitió tras la operación de Rosemary, que quedó reducida a la edad mental de un niño de corta edad.» Tenía 23 años. Vivió confinada hasta su muerte, a los 86, en una institución psiquiátrica. Seis décadas de olvido y de vergüenza.


Rosemary fue una niña deseada. Nació el 13 de septiembre de 1918 en la residencia de la familia Kennedy en Boston. Se llevaba tres años con Joseph Junior, el ojito derecho de papá, y uno con JFK. Su madre, Rose, después de dos varoncitos, anhelaba una niña. Todo estaba dispuesto para el alumbramiento, pero, según la historia oficial, el ginecólogo de la familia llegó tarde y la cabeza de Rosemary se atoró en el canal del parto. Su cerebro estuvo privado de oxígeno durante unos instantes preciosos. Conforme fue creciendo se quedaba embobada, le costó aprender a caminar, a sostener la cuchara y a leer, aunque finalmente lo consiguió e incluso escribía largas cartas y llevó un diario íntimo. En la escuela informaron a sus padres de que su cociente intelectual era bajo y que no era capaz de seguir el ritmo de la clase. Algunos compañeros se burlaban de ella y se enzarzó en más de una pelea, lo que le granjeó fama de colérica. Con la excepción de Eunice, sus hermanos tampoco tuvieron paciencia con ella.


Su retraso era muy leve, según el historiador Edward Shorter. La lista de las cosas que podía hacer superaba con creces a las tareas que le resultaban irrealizables. Rosemary era muy responsable. La dejaban a cargo de seis niños cuando visitaba la casa de cierta amiga. Se los llevaba a la playa, los vigilaba, nadaba con ellos, les daba de merendar y, de regreso, los acostaba y les leía un cuento. Tenía unos modales exquisitos en la mesa. Dio clases de baile y acompañaba a sus hermanas a las fiestas, aunque no sabía flirtear y terminaba bebiendo ponche en un rincón. Jugaba durante horas al tenis con su madre y era una nadadora excepcional. Solía ganar a sus hermanas. Y se enfadaba si perdía. Nadar era una de las pocas ocupaciones en las que superaba al resto del clan. Y gozaba contándole a su padre sus hazañas en la piscina. Podía presumir de algo, por fin. Pero si alguna vez Joe se sintió orgulloso de su hija, no lo demostró.


En 1935, Eunice y Rosemary fueron juntas a Europa de vacaciones. «Montamos en barco en Holanda, escalamos montañas en Suiza, remamos en el lago Lucerna. Rosemary podía hacer todas esas cosas tan bien como yo. Nadar, remar… Podía caminar más rápido y distancias más largas. Y era muy divertida.» Al final de aquel verano, Rosemary mostraba grandes síntomas de recuperación. No estaba agitada ni irritable. Hubo más viajes a Europa y, cuando el padre fue nombrado embajador en el Vaticano, toda la familia fue recibida por el papa Pío XII, un acontecimiento del que Rosemary disfrutó especialmente.

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DAMAS ILUSTRES
Rosemary con su madre, Rose, en su presentación formal en Buckingham Palace el 11 de mayo de 1938. Conocía y respetaba los códigos sociales.




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