POLÉMICA: LA HIPERACTIVIDAD Un cerebro a toda máquina
D.R
Michael Phelps, Anthony Hopkins, Luis Rojas Marcos... Hombres de éxito sufrieron de hiperactividad en su infancia. Mientras muchos psicólogos relacionan este trastorno con una vida llena de limitaciones, para otros puede tener un lado positivo. El debate está abierto.
La vida de un niño hiper-activo está llena de frustraciones. Siente que hace todo mal: o llega tarde a clase, o ha hecho tres ejercicios que no eran los que debía, o no puede controlar la emoción que trae del partido de fútbol y empuja en la fila, o cree que va a tener un ocho pero saca un tres, o molesta, o se entromete, o se equivoca, o se anticipa, o pisa todos los charcos sin control, sin querer y sin medir las consecuencias. «Mi hijo se ha pasado su vida en los pasillos. Los compañeros se metían con él, también los otros padres, y los profesores lo castigaban sin recreo y sin excursiones –explica Adela Tortosa, madre de un chico hiperactivo de 17 años–. Hemos pasado por 11 colegios, cuatro de ellos fuera de España, y lo único que buscábamos era que alguien advirtiera que mi hijo no era un cafre ni un maleducado ni un hijo de puta. Buscábamos sólo un poco de comprensión para un niño con dificultades.»
Se calcula que entre el tres y el seis por ciento de la población escolar sufre un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), un estigma que, en ocasiones, se aplica como sinónimo de fracaso y un futuro de drogadicción, accidentes de tráfico y embarazos prematuros. Sin embargo, este supuesto destino fatal entra en contradicción con casos como los de Michael Phelps, Fernando Verdasco o Luis Rojas Marcos, en su infancia hiperactivos y hoy hombres de éxito, que han abierto un debate sobre si el TDAH significa una vida de limitaciones o puede tener su lado positivo.
«La sintomatología del TDAH mejora con la edad –afirma Isabel Orjales, especialista en el trastorno y profesora de Psicología de la UNED–. Un niño con trastorno de déficit de atención que llega mínimamente sano y preparado a la edad adulta tiene muchas posibilidades de adaptarse y compensar los síntomas del trastorno eligiendo una profesión para la que el ser caótico, impulsivo y compulsivo sea una ventaja. Un TDAH puede no tener precio como creativo publicitario: genera más ideas que nadie y tiene una visión diferente de las cosas. Ahora bien, si la campaña depende de él, quizá no se cumplan los plazos ni los presupuestos, así que debe apoyarse en colaboradores.»
En Estados Unidos, un estudio reciente ha encontrado que al 35 por ciento de los pequeños empresarios se les diagnosticó TDHA en su infancia. Sus rasgos hiperactivos los han ayudado a ser mejores comunicadores, a tener más capacidad para resolver problemas y a soportar sin dolor de cabeza los viajes transoceánicos. Y es que, según Orjales, las dificultades para someterse a las normas y a los horarios, combinado con su energía y su capacidad de iniciativa, puede llevar a que muchos afectados decidan crear su propia empresa. Otros, sin embargo, sienten que sólo pueden funcionar en empresas con una estructura rígida de funcionamiento que los ayude a organizarse.
En busca de versiones alentadoras de lo que, hasta ahora, se había catalogado exclusivamente como un problema psicológico y neuronal, el divulgador científico Tom Hartman ha creado la `teoría del granjero y el cazador´, según la cual el TDAH fue originalmente un modelo comportamental que dotaba al cazador de ventajas comparativas respecto de sus congéneres, tales como un temperamento incansable, enérgico, explorador, sensorialmente hipervigilante y rápidamente predispuesto a huir o a plantar cara y enfrentarse frente al peligro. Estas características, según Hartman, habrían resultado biológicamente valiosas antes de que la agricultura modelara hábitos de vida sedentarios entre los humanos, que desaprueban la inquietud y la impulsividad. Sin embargo, el doctor Fernández Jaén, jefe de la unidad de Neurología Infantil de hospital Quirón, en Madrid, considera estos argumentos una barbaridad: «Sobre todo porque para cazar hace falta ser previsor, sigiloso y trabajar en equipo, mientras un TDAH se lanzaría a por el animal a pecho descubierto. Un trastorno como éste no le da un plus a nadie, pero eso no significa que un hiperactivo sea incapaz de ser un gran matemático. No son discapacitados ni hay que tratarlos como tales: tienen una dificultad sobre la que hay que trabajar y que se debe compensar».
Miguel tiene 18 años y es paciente del doctor Fernández Jaén desde los 13, cuando le diagnosticaron un TDA (sin hiperactividad asociada). Cada mañana toma un café con leche y su dosis diaria de Concerta, un fármaco que lo ayuda a concentrarse y que le permitirá, dice, terminar la carrera de Ingeniería Aeronáutica. «Tener TDA implica que debes esforzarte más –comenta Miguel–. Tengo mucha dificultad para prestar atención a cosas que no me gustan, pero si algo me encanta, como la física o la electrónica de la comunicación, no me cuesta concentrarme. Si tú quieres, puedes: eso es lo que me han inculcado mis padres.»
¿Cómo es posible que un chico con dificultades de atención pueda estudiar Ingeniería Aeronáutica? «Porque el trastorno dificulta la realización de unas habilidades determinadas, pero no incapacita para otras para las que los hiperactivos están quizá muy capacitados. Por eso podemos verlos en unos momentos tan `concentrados´ en un tema y en otros absolutamente dispersos, incapaces de centrarse en un estímulo.»