Número: 1115
Del 8 al 14 de marzo
 
 

 
 
ENTEVISTA

D.R.
PHILIP ROTH
«El azar lo es todo. Rige nuestro destino. Yo le rezo a la suerte»


Es, a juicio unánime de críticos y colegas, uno de los cuatro escritores americanos más importantes. «Vivos», aclara él. Y aunque lo dice por modestia, para no incluirse en categorías históricas, tras la reciente muerte de John Updike y de buena parte de sus amigos, suena también a deseo. Se prodiga poco en los medios, pero no elude polémicas. Habla para XLSemanal de sus obsesiones: la muerte, el sexo, la religión… «La vida real; sencillamente, la vida.»


Se niega a sonreír para las fotos y a fuerza de no sonreír ha impuesto una imagen de sí mismo «un tanto mezquina», en sus propias palabras. Así que, al conocerlo, lo primero que sorprende es que Philip Roth no sólo sonríe, sino que se ríe con notable facilidad.


Fuera, en las calles de Nueva York, hace un frío polar, pero el sol que atraviesa los enormes ventanales de su apartamento en el Upper West Side convierte el salón en un reconfortante lugar de encuentro. En realidad el apartamento, amplio pero nada ostentoso, aparece como un único espacio. Decorado en tonos blancos y crema, impoluto, minimalista y diáfano, tiene todas las puertas abiertas, de modo que nada más entrar pueden verse desde la cama en un extremo hasta el escritorio en el otro; lo cual en el caso de Roth tiene algo de simbólico. Si hay una constante en su obra, además de que sus protagonistas sean judíos, es el sexo. En el más amplio sentido de la palabra. La búsqueda del placer, la represión del deseo y el poder del erotismo impregnan su obra desde sus primeras novelas y marcan la existencia de sus dos grandes personajes y álter ego, Nathan Zuckerman y David Kepesh. Roth ha recibido casi todos los premios literarios existentes, salvo el Nobel. The New York Books Review pidió a 200 escritores, críticos y editores que eligieran los 20 mejores libros publicados en EE.UU. en los últimos 25 años. Seis de los elegidos eran novelas de Roth.


Nos trae aquí Indignación, su última obra, que publica Mondadori el próximo viernes día 13 en España. Cuenta la historia de un joven judío en los años 50, hijo único, que huyendo de la presión de un padre aprensivo en Nueva Jersey decide estudiar en una universidad luterana en Ohio, donde tendrá que sortear las imposiciones religiosas, la represión sexual y la amenaza de ser reclutado para la guerra de Corea. De nuevo, un libro muy cercano a su biografía. Roth nació hace 75 años en Newark, al igual que Marcus Messner, el protagonista de Indignación. «En los años 30, cada barrio era como un pueblo dividido según los grupos étnicos. El porcentaje era un diez por ciento de negros, un ocho por ciento de judíos y el resto, la mayoría, se dividía en alemanes, polacos e italianos. No había fronteras físicas, pero cada uno vivía en un barrio y cada colegio estaba dominado por un grupo. Sólo nos relacionábamos con nuestros `semejantes´.» A Roth no le gusta que lo definan como escritor judío-americano, pero es un hecho que los protagonistas de sus 30 novelas son judíos en 28 casos. Así que parece obligado mencionarlo.


XLSemanal. En sus libros habla de los valores y las lacras de la educación judía. ¿Existe un código de valores que identifique a la comunidad judía?
Philip Roth.
No, ya no hay valores específicos. Mire el Gobierno. La mitad de los que rodean a Obama son judíos. Ahí tienes, un negro rodeado de judíos dirigiendo EE.UU. Algo impensable hace poco tiempo. El viejo sistema ha muerto. Incluso antes de la elección de Obama. De hecho, él ha sido elegido porque el viejo sistema ya había muerto.

XL. ¿Y qué cree que ha matado al viejo sistema? ¿La crisis económica, el cambio de valores, la tecnología…?
P.R.
Ninguno de esos factores. El viejo sistema empezó a caer tras la II Guerra Mundial. Hasta entonces, el país estaba regido por los blancos anglosajones protestantes. Los judíos, los negros y los católicos no tenían ni un buen trabajo. El Ejército acabó con esa segregación porque moría gente de todas las etnias. Y tras la guerra se produjo otro fenómeno: el Congreso aprobó una ley que permitía a los chicos ir gratis a la universidad, subvencionados por el Gobierno. Así que jóvenes de familias étnicas que no podían ni soñar con una educación, de repente, estaban en Harvard, en Yale… las grandes fortalezas de la élite anglosajona. Cada vez se infiltraban más outsiders. Y más, y más… Y esto nos lleva hoy a Obama.

XL. Indignación cuenta, precisamente, los años universitarios de un joven que todavía en los años 50 sufre acoso por ser judío. ¿Lo vivió usted así?
P.R.
Es que era así. Los 50 fueron los años en que más antisemitismo hubo en el mundo; no sólo en Alemania. Crecí con la sensación de que éramos diferentes.

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PRIVADÍSIMO
  • Está «soltero del todo» tras dos matrimonios fallidos, «tremendamente fallidos».
  • No tiene hijos.
  • Elegy, de Isabel Coixet, se basa en una de sus novelas. A Roth no le gusta la película por «fallos de guión» y porque el personaje que interpreta Ben Kingsley, su álter ego está «totalmente deslavado».




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