Número: 1110
Del 1 al 7 de febrero de 2009
 
 

 
 
ANTROPOLOGÍA

SIBERIA: EL PUEBLO NENET ACORRALADO
El éxodo de los hombres de hielo

D.R.
De los aproximadamente 35.000 nenets que existen en la actualidad, tan sólo 10.000 continúan trashumando con sus rebaños de renos. Aun así mueven la mayor manada de renos domésticos del mundo.

Caminan 1.000 kilómetros al año en busca de las tundras donde comen sus renos. Ahora, su austera vida está en riesgo. Bajo sus pies: la mayor reserva de gas del mundo, de la que procede el 92 por ciento de lo que Rusia extrae. La industria ha colonizado la región, y a los renos ya les cuesta alimentarse. A los nenets, también.



Al salir de la tienda notó que el viento era más cálido y hacía subir la temperatura hasta unos agradables 25 grados bajo cero. Andréi Okateto, jefe de su grupo nómada, sonrió: la primavera asomaba. Era hora de retomar el viaje permanente de su pueblo, una ruta de 1.000 kilómetros anuales, andando en pos del alimento de sus renos. La idea no lo inquietó: eran nenets, y en su sangre corría una necesidad ancestral de vagar por los más fríos territorios del Ártico.


Los nenets –en su propia lengua, `los hombres´– pueblan las heladas tundras del nordeste europeo y noroeste de Siberia, desde la península de Kanin hasta el delta del Yenisey. Siempre fueron un pueblo ligado a la vida de otra especie capaz, como ellos, de vencer los rigores de una región con temperaturas de hasta 50 grados bajo cero: los renos. En sus orígenes, los nenets eran cazadores y, como los lobos del Ártico, seguían a los renos para cazarlos. Pero hace unos dos milenios comenzaron a capturarlos sin matarlos y aprendieron a criarlos en un proceso que culminó hace 400 años con un pastoreo masivo. Desde entonces se han convertido en los mayores criadores de renos del mundo y su vida nómada gira en torno a las necesidades de éstos: durante la estación fría se refugian en las taigas del sur y, al mejorar el tiempo, suben hacia el norte y traspasan el Círculo Polar Ártico en busca de los líquenes de la tundra, el alimento preferido de los renos.


Los rigores de su mundo han aislado a los nenets permitiendo a su vez que su cultura ancestral perdurase. Pero no les ha resultado fácil. En tiempos de la Unión Soviética se emprendieron distintas campañas para aculturarlos. En 1929 empezaron a crearse granjas colectivas y, desde 1957, los nenets niños eran custodiados por el Estado, lejos de sus familias, hasta que completaban su educación en un intento de erradicar la impronta cultural de los nómadas. Todo fue inútil. Aunque se los llegó a cazar desde avionetas como a alimañas, aunque los separaron de sus hijos y se cercaron sus rebaños, este pueblo permaneció fiel a su cultura.


Una nueva amenaza hace que las vicisitudes de ayer parezcan hoy contratiempos. El territorio nenet flota sobre la mayor reserva de gas del mundo. El gas, el petróleo y la minería de la región han atraído desde los 70 del siglo pasado a un creciente número de trabajadores rusos que han colonizado la tierra y han creado nuevas reglas, mercados y amenazas. El 92 por ciento del gas y el 14 del petróleo que Rusia extrae proceden de aquí: es previsible que habrá más trabajadores. La industria perfora el suelo, acota los pastos, contamina el suelo y agota los recursos que los 300.000 renos y los 10.000 nómadas de la península de Yamal necesitan. El contacto con el mundo desarrollado que llega con la industria del gas y el petróleo pone en peligro la supervivencia de esta cultura milenaria. Y el aumento de las poblaciones de nenets y sus renos amenaza la supervivencia de su forma tradicional de vida. Para ellos no es, sin embargo, un problema muy preocupante. Consultados al respecto, un brillo de arrogancia asoma en sus miradas. Son nenets. Saben que su principal seña de identidad es una increíble capacidad de adaptación a los cambios y las penalidades de su entorno.

Fernando González Sitges

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`ALTA COSTURA´ CONTRA EL FRÍO
Los nenets deben soportar temperaturas de hasta 50 ºC bajo cero. Para protegerse utilizan la malitsa, un abrigo sin cremalleras ni botones confeccionado con la piel de cuatro renos. El pelo caliente se sitúa en el interior. El traje de las mujeres, el yagushka, tiene doble capa aislante y está abotonado en el frente.



CON LA CASA A CUESTAS
El chum, la vivienda de los nenets, recuerda a los tipis de los indios americanos: una estructura de postes de madera, cubierta por una gruesa capa de pieles de reno, en torno a una estufa que calienta y permite cocinar. Fáciles de montar, las mujeres se encargan de levantarlo. Los perros también duermen dentro.


`SUSHI´ DE RENO A DIARIO
Los nenets obtienen del reno todo cuanto necesitan. Cada mañana atrapan algunos para tirar de los trineos, mientras el resto guía a la manada en su búsqueda incesante de líquenes para comer. Del reno también obtienen pieles para sus trajes y sus casas, tendones para coser y la carne de la que se alimentan, incluso recién cortada...

PARA SABER MÁS...
Siberian survival: The nenets and their story, de Andréi V. Golovnev y Gail Osherenko. Cornell University Press, 1999.


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