TOM CRUISE «No presto atención a los que me critican. Sólo escucho mis sueños.»  | | D.R. |
Últimamente ha salido más en los medios por su labor con la cienciología que por su carrera. Ahora, con 46 años, se lo juega toda a una carta, la de su nueva película: Valkiria. Con la historia del nazi que quiso matar a Hitler confía en aspirar al Oscar por cuarta vez.
Emocionalmente es claro; intelectualmente, seguro. Tom Cruise es un auténtico relaciones públicas. Adora a la gente, dice que se bebe a chorros su privilegiada vida y que le fascina la aventura de hacer películas. Proyecta cordialidad y entusiasmo. A pesar de haber sido tres veces nominado al Oscar –por Nacido el 4 de julio (1990), Jerry Maguire (1997) y Magnolia (2000)–, contesta, sin tapujos y con espontaneidad, todas las preguntas y no cesa de volver a su obsesión: ayudar a la gente, algo que aprendió de su madre, quien crio sola a Tom y a sus tres hermanas tras divorciarse del padre de Cruise cuando éste tenía 12 años.
En el hotel Beverly Hills de Los Ángeles, Cruise nos habla de todo ello y de su esperada película, Valkiria, [estreno el 30 de enero] sobre el intento de asesinato a Hitler, en la que interpreta al carismático y aristocrático coronel Claus Schenk Graf von Stauffenberg, uno de los líderes de la resistencia alemana y cabecilla de ese último complot para asesinar al Führer. Un filme magnífico, dirigido por Bryan Singer, donde Tom Cruise realiza una interpretación magistral.
XLSemanal. Interpretar a un personaje tan complejo como el coronel Stauffenberg requiere de una intensidad psicológica enorme. Su actuación, de hecho, transmite tensión desde el principio hasta el fin de la película.
Tom Cruise. Stauffenberg es un personaje de gran tensión dramática. Su sentido de la moral resulta extraordinario. Está dispuesto a sacrificar su vida por lograr un país mejor, incluso después de haber perdido un ojo, su mano derecha y varios dedos de la izquierda luchando en África. Es el único que tiene el coraje de alzarse contra Hitler. Al comienzo del rodaje, sólo ponerme el uniforme e intentar mirar al mundo desde su perspectiva me resultaba perturbador. Pensaba en qué clase de coacciones psicológicas debió de sufrir este hombre que decidió comprometer toda su existencia y la de su familia por lo que defendía. Además, el plan que urdió para introducirse en el alto mando y en el círculo de Hitler era fascinante. Y también son increíbles sus planes para, tras eliminar a ese hombre terrorífico, retomar el poder. Stauffenberg entendió que no era suficiente con matar a Hitler porque estaban Himmler, Goebbels y Göring, que representaban su misma filosofía. Además, supuso una revelación para mí descubrir que no todos los alemanes apoyaban a Hitler, que había resistentes dentro de la cúpula militar.
XL. Tiene fama de perfeccionista, de ser capaz de hacer siete tomas para cada escena.
T.C. Siete o 27… Como actor, necesito del desafío artístico. Primero observo cómo es la gente con la que estoy trabajando y luego me pregunto: «¿Cómo puedo contribuir yo al proyecto? ¿Qué quiero resaltar del personaje?». Y nunca sé cuál será la respuesta.
XL. Usted es una de las grandes estrellas internacionales. ¿Cómo repercute esa popularidad en su vida profesional y en la privada?
T.C. Soy consciente de que debo dar lo mejor de mí mismo, pero eso es algo que siente cualquier buen profesional. Y ¿personalmente…? Me he acostumbrado a la atención que rodea cualquier cosa que hago. Hace tiempo que decidí que eso no supusiera una carga, sino un acicate; decidí transformar toda esa presión en energía creativa. Soy consciente de que la atención pública es parte del negocio. Antes, me molestaba que la gente me mirara fijamente, pero le aseguro que he aprendido que lo mejor es relajarse.
XL. Le felicito. Usted sonríe constantemente en público. Tanto que, perdone, pero parece casi un sistema de autodefensa.
T.C. Me encanta reír. ¡No hay nada malo en ser feliz! Hay mucha gente cínica que no quiere que los demás sean felices, pero no voy a entrar en su juego. No me importa lo que digan; no creo en los sambenitos que te cuelgan.
XL. Quizá en este mundo ‘ser feliz’ levanta sospechas.
T.C. Yo me crie con mi madre y mis tres hermanas. Mi madre era una trabajadora nata y, gracias a ella, siempre hubo comida en la mesa y ropa que ponerse. Yo, desde los ocho años, he trabajado en todo tipo de cosas, desde de repartidor de periódicos hasta de vendedor de felicitaciones de Navidad. Y mi madre siempre nos insistía: «Tenéis que trabajar duro y, además, tratar de que vuestro entorno sea feliz. No creáis a la gente que afirma que no se puede cambiar». Yo estaba seguro de que mi vida iba a mejorar. Mi madre nos repetía: «Hay que tratar de entender y ayudar a los demás porque la vida está para ser compartida». Es un consejo que siempre he llevado conmigo, pero requiere un gran esfuerzo llevarlo a la práctica, y lo intento todos los días. Jamás me he sentido fuera de la realidad, encerrado en ninguna burbuja. La vida del siglo XXI es muy complicada y uno puede decidir si quiere ver las cosas desde un prisma positivo o negativo y, luego, si quiere ayudar o no a los demás. Yo he elegido ayudar. Siempre me pregunto si estoy ayudando a la gente o no, si hago que las cosas mejoren.
XL. «Estamos para ayudar» es un credo de la cienciología. Usted es tan famoso como actor como como cienciólogo. ¿Por qué hizo públicas sus creencias personales?
T.C. Porque la gente quiere saber y yo no creo que haya que mentir ni ocultar nada. Creo en la libertad de expresión. Para mí, ser un cienciólogo es un privilegio, porque se trata de mirar a alguien y entender cómo puedes ayudarlo. Y, además, implica tener conciencia de que eres capaz de enfrentarte a cualquier problema... Y como a mí me ha ayudado, me gustaría mostrar a la gente cómo puede ayudarlos a ellos.
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EL LADO `CIENCIÓLOGO´ DEL `BUEN ALEMÁN´
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