ISLANDIA `LUNES AL SOL´ EN EL PARAÍSO  | | CARLOS CARRIóN | | Los islandeses están en estado de shock. Ya hay manifestaciones por las calles (algo inaudito por estos lares) y se piden cabezas. La de David Oddsson, director del Banco Central, la primera. |
De artífices de un país modélico por su nivel de vida, los islandeses han pasado a ser reos de la ley antiterrorista británica por su insolvencia bancaria. Viajamos a la isla más feliz del planeta, según la ONU, convertida de la noche a la mañana en la primera y más escalofriante –nunca mejor dicho– víctima de la crisis. ¿Un ejemplo de lo que se nos avecina?
¿Se imagina un país donde las madres dejan a sus bebés solos en los carricoches, aparcados en las aceras, mientras compran en las tiendas, sin miedo a que se los roben o a que pesquen un constipado? Un país donde la Policía no lleva armas porque… ¿para qué?, si la tasa de crímenes es insignificante. Un país sin Ejército, culto, donde los escritores y los músicos crecen como hongos; limpio, tranquilo, en el que los jóvenes tienen todas las facilidades del mundo para formar una familia y las familias, todas las facilidades para comprarse una casa (o dos, una en la ciudad y otra de veraneo) y un coche (mejor que sean dos, el utilitario y el todoterreno, o tres, ya puestos).
Un país donde se trabaja duro, pero sin matarse, donde puedes interrumpir la jornada laboral para echar una partida de futbolín con los colegas y un día por semana te piden que acudas al trabajo en pijama. Y otro que abraces uno por uno a tus compañeros para crear espíritu de equipo. Un país de buen rollito donde, si quieres, puedes permitirte el lujo de vivir a todo trapo. Eso sí, pagando a crédito y tirando de tarjeta.
Ese país existe. Es Islandia. Sus 320.000 habitantes dejan el grifo abierto cuando se duchan porque tienen agua para abastecer a 600 millones de personas. Y no se preocupan de apagar las luces porque les sobra la electricidad. Son serios, pero irradian amabilidad; tienen un carácter bastante extrovertido para lo que se estila en los países nórdicos. Por algo son los más felices del planeta, según la ONU. O lo eran. Habrá que revisar las estadísticas después de lo que les ha pasado en un visto y no visto.
Aterrizo en el aeropuerto de Keflavik con la mosca detrás de la oreja. ¿Es la ruina islandesa una premonición de lo que puede pasar en otros países? Cuando las barbas de tu vecino veas cortar… En realidad, un vecino lejano, en su preciosa e incontaminada isla ártica, que no ha querido entrar en la Unión Europea ni adoptar el euro. Fiel a su moneda: la corona. Que tiene un bacalao en el anverso. De ese bacalao sólo quedan las espinas en las caricaturas que publican los periódicos. A pesar de todo, los islandeses conservan el sentido del humor. Incluso alguien tuvo la ocurrencia de poner el país a la venta en eBay. Y Asgrimur Truggvason me cuenta el último chiste que circula por la Universidad de Reikiavik: «La economía va fatal. Lo mismo tenemos que vender el tercer coche». Aunque igual no es una broma.
Y es que la cosa pinta mal. En los bancos hay hasta restricciones para sacar euros y tienes que enseñar un billete de avión. Y no puedes cambiar más de 50.000 coronas por persona (un tercio del sueldo medio). Los islandeses se huelen un corralito a la argentina.
Pongámonos en la piel de un islandés. Imagine que durante un par de semanas se le atraganta el desayuno con las noticias económicas que publican los periódicos. Que haya que nacionalizar los bancos Kaupthing, Landsbanki y Glitnir para intentar salvar a la desesperada los ahorros de sus clientes quizá no le diga demasiado al lector español, pero para un islandés es como si el Santander, el BBVA y La Caixa se declarasen en bancarrota simultáneamente. Además, la Bolsa islandesa vivió el mayor desplome de su historia: nada menos que un 77 por ciento. Comparemos ahora con el viernes negro, cuando el Ibex español registró su peor jornada: cayó un 9 por ciento, pero el lunes siguiente recuperó lo perdido.
La inflación se ha disparado hasta un inquietante 14 por ciento (en España, donde el dato ya es pésimo, ronda el 4,5). Y la divisa se ha derrumbado. Literalmente. A principios de año, el euro se cambiaba a 62 coronas. En una sucursal de Landsbanki cambio mis euros a 150 coronas. De repente, me siento un privilegiado. Creo que se me está pasando la nostalgia de la peseta. En tiempos de crisis, la gente se refugia en las monedas fuertes. Y visto lo que ha pasado con la corona islandesa, el euro se antoja un salvavidas. La depreciación de la moneda amenaza también al comercio exterior de un país muy dependiente de las importaciones. En Islandia tienen pesca, aluminio, leche, patatas y energía geotérmica a tutiplén, pero casi todo lo demás lo tienen que traer de fuera. Y con la corona por los suelos resulta prohibitivo.
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BERGLJOT HJATTARDOTTIR. ESTUDIANTE
«Queda lo peor: depresiones y hasta suicidios» |
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JOHANNA HARDARD HLESEY. AMA DE CASA
«Hemos sobrevivido a erupciones volcánicas, sobreviviremos a la crisis» |
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GUNNAR OLAFSON Y SU HIJA, SILVIA ROSE. EMPRESARIO
«Es indignante que nos llamen piratas» |
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AGUST BJORNSSON. AUTÓNOMO
«Tendremos que cambiar nuestro estilo de vida.» |
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UN PAÍS EN REBAJAS
La corona se devalúa, la inflación está por las nubes y los islandeses prefieren gastar lo que les queda antes que ahorrar. Total, el dinero no deja de perder valor... Cada vez el poder adquisitivo es menor. Los fines de semana, los restaurantes de comida rápida se llenan. En los mercadillos, la ropa de segunda mano se vende como rosquillas. |
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Y ESTALLÓ LA BURBUJA
Kristin Cardew es madre de cuatro hijos. «Yo vi hace tiempo que esto no era normal, que la gente se endeudaba alegremente. Sabía que la burbuja estallaría. El Gobierno y los bancos están conchabados. Alguien tiene que dimitir. Y no pueden decirnos ahora que nos dediquemos a la pesca.» |
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