Número: 1075
Del 1 al 7 de junio de 2008
 
 

 
 
ENTREVISTA

ANTóN GOIRI
STAN LAURYSSENS, EL FALSIFICADOR DE DALÍ
«Estafar a multimillonarios es algo totalmente adictivo»


Se sabe que ha habido muchos falsos `dalís´ circulando en el mercado. Pero no conocíamos al hombre que estafó durante dos décadas a grandes inversores con sus cuadros. Se trata de un vividor cuyas memorias han levantado ampollas. Ahora, las llevan al cine, interpretadas por Al Pacino y Cillyan Murphy.


Empieza un peculiar carrerón delictivo en su Bélgica natal, a temprana edad, haciendo agujeros a enormes ruedas de emmental importadas de Suiza. Un surreal modo de `adulterar´ un producto como cualquier otro y que, en su caso, acabará siendo marca de la casa. «Ganábamos, además, algunos kilos en cada rueda, que luego vendíamos como queso rallado», afirma. Salta al periodismo `ficción´ y trabaja más tarde, durante casi dos décadas, comercializando con falsos `dalís´. Hasta que acaba con sus huesos en la cárcel. Sus ajetreadas memorias, Dalí y yo. Una historia surreal (Ediciones B), que salen a la venta el día 11, sirven de base para un filme en el que Al Pacino resucita al pintor catalán. Stan Lauryssens, especie de Tom Ripley a la europea, nos recibe en su casa de Nukerke, pequeño pueblo cercano a Bruselas, donde hoy se dedica en cuerpo y alma a escribir thrillers. Estamos de suerte. Tiene ganas de `largar´.


XLSemanal. Cuenta usted 22 años y es un periodista que anda metido en tareas, digamos, ‘falsificatorias’.
Stan Lauryssens.
[Ríe] Ya veo por dónde vas.

XL. Me explico. Se dedica usted a inventar entrevistas con Nick Nolte, Al Pacino, Barbra Streisand y demás celebrities del momento para la revista belga Panorama.
S.L.
[Sonríe] ¿Es que tú nunca lo has hecho?

XL. ¿El qué? ¿Inventarme entrevistas? Pues no, la verdad. Por eso quería preguntarle si a usted nunca le hablaron, en su día, de lo que es la ética periodística.
S.L.
[Muy serio] Claro que sí. En aquellos años, yo hacía también entrevistas serias. Te lo aseguro. Yo he hablado hasta con personas que estuvieron con Hitler en el búnker. Ése era mi trabajo real. Periodista. Y yo tenía muy claro lo que es esta profesión cuando se ejerce de forma seria. Viajaba mucho gracias a ello y conocí a gente de medio mundo a quienes entrevisté. Conocí Argentina, Paraguay, etcétera, gracias a mi trabajo.

XL. Si le iba tan bien, ¿cómo acaba siendo el corresponsal de Panorama en Hollywood sin haber pisado nunca Hollywood?
S.L.
[Sonríe] La historia de siempre. Me dicen que necesitamos vender más revistas cada semana. Cambiamos la línea editorial y empezamos a poner fotografías de stars en portada. Me ofrecieron la posibilidad de ser corresponsal en Hollywood. Les dije que no podía hacerlo, que por aquel entonces estaba viajando continuamente. ¿Pues sabes lo que me contestaron? Que me lo ofrecían a mí porque tenía mucha imaginación.

XL. ¿Cuál era su metodología para esas falsas interviús?
S.L.
Me pasaban pequeños artículos sobre la celebrity en cuestión y yo tenía que desarrollarlos en forma de pregunta-respuesta. No era tan complicado. Inventaba historias continuamente. Lo hice durante dos años.

XL. ¿Recuerda la mayor mentira que ideó como corresponsal de Hollywood fraudulento?
S.L.
[Sonríe] Fueron muchas. Pero lo mejor de todo es que yo vivía en Amberes por aquel entonces y la gente que me conocía alucinaba al verme firmar en la revista como corresponsal allí. Por eso acabé buscándome un pseudónimo: Steven Stanley.

XL. Yo podría haber hecho lo mismo con esta entrevista, inventármela. ¿Lo aceptaría?
S.L.
[Ríe] Tendría que aceptarlo con resignación. ¿Quién soy yo para decirte que eso está mal?

XL. No tema. Insisto. ¿Sobre quién fue la mentira más grande?
S.L.
Sobre Salvador Dalí. Porque yo no sabía qué escribir sobre él. Yo me había inventado las respuestas de Robert Redford, o Marlon Brando, o el joven Al Pacino, y sobre todos ellos pude salir sin muchos problemas del atolladero. Pero Dalí era Dalí. ¿Era tan conocido Dalí como Robert Redford? Sí, sin duda. Aunque toda la información que circulaba sobre él era información de Dalí como artista, no como persona. Por eso, me inventé su historia. Aunque nada que ver con la realidad. Las andanzas del Dalí de aquellos años en EE.UU. superan cualquier ficción. ¿Sabes por ejemplo lo que eran ‘los circos del sexo’ dalinianos?

XL. No. Cuénteme.
S.L.
Orgías orquestadas por el pintor en las que participaban jovencísimas actrices famosas. Al parecer, Dalí ejercía de mirón y acababa masturbándose ante los participantes. Cito esta historia en el libro. Me llegó de primerísima mano de gente que había participado en ellas. Mis abogados me recomendaron no dar ningún nombre por si surgían problemas legales.

XL. Pero esto no es el libro. ¿Podría darme algún nombre?
S.L.
[Piensa, y sonríe] ¿Por qué no? Ahí van dos. Mia Farrow y Ally McGraw. Ambas fueron ‘contratadas’ para participar en esos ‘circos del sexo’ que montaba Salvador Dalí.

XL. Pues vaya. El pintor catalán estaba por aquel entonces echando una manita a Walt Disney en Hollywood, ¿no?
S.L.
Así es. Leí entonces un pequeño artículo en el que se informaba de que Dalí estaba pensando trabajar con Disney en Hollywood. Yo me pregunté: «¿Qué irá a hacer?». Y me inventé la entrevista. En ella, Dalí decía que estaba preparando una historia de dibujos animados para adultos y que se trataba de una apuesta totalmente sexual, repleta de falos descomunales. Salió en portada en la revista. No era una star demasiado guapa, pero aquel ejemplar se vendió mucho mejor que los de Warren Beatty, Rachel Welch, Woody Allen e incluso Elisabeth Taylor.

XL. Primera lección que aprendió: «Dalí vende».
S.L.
Es curioso, pero vendía mucho más que cualquier estrella.

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