Número: 1074
Del 25 al 31 de mayo de 2008
 
 

 
 
EN PORTADA

KUSTURICA&MARADONA
«No soy ejemplo para nadie»


De ídolo de los estadios a ángel caído. El que fuera el mejor futbolista del mundo hace balance. Nadie como su amigo el cineasta Emir Kusturica para descubrir el lado más desconocido del Pelusa. Una charla a tumba abierta con motivo de la última película del director serbio, Maradona por Kusturica.



La historia comenzó en marzo de 2005, en el barrio de Villa Fiorito, donde nació Maradona, una zona de chabolas alrededor de Buenos Aires. Kusturica y el futbolista organizaron allí uno de sus primeros encuentros como parte del rodaje del documental que el director de Underground ha filmado sobre el mejor jugador del mundo: Diego Armando Maradona o Pelusa, como lo llamaron mucho tiempo sus amigos más íntimos. Una película insólita: Maradona por Kusturica, que se acaba de estrenar en el Festival de Cannes, fuera de competición.


Tras su cita en Villa Fiorito se trasladaron a Nápoles; luego, a Cuba, y hasta hicieron parada en Belgrado, donde reside el director de cine. Intimidad en la casa natal del futbolista y desenfreno en las gradas de la Bombonera, el estadio del Boca, rendido a su héroe; irreverencia política en las manifestaciones contra Bush y recato diplomático en la recepción con el primer ministro serbio; acosado por las calles de Nápoles por quienes recuerdan unos triunfos que el equipo local no ha vuelto ni a soñar y distendido con los músicos que lo homenajean, como Manu Chao, que le canta casi al oído la canción que ha compuesto para él, La vida tómbola: «Si yo fuera Maradona, viviría como él... mil cohetes, mil amigos y lo que venga mil por cien...».


Al llegar a su antigua casa de Villa Fiorito, después de quince años de no pisar su barrio natal, Diego camina sin problemas. Nadie fue alertado de su llegada y casi no hay personas en la calle. Mira el suelo de tierra y pide permiso al entrar a una humilde casa con techo de chapas y apenas dos cuartos. Allí vivió con sus siete hermanos y sus padres gran parte de su infancia y su adolescencia. «Yo jugaba a la pelota acá, ésta era mi cancha y le daba contra la pared», dice al ver el muro blanco que da a un jardín donde no crecen flores ni hay casi plantas.


Kusturica. ¿Alguna vez, cuando estabas en lo alto de tu carrera, te arrepentiste de haber dejado este lugar?
Maradona.
No. Es un pasado hermoso que me enseñó que yo tenía que salir de aquí. A mí, la pobreza me dio la fuerza para superarme. Me acuerdo de mi papá, cuando venía de trabajar, mi vieja le ponía unas ventosas en la espalda para sacarle el dolor porque mi viejo levantaba sacos. Era un rito: mientras ella hacía eso, nosotros nos sentábamos todos a su alrededor.


El pequeño Maradona era famoso en el barrio porque en todo momento iba caminando con una pelota, haciendo jueguitos, rebotes, el balón no se separaba de él, como si estuviera atado a su pie. Y sólo quería jugar. «Jugábamos hasta que se hacía de noche, porque jugar de noche te daba más equilibrio, más dominio de la cancha cuando se hacía de día», explica. Jugar al fútbol en la oscuridad como una forma de tener una mayor noción del juego, vivir con la pelota atada al pie e insistir, insistir muchas veces. «Creo que la decepción más grande de mi papá fue cuando dejé el colegio para irme al Campeonato Sudamericano en 1977 en Venezuela, porque ya no podía coordinar el estudio con la pelota, y ahí fue el quiebre. Mi papá estuvo una semana sin hablarme porque él quería que yo estudiase. Me decía: ‘Quiero que estudies por si te pasa algo con el fútbol’. Pero, bueno, yo aposté al fútbol, insistí... y le gané a mi papá», dice riéndose.

Hasta que vuelve a mirar a su alrededor y ve cómo en Villa Fiorito, pese a que él dio la vuelta al mundo, ganó copas y conoció la muerte, las cosas han cambiado poco. Kusturica le pregunta sin rodeos por qué no quiere hacer algo en política, tal vez, para cambiar esas cosas. Sin dudarlo, Diego responde: «A mí, me han ofrecido muchas veces ser político y les dije que no, porque yo no sirvo para robar a la gente. Para llegar a ser político, hay que robar a la gente, y yo no soy ladrón. Yo le robé una sonrisa a la gente a través de mi juego en el fútbol; por eso me han ofrecido un montón de cargos. ¡¡Pero si incluso cuando yo estaba muy mal, muy drogado, me ofrecieron la Secretaría de Deporte...!! Y luego dicen que el enfermo soy yo... Yo me reúno con políticos y, después de la primera reunión, ya no se quieren reunir más conmigo porque les digo lo que siento. En mi país los políticos se hacen ricos, pero no le dan nada a la gente. La pobreza aquí sigue siendo la misma».


K. ¿Crees que puede haber algo bueno en ser pobre, en haber crecido aquí?
M.
Bueno, creo que tener un padre que trabaja rompiéndose la espalda para mantener diez bocas hace a la familia más unida. Hay algo de la dignidad que se aprende así. Yo me di cuenta muy tarde de que mi mamá muchas veces decía que le dolía el estómago y nos daba su comida, pero, con el tiempo, comprendí que era porque teníamos poco para comer. Creo que la dignidad de la gente pobre es superior a la que se pueda llegar a vivir en otro lugar.

K. ¿De dónde nació tu sentido de la justicia?
M.
Me nació viendo el mundo. Después de haber leído mucho al Che Guevara, y en Cuba, con Fidel Castro, también.

1 2 3 >

  
 


PARA SABER MÁS...
Maradona por Kusturica está coproducido por Telecinco Cinema, Pentagrama Films, Fidelite y Wild Bunch




HoyMotor HoyCinema LaGuiaTV Finanzas HoyTecnología HoyMujer
 xlsemanal(c)2005 Aviso legal | Mapa del web