Número: 1082
Del 20 al 26 de julio de 2008
 
 

 
 
A FONDO

ALGECIRAS LA BAHÍA TÓXICA

CARLOS CARRIÓN
De los 96.000 buques que cruzan anualmente el Estrecho, unos 30.000 fondean en Algeciras. Muchos aprovechan para repostar en las gasolineras flotantes de Gibraltar, donde el fuel es más barato.

El caso Prestige no es insuperable. Científicos y ecologistas alertan de que el deterioro de Algeciras es peor. La bahía gaditana registra la mayor contaminación por hidrocarburos de España, acosada por el tráfico de petroleros y las gasolineras flotantes de Gibraltar. Mientras el `New Flame´ lleva nueve meses varado en sus aguas cargado de combustible, el riesgo de nuevos naufragios parece, más que probable, inevitable.



Punta de Europa, Gibraltar. Alboroto de gaviotas y griterío de niños de un colegio cercano. Dormita un pastor alemán en un chalé con piscina y flameante bandera: la Union Jack. Muy cerca, una mezquita pagada con petrodólares saudíes, su esbelto minarete como un alfilerazo de fe en territorio infiel. Arrogancias foráneas en el lugar más meridional del continente europeo. Turistas británicos bajan de un minibús. Otean con catalejos el horizonte desde la batería Harding’s. La vista impresiona: África. El monte Hacho, Ceuta, el Sidi Musa, el monte Renegado... Y el tráfico de barcos en el Estrecho. Mercantes, petroleros, ferris... Casi 100.000 buques entran o salen del Mediterráneo por aquí cada año. En el mundo, sólo el canal de Suez está tan congestionado.


Algo sobresale de las aguas a media milla: la proa y la cabina de un barco chatarrero, el New Flame. Lleva ahí nueve meses. Un cascarón oxidado que alberga en sus bodegas 42.000 toneladas de tubos de escape. Bandera de conveniencia (Panamá); capitán griego que entra en Gibraltar para repostar porque allí el fuel es más barato y no suelen inspeccionar la carga, y que zarpa sin avisar. La fatalidad hizo que un petrolero noruego se cruzara en su camino. ¿La fatalidad? Lo extraño es que no haya más accidentes. Y menos mal que el buque noruego era de doble casco, si no estaríamos lamentando una catástrofe ecológica como la del Prestige en Galicia.


Lo que indigna a los habitantes de los municipios del campo de Gibraltar arrimados a una bahía, la de Algeciras, que comparten con la colonia británica, es que el New Flame sigue ahí. Encallado en un banco de arena, aunque las autoridades gibraltareñas hablen sólo de «una cierta pérdida de flotabilidad». Tiene guasa... El desastre de Galicia fue producto de una serie de decisiones calamitosas y urgentes. Cada minuto era crítico. Este Prestige andaluz es un desastre a cámara lenta. Sólo cuando se acercaban las elecciones y el séptimo derrame de combustible ensució las playas gaditanas, el Gobierno español llamó a consultas a la embajadora británica y la Junta de Andalucía decidió demandar a las autoridades del Peñón. Gibraltar se defiende: el coste de reflotar el chatarrero es alto y el armador y la aseguradora remolonean. Y, además, niegan con un pasmoso desparpajo que existan vertidos, aunque ya se han recogido 300 toneladas de chapapote. Hartos, los grupos ecologistas denunciaron el caso ante la Unión Europea. «No sólo el Reino Unido, España también es culpable por no apretarle las tuercas a las autoridades gibraltareñas», puntualiza Juan López de Uralde, director de Greenpeace.


Gibraltar, que por algo tiene una torre fortificada y una gran llave en su bandera, ventila sus asuntos en privado. La colonia es un paraíso fiscal gracias a su discreción. Los ecologistas se quejan del secretismo y temen que pueda haber baterías o algo más peligroso en la panza del New Flame. Todavía se recuerda el caso de la multinacional Acerinox hace una década. En una carga de chatarra se fundió una fuente de cesio-137. Contaminación radiactiva. El Ministerio español de Medio Ambiente tranquiliza a la población. «No hay material radiactivo en el New Flame», asegura. ¿Cómo lo sabe? Porque se lo ha dicho Gibraltar. Como para fiarse... Viene a la memoria la reparación del submarino nuclear Tireless. O el expolio del pecio de un galeón español por parte de la empresa norteamericana Odissey. España llevó el caso a los tribunales, pero ya era tarde. Un avión había despegado de Gibraltar cargado con 17 toneladas de oro y plata. Y los cazatesoros han anunciado que vuelven al Estrecho.


¿No puede España meter mano? El estatus especial de Gibraltar obliga al barco de Capitanía Marítima de Algeciras a quedarse a una milla del Peñón y mirar con prismáticos e impotencia. Pero resulta que España no reconoce que Gibraltar disfrute de aguas bajo su jurisdicción. ¿En qué quedamos? Jesús Verdú Baeza, profesor de la Universidad de Cádiz, se remonta al Tratado de Utrecht, en 1713, para explicar esta paradoja: «Oficialmente, España mantiene que la cesión de Gibraltar se realizó sin aguas bajo su jurisdicción, salvo las aguas interiores del puerto. En la práctica no se ejerce control en la mitad oriental de la Bahía, bajo supervisión gibraltareña». Y Gibraltar se aprovecha a fondo. Lo más grave es que se lucra con actividades de alto riesgo, como el suministro de combustible a los buques que allí fondean para llenar sus tanques y seguir viaje. El repostaje no está prohibido, pero tal y como se hace allí, desde gabarras y gasolineras flotantes, es una temeridad.

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