Número: 1064
Del 16 al 22 de marzo
 
 

 
 
EN PORTADA

VIOLENCIA JUVENIL

D.R.
Imagen eimitida por Telecinco en la que un joven de quince años agrede a un profesor.

Violaciones, homicidios... El matonismo crece de forma alarmante entre los menores, difundido impune y masivamente desde el móvil e Internet. De 8.000 agresiones hace ocho años se ha pasado a 22.000, según los últimos datos. Nos adentramos en el escalofriante mundo del happy slapping.



Imagine que va usted, tan tranquilo, caminando por la calle y alguien le arrea un guantazo al grito de «Sonríe, Willy» mientras otro graba su estupor con un móvil. Al margen del daño físico del golpe, porque es una bofetada con todas las de la ley, se le va a quedar cara de idiota una buena temporada. Absurdo, sin duda, aunque la cosa tiene su `sentido´, incluso nombre. Se llama happy slapping, `tortazo feliz´, y es la última moda en agresiones juveniles, susceptibles de ser colgadas en la Red, a través de las redes P2P –Emule, Torrent, Ares, Azureus– o a través de esos grandes canales de tele vía Internet, los más vistos del mundo: YouTube, que ya controla en lo posible sus contenidos, o Liveleak, que se jacta de no hacerlo. El happy slapping fue `creado´ en Londres en 2004 por un grupo de menores que empezaron haciendo el tonto para pasar el rato y acabaron matando a un hombre cuando se hartaron de filmar tortazos. Una diversión macabra sin ánimo de lucro que, también ya aquí, va dejando heridos y cobrándose vidas. Una, en diciembre de 2005, cuando dos jovénes de 18 años y un menor, de 17, prendieron fuego a Rosario Endrinal, una indigente que intentaba pasar la noche en un cajero autómatico de Barcelona; la más reciente, en octubre pasado, en Lucena, Córdoba, cuando tres chicos de entre 15 y 16 y una chica de 18 rociaron con disolvente la cama en la que Antonio Joaquín Curiel Romero, de 43 años, dormía, sin saberlo, para no despertar jamás: le prendieron fuego con el solo fin de grabarlo ardiendo. Los tres varones están en un centro de menores; la chica, en prisión.


¿El objetivo de estas ‘bromas’? Lograr la notoriedad entre iguales, el reconocimiento público incluso. Salir no del anonimato, pero sí de la invisibilidad… La paradoja del delito: dejar huellas por todas partes, con insensata deliberación… El `no va más´ de las expectativas es trepar a la portada de ciertos sitios de Internet y colarse entre los vídeos más vistos y votados, llegar incluso al telediario o al ya `caducado´ Tomate: a eso aspiraban, por ejemplo, los menores sevillanos que en julio último forzaron a una compañera de instituto a hacer una felación `en directo´. Y éstos son sólo casos rápidamente mencionables, pero no pasa una semana sin que los medios no muestren alguna nueva `producción´: palizas, destrozos en la calle, agresiones sexuales, bullying, más happy slapping.


La tendencia va tan a más –no sólo en España, sino en el resto de Europa– que ya existen teléfonos móviles con un botón del pánico similar al que llevan las mujeres en riesgo de padecer violencia doméstica. Una tecla de emergencia que los menores pueden presionar si están sufriendo una paliza. El servicio Localízame, de Movistar, lo posibilita –ya hay casi 250.000 usuarios–; también el Aryon, un dispositivo similar al móvil, con botón de emergencia, o el NCard de Navento. La moda, desde luego, no es de chicos marginales: se precisa un móvil de última generación, con cámara de vídeo incorporada. Un estudio de la asociación Protégeles destaca que «resulta llamativo que el teléfono móvil no es utilizado por los menores como tal, salvo en contadas ocasiones. Hablar con otros utilizando la voz y en tiempo real es casi la función menos utilizada». Y agrega: «El 78 por ciento de los menores con móvil ya ha tenido más de un aparato. De éstos, el 24 por ciento tiene ya su tercer teléfono, y otro 24, el cuarto». Esos chicos, créalo aunque se trate de sus hijos, llevan probablemente en su móvil alguno de estos violentos clips. Le llegan aunque no quieran, como publicidad indeseada. Les basta con tener Bluetooth, una tecnología de conexión de corto alcance que conecta dos o más móviles con sólo acercarlos físicamente. Ese `corto alcance´ es ya, en determinados terminales, de hasta 200 metros. Alguien envía así un contenido a sólo un chico, y puede llegarle a cuantos tengan Bluetooth y estén cerca. En Alemania, uno de cada dos jóvenes guarda en su móvil un clip violento y la mitad declara haber visto un vídeo grabado con el mismo teléfono en el que alguien se lo mostraba. Es decir: conocen a alguien que se dedica a grabar palizas.


Y es que donde más corren los vídeos es en los institutos, en las aulas y en los patios, como nuevos cromos, de teléfono a teléfono, para completar un albúm virtual –los sitios web– que no acaban de llenarse nunca. Compruébelo usted mismo. Entre en liveleak.com o en youtube.com y escriba: `paliza´, `happy slapping´ o `beating´. Un mundo. Algunas, si cabe el término, son agresiones `en broma´, empujones entre colegas; otras son sencillamente aberrantes.

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LAS AGRESIONES


LA REHABILITACIÓN
El Laurel es el único centro en España dedicado exclusivamente a reinsertar a hijos que han agredido a sus padres. Se encuentra en la Comunidad de Madrid.

EL DEBATE
Ley del Menor: ¿Hay que bajar la edad penal hasta los 12 años?


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