Número: 1064
Del 16 al 22 de marzo
 
 

 
 
ENTREVISTA

MIKE OLDFIELD
¡Odio a los punkis, siempre violentos y cabreados!

D.R.

Grabó Tubular bells con 19 años y se hizo millonario. Pero, mientras vendía discos como rosquillas, llevaba una vida solitaria aderezada con drogas y alcohol. Ahora ha encontrado la paz en su refugio mallorquín.



Pelo corto, rostro colorado por el sol marino, tejanos; a sus 55 años, Mike Oldfield es dueño de una inmensa fortuna, pero difícilmente lo dejarían entrar a un club de millonarios. El músico de Reading (Inglaterra) siempre se ha sentido un extraño en un mundo hostil: infancia difícil, alcoholismo y suicidio de su madre, éxito precoz, soledad, depresión, drogas, alcohol, crisis de los 40 desenfrenada en Ibiza…, ser Oldfield no debe de ser nada fácil. Esta semana publica Music of the spheres, el primer disco, y van 24, que graba con una sinfónica. En el salón de su refugio mallorquín la señora Oldfield intenta dormir a Eugene, su hijo recién nacido. En lugar de quitarnos los zapatos para no hacer ruido, descubrimos que aquí es preferible andar con pies de plomo.


XLSemanal. Nunca había grabado música clásica. ¿Por qué se ha deci…
Mike Oldfield.
[Irritado] ¿Por qué? Siempre por qué, no me gusta por qué...

XL. ... sólo quería saber si lo tenía desde hacía mucho en la cabeza.
M.O.
[Se calma] No mucho, la verdad. Cuando empecé a pensar en un nuevo disco, me dije: «¿Qué no he hecho todavía?». En Light & shade [2005, su último álbum] todo era computerizado. Al principio, esos cachivaches electrónicos son divertidos, pero como ocurre con los juguetes, te acabas cansando.

XL. ¿Sentía que no creaba música real?
M.O.
Una noche que estaba trabajando en un tema dejé la máquina sonando, y por la mañana ahí seguía, como si fuera por libre [risas]. Me dije: «Voy a hacer algo orgánico, humano, real».

XL. Cada vez está más alejado de la música rock, ¿no?
M.O.
Es muy difícil hacer algo hoy en clave de rock, el género ha llegado al final de su ciclo vital. No hay nada nuevo. ¡Vamos, si te gusta el rock nadie ha superado a los Rolling Stones!

XL. ¿Qué le ha atraído hacia la música clásica?
M.O.
Hay más caminos por explorar. Pensé: «¿Por qué no intentarlo?». Ojalá la gente hiciera más música clásica, en vez de posar como punkis peleados con el mundo. En el disco conté con Lang Lang, que con 24 años toca el piano que es una maravilla. Es mil veces mejor escucharlo a él que al último punki cabreado.

XL. Eso me recuerda a Punkadiddle [incluida en Platinum, de 1979], en la que se reía del punk. ¿Ya pensaba así del rock?
M.O.
Odio el punk, lo contaminó todo. La música debe girar sobre una intención creativa, pero la gente es perezosa. El punk es la máxima expresión de eso y puso de moda esa actitud violenta, la gente se escupía y era ‘guay’.

XL. Curiosamente, compartió sello con Sex Pistols. Supongo que no se sintió muy cómodo…
M.O.
Virgin se inclinaba más al rock progresivo. Tubular bells era su único éxito y vieron una oportunidad. También era una forma de demostrar su valentía ante los jóvenes; que eran algo más que el sello de Mike Oldfield. Ganaron mucho dinero. Ante todo, Richard [Branson, fundador de Virgin] es un hombre de negocios.

XL. Se dice que Branson lo presionó para escribir más singles pop; que no le consultó para usar Tubular bells en El exorcista; o que Amarok [1990] incluía mensajes en morse contra Virgin...
M.O.
Lo que pasó fue que, una vez que Moonlight shadow [single de Crises, 1983] era número uno en toda Europa, me dijo: «¿Has visto? Deberías hacer más cosas así». Intenté repetir el éxito. Lo intenté y lo intenté… en vano. Hace unos años le dije: «¿Recuerdas cuando me pediste que hiciera canciones y no…?». Y él: «¿Yooo? No me suena de nada». [gritando, como si agarrara a alguien del cuello]: «¡Me volví loco para conseguir otro single y tú no te acuerdas!». Me salió del alma [risas]. Al final, volví a los instrumentales, sí, con Amarok. Estaba cabreado con Virgin. Pero me encanta Moonlight shadow. Para mezclarla pasé 24 horas sin descansar. [Susurrando] Otra vez, otra vez, otra vez… Tardé tres meses en grabarla. Esas obsesiones solían apoderarse de mí.

XL. A estas alturas de su carrera tiene libertad total, ¿no?
M.O.
Sí, no me ocurría desde hacía tiempo. Universal no me presiona. Ellos me sugirieron a Karl Jenkins [prestigioso compositor británico] para este disco. Juntos desarrollamos un sistema para traducir la música desde mi software al suyo y adaptarla a una sinfónica. Karl lo puso todo en orden para que pudiera interpretarse.

XL. En sus discos suele tocar todos los instrumentos. ¿Le cuesta trabajar en equipo, confiar en los demás?
M.O.
Probablemente, aunque no puedo tocar como Lang Lang. Es más rápido tocar yo que explicar a los músicos qué han de hacer. No siempre te dan lo que buscas. Muchos no son más que pose. Mirándose al espejo a ver cómo les queda el instrumento.

XL. El disco lo ha titulado Música de las esferas...
M.O.
Sí, ¿no sabe lo que es? Puede mirarlo en Wikipedia.

XL. ¿Perdón?
M.O.
¿No hay en España? Es una enciclopedia en Internet…

XL. Sí, sí, la conozco, pero...
M.O.
Pues si entra en Wikipedia, como hice yo, encontrará el significado de la expresión ‘música de las esferas’.

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CAMPANAS TUBULARES… DE BODA


INMOBILIARIA OLDFIELD
Su nueva casa en Mallorca es la décima que Oldfield adquiere en diez años. Ahora vive entre la isla y Mónaco, donde posee un piso. En los 90, compró una casa en Ibiza junto al mar. Acabó seducido por clubes como Pachá. Una noche, incluso, estrelló su Mercedes contra un árbol. Dos años después vendió su casa y grabó Tubular Bells III.


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