Número: 1060
Del 17 al 23 de febrero
 
 

 
 
EN PRIMER PLANO

LA NUEVA VIDA DE NATASCHA
«Odio que me pregunten por qué
no me fugué antes»

D.R.

Su caso ocupó los titulares de todo el mundo: la inocente jovencita que escapa a su captor tras ocho años de secuestro... Hoy cumple 20 y ha decidido ser ella quien haga las preguntas. Presentará un programa de entrevistas en la televisión austriaca. Aquí habla por primera vez de cómo es su vida en libertad.



Hoy a entrevistar tanto a famosos como a personas normales y corrientes. Lo importante es que tengan algo que decir.» Así explica Natascha Kampusch en qué va a consistir el programa de televisión que comenzará a presentar en un canal austriaco en las próximas semanas. Pero muchos se preguntan si la que más tiene que decir es precisamente ella misma, quien, a pesar de su exposición pública en los últimos años, todavía no ha contado muchos de los detalles de su secuestro, que en 2006 asombró al mundo. Natascha escapó entonces a un cautivero de ocho años y medio al que la había sometido Wolfgang Priklopil, quien la raptó en plena calle cuando ella tenía diez y la mantuvo secuestrada en el sótano de su casa en las afueras de Viena. Tras la fuga de la muchacha, el secuestrador se suicidó. A pesar de vivir encerrada tantos años, Natascha demostró una educación y una desenvoltura social sorprendentes, pero todavía se está adaptando al sistema. A sus 20 años afronta los exámenes de enseñanza secundaria. «Me acabo de examinar de biología. En casa hice unos modelos a escala del corazón, el hígado y el estómago que les encantaron a los profesores. En los estudios, me exijo rendir al 150 por ciento, y lo normal es que luego rinda al 100 o al 90 por ciento. En el anterior examen que hice, de geometría, saqué un sobresaliente. También estoy estudiando para sacarme el carné de conducir, así que últimamente ando muy ocupada.»


¿Cómo aprende una joven que ha estado ocho años y medio secuestrada, sometida a la voluntad de otra persona, a organizarse por sí misma, a hacer ‘las cosas normales’? «No tengo ningún problema para seguir una agenda, para llevar una vida ordenada. Me apaño muy bien yo sola. Los seres humanos viven por sí mismos y nadie puede quitarles eso, aunque haya muchas personas que crean que pueden adueñarse de alguien, como si ese alguien fuese un segundo yo para ellos, como un apéndice, como un órgano más de su cuerpo. Pero yo siempre sigo siendo yo.» ¿Ese ‘adueñarse’ significa también que todavía hay situaciones en las que su independencia se ve limitada? «Claro que las hay. Hay muchos impertinentes, sobre todo en el metro. Algunas personas me tratan muy bien, pero otras creen que deben bajarme de ese supuesto pedestal al que me he subido. Y eso me afecta.»


A todo esto, Natascha ha entablado una batalla legal para hacerse con la casa de su secuestrador. Priklopil no tenía hijos ni más familiares que su madre, anciana. «Estoy convencida de que la casa muy pronto será mía. No pienso venderla, pues desconfío del uso que otros pudieran darle», indica.


Este interés por la casa en la que sufrió su secuestro hace que algunos medios se hayan preguntado de nuevo por la escabrosa relación con Priklopil y por qué ella no se escapó antes. «Mucha gente me pregunta eso –reconoce–, pero la cosa no era tan fácil. A muchísimas personas les resulta complicado escapar de su situación en la vida o de sus circunstancias personales. Se trata de un paso muy difícil. Una vez que iba en coche con el señor Priklopil traté de escaparme, pero él se dio cuenta y me agarró por la muñeca con fuerza.» Como se sabe, Priklopil y Natascha una vez fueron interrogados por la Policía en el curso de un control de rutina, pero la joven no aprovechó para tratar de liberarse. Según explica, «en ese momento no sabía qué hacer. Después de tanto tiempo de cautiverio, yo no tenía muy buena opinión de la Policía. Me duele que la gente me pregunte por qué no me fugué antes».


Su queja cobra especial sentido ahora que se ha sabido que la Policía austriaca pudo actuar con negligencia en su caso al descartar una vía de investigación que hubiera llevado a la resolución de su secuestro sólo seis semanas después de producirse. «Al parecer, a pesar de los indicios convincentes sobre mi secuestrador, tuve que esperar ocho años y medio para encontrar mi propia fuerza el camino a la libertad –dijo Natascha la semana pasada–. Sentir en mi propia carne cómo se sentaron las prioridades me produce espanto y rabia».

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