Número: 1057
Del 27 de enero al 2 de febrero de 2008
 
 

 
 
EN PORTADA

D.R.
BARACK OBAMA
Retrato de un triunfador


En su voz resuenan ecos de Kennedy y Luther King. Su historia encarna casi al pie de la letra el sueño americano, cuando más maltrecho parece. Ése puede que sea el secreto de su inesperado éxito. La clave que lo ha situado a las puertas de la Casa Blanca. Exploramos su vida y su autobiografía para averiguarlo.



Nueva York, 1982. Barack Obama es un estudiante mulato de 21 años en la Universidad de Columbia. Ha llegado con lo puesto. La primera noche durmió en un callejón y se lavó en una boca de incendios. Ahora ya está instalado. Vive en un barrio duro, al este de Harlem, en un apartamento sin calefacción. Tampoco hay telefonillo y si alguien lo visita, tiene que llamarlo desde una cabina en la gasolinera de la esquina, donde un doberman hace guardia. Obama bulle de impaciencia. Estudia mucho. Se define como un monje de biblioteca. Tiene muchos sueños, pero ninguno muy concreto. Pájaros en la cabeza. Saluda en español a sus vecinos puertorriqueños. Juega al baloncesto en canchas callejeras donde a veces se oyen disparos. Si el tiempo es bueno, se sienta con su compañero de piso en la escalera de incendios. Fuman un pitillo, ocasionalmente lían un canuto. Miran a la gente blanca de barrios más acomodados que pasea a sus perros y los lleva a defecar a la acera de su bloque. «¡Recoged vuestras mierdas, bastardos!», grita su compañero. Y se ríen con las caras de susto de los dueños de los chuchos.


Iowa, 2008. Barack Obama, el sorprendente aspirante demócrata de 46 años a la Presidencia de los Estados Unidos, da el campanazo. En la periferia del partido, sin apenas financiación y movilizando a los jóvenes, conquista una victoria sonada y ahora lucha con Hillary Clinton en las primarias. Los analistas aseguran que los fontaneros de Hillary tienen preparada una campaña de desprestigio contra su rival. La típica guerra sucia. Pero Obama ya desnudó su vida en una autobiografía. Y lo hizo a tumba abierta, pues entonces no se dedicaba a la política. Ha reconocido los errores que cometió. No los esconde ni se esconde. Admite que consumió marihuana y cocaína cuando iba al instituto y que no se drogó con heroína porque no se fiaba del camello. Su sinceridad desarma. Y esa transparencia está cautivando a miles de votantes, más allá de las fronteras de género y raza: blancos, negros e hispanos; hombres y mujeres, que ven en él una síntesis de John Fitzgerald Kennedy y Martin Luther King.


¿Quién es Barack Obama? ¿Cuáles son sus orígenes? Son las preguntas que se hacen los electores, pero también son cuestiones que se ha hecho muchas veces el mismo Obama. Estados Unidos es una nación de inmigrantes que se reinventan a sí mismos y de hijos de inmigrantes que buscan sus raíces. Y la vida de Obama gira en torno esa búsqueda de su identidad. Escribió Dreams from my Father (Sueños de mi padre) con 30 años, después de graduarse en la Escuela de Derecho de Harvard. Es una autobiografía atípica para un candidato presidencial por dos razones: está magistralmente escrita y es de una sinceridad desconcertante, casi suicida.


Ese libro, del que lleva vendidos casi un millón de ejemplares, le podía haber costado su carrera política. Hoy es su mejor arma. La gente anhela autenticidad y transparencia en estos tiempos de impostura, ñoñería y mensajes filtrados por la censura de lo políticamente correcto. «No tengo secretos. Los votantes pueden juzgarme con conocimiento de causa. Y poner en la balanza si los errores que cometí en mi juventud sobrepasan todo el trabajo que he podido hacer después». Las comparaciones son odiosas. Sólo hay que recordar a Bill Clinton negando que hubiese fumado marihuana o mintiendo sobre sus relaciones extramatrimoniales. O al presidente Bush ocultando que se escaqueó de Vietnam o describiendo sus problemas con el alcohol como «pecadillos de juventud».


Barack Obama nació en 1961 en Honolulu. Hijo de una mujer blanca de Kansas y de un estudiante africano que llegó a la universidad de Hawái con una beca desde Kenia. El matrimonio duró un suspiro. Obama tenía dos años cuando su padre, que ya había tenido mujer e hijos en Kenia, se marchó a la Universidad de Harvard, donde se volvió a casar, y poco después regresó a África. Obama lo idealizó. El padre ausente adquirió una resonancia mítica en su vida.


La herencia de Obama va más allá del blanco y el negro. Cuando tenía seis años, su madre rehizo su vida con un estudiante indonesio y la familia emigró a Yakarta. Después de pasar dos años en una escuela musulmana y otros dos en otra católica, Obama fue enviado a Hawái con sus abuelos maternos, un vendedor de muebles y veterano de la Segunda Guerra Mundial que se alistó un día después de Pearl Harbour y una empleada de banca, mientras su madre trabajaba en el extranjero. Obama fue un adolescente difícil. Hacía novillos para jugar al baloncesto en las peores calles de Los Ángeles o emborracharse o fumar marihuana y, cuando se lo podía permitir, meterse un tiro de coca. «Al igual que muchos chavales negros, flirteé con el peligro y la autodestrucción. Por fortuna, me crie en una familia con unos valores muy fuertes, típicos del Medio Oeste, y pude salir indemne. Yo me colocaba porque quería ahuyentar las preguntas que me atormentaban. ‘¿Qué significa ser mestizo?’ ‘¿Por qué los blancos me consideraban un negro y los negros me miraban con desconfianza?’ ‘¿Cómo podía ser útil en una sociedad que no parecía aceptarme?’ Jugábamos en el terreno de los blancos, con las reglas de los blancos. Si el decano, el entrenador, el profesor quería escupirte en la cara, podía hacerlo. Tu única opción era la retirada, enclaustrarte en tu propio rencor. Y la ironía final es que si te negabas a aceptar la derrota y te enfrentabas a ellos, tenían un nombre para ti: paranoico, extremista».

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ASÍ SON LOS CANDIDATOS


BARACK OBAMA
DEMÓCRATA
HILLARY CLINTON
DEMÓCRATA

JOHN EDWARDS
DEMÓCRATA

JOHN MCCAIN
REPUBLICANO

RUDY GIULIANI
REPUBLICANO

MIKE HUCKABEE
REPUBLICANO


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