Número: 1057
Del 27 de enero al 2 de febrero de 2008
 
 

 
 
A FONDO

LOS SEÑORES DEL CRUDO TOMAN WALL STREET

D.R.
Tras la crisis de 2006, la Bolsa kuwaití vive una época de esplendor. La escalada del precio del petróleo, el control de la inflación y la abundante liquidez han abonado un `boom’ sin precedentes.

El barril rondando los cien dólares les está haciendo aún más millonarios. Pero en el golfo Pérsico saben que es un botín con los días contados. Por eso, los jeques han decidido hacer de sus países emporios financieros y lanzarse a la conquista de las Bolsas internacionales. Su ambición da miedo. Pero nadie en Occidente quiere perder su parte del pastel.



El dinero viaja siguiendo el eje de rotación de la Tierra, haciendo escala en distintos husos horarios, donde cambia de manos para acabar en los bolsillos de siempre. Así, amanece vestido de yen en la Bolsa de Tokio, emigra disfrazado de euro en dirección oeste hasta recalar en las Bolsas europeas, luego cruza el charco para darse un garbeo por Wall Street con traje verde de dólar... Y vuelta a empezar. A partir de ahora, entre el cierre de Japón y la apertura de Londres, hará un alto en el golfo Pérsico, donde la Bolsa de Dubái ha multiplicado por seis su mercado de valores y ya negocia 694.000 millones de dólares. Es el nuevo oasis financiero. Y compite, como en los tiempos de Marco Polo, por atraer la interminable caravana de la circulación monetaria mundial.


En los últimos meses, Europa y EE.UU. se está enterando de lo que vale un petrodólar. Los qataríes se han fijado en los supermercados Sainsbury, el Mercadona inglés. Borse Dubai y los Emiratos Árabes Unidos le han dado sendos mordiscos a la Bolsa de Londres. Y la Oficina de Inversiones de Abu Dhabi ha plantado sus jaimas en Citigroup, el mayor banco norteamericano. En España, la división de plásticos de General Electric ha pasado a manos saudíes. Los inversores del Golfo están inyectando cash a espuertas. Es una transfusión de liquidez. Un torrente que anega multinacionales como Virgin, bancos, centros comerciales, suelo urbano en las zonas más pijas del mundo, mezquitas como la de Granada o casinos en Las Vegas…La subida del precio del petróleo (los analistas vaticinan que en 2008 se instalará en los cien dólares, cuando hace cinco años rondaba los 20) es uno de los factores que explican que países como Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar o Arabia Saudí, por su condición de grandes productores, aspiren a comerse el mundo.


El petróleo aportará a esa región tres billones de dólares en la próxima década. Mucha pasta. En los años 70, cuando aumentaron los precios del barril, los estados del Golfo no supieron qué hacer con aquel maná. Sólo ahorraron el 20 por ciento de aquella bonanza. El resto fue despilfarrado. Han aprendido la lección. Ahora quieren convertir a Oriente Medio en un eje de la economía mundial. Y quieren hacerlo antes de que el crudo se agote, es decir, antes de 2050.


Fijémonos en no de los siete Emiratos Árabes Unidos. Allí están construyendo un aeropuerto del tamaño de Valladolid por el que pasarán 150 millones de viajeros, el triple que Barajas. Y eso que ya cuentan con el aeropuerto mejor equipado del mundo y una lujosa línea aérea en estos tiempos de low cost, que se ha gastado casi 20.000 millones de euros en renovar su flotilla. La idea es audaz. Como las rutas marítimas de la moderna economía mundial están en el cielo, Dubái pretende disponer de un aeropuerto tan enorme que encauce los vuelos entre China, la India, Europa y África, convertirse en escala obligatoria y transformar así un trozo del desierto en un centro de negocios y comercio global. El modelo: Gran Bretaña durante el apogeo del imperio, pero sustituyendo barcos por aviones.

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