Número: 942
Del 13 al 19 de noviembre de 2005
 
 

 
 
ENTREVISTA

ANTÓN GOIRI
JOSÉ LUIS SAMPEDRO

Con la autoridad de sus 88 años y su brillante currículum de escritor y economista, Sampedro proclama el fin del sistema. Recuerda con nostalgia el Tánger de su infancia, donde convivían todas las civilizaciones, y una época en que los políticos eran ‘hombres de principios’. Un mundo, dice, que ya no existe. Su conversación, en cambio, sigue siendo magistral. Un placer.

«No sé qué decir, sencillamente.» Y cinco días después seguía hablando ante un público entregado, que alternaba las abiertas carcajadas con la lágrima al borde del ojo. Porque así empezó José Luis Sampedro hace dos años en Santander lo que iba a ser un curso sobre el escritor y su obra y acabó siendo una involuntaria biografía, esa que nunca quiso escribir, porque siempre dice que su vida está en sus libros, que «no es posible establecer barreras entre la vida y la obra de un escritor sincero».

XLSemanal. Ya en el título queda claro cómo entiende usted la literatura: Escribir es vivir...

José Luis Sampedro.
Uno hace la obra, pero la obra lo hace a uno. Un ejemplo: cuando escribía Octubre, octubre quería manejar ideas místicas y acudí, como fervoroso admirador de San Juan de la Cruz que soy, a la mística cristiana, pero no me servía por la mala consideración que –se pongan como se pongan– tiene el cristianismo de la mujer. En mi búsqueda encontré a los místicos sufíes –con poetas del nivel de San Juan, como Rumí– y ese descubrimiento del sufismo me hizo tanto a mí, como persona, como al libro. Esto es así en la vida en general, no sólo en la literatura, siempre que se hace algo por necesidad interior, se está haciendo uno a sí mismo.

XL. ¿Por eso dedica usted tanto tiempo y energía a documentarse? 16 años para escribir Octubre, octubre, nueve para El río que nos lleva, cinco para La Vieja sirena…

J.L.S.
La documentación no es un alarde de erudición, es para creerme lo que cuento. Si escribir es vivir, escribir tiene que ser mi verdad. No hablo en un sentido autobiográfico: no es lo mismo escribir lo que se vive que vivir lo que se escribe. ¿He sido yo amante lesbiano, como el protagonista de mi novela? No, pero he creído que lo era mientras lo escribía.

XL. Sin embargo, reconoce usted también que hay un componente mágico en la creación, algo no transmisible, «algo distinto –dice– que constituye el secreto de la vida».

J.L.S.
El arte es una vía de conocimiento, no sólo una forma estética de expresión. Es una vía de descubrimiento comparable a la científica. Puede decir mucho más una metáfora que una ecuación. Porque no todo es computable, no todo es reducible a números. A veces, un acierto genial de un artista nos hace una revelación. Por eso estoy tentado de corregir a Descartes en aquello de: «pienso, luego existo». Es: «Siento, luego existo».

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