Número: 1040
Del 30 de septiembre al 6 de octubre de 2007
 
 

 
 
ENTREVISTA

ELENA CARRERAS
DALAI LAMA
«La felicidad no es un don, es un arte que hay que cultivar»


A sus 72 años dice estar semirretirado. Pero su actividad sigue siendo decisiva para la causa tibetana. Y sus palabras, una fuente de sabiduría, no sólo espiritual, como demuestra en esta entrevista.



«Un simple monje budista.» Así se autodefinió este Nobel de la Paz al recibir su premio en 1989. Así lo reitera ahora en la entrevista que nos concede en Barcelona, adonde su santidad Tenzin Gyatso –líder espiritual del budismo tibetano y, desde 1959, jefe del Gobierno en el exilio, en Dharmsala (la India)– ha venido a inaugurar la nueva sede de la Casa del Tíbet. «Ése es mi yo real –subraya el decimocuarto Dalai Lama (`océanos de sabiduría´, en tibetano)–. Incluso en sueños me veo como un monje.» Y con un sentido del humor que nunca lo abandona, agrega, riendo: «Muchas veces, la gente es muy seria y hace un mundo de mis palabras».


Rodeado por dos secretarios –uno personal, otro de Asuntos Europeos–, un monje de ceremonias que, si es necesario, lo ayuda a precisar alguna palabra en inglés, mozos de escuadra y dos equipos de seguridad personal esperando en un pasillo del hotel, el Dalai Lama se olvida con naturalidad de todo formalismo y se vuelca por completo en su interlocutor.


Pero si hay algo que sorprende en él es su apertura y su modernidad mental. La fuerza moral que transmite y su profundo anhelo de compasión. «Sólo espero poder utilizar mi energía y mi vida para el beneficio y bien de los otros –dice desafectadamente–. Ayudar a paliar el sufrimiento cultivando estados positivos en la mente, que la gente llegue a convencerse de que el objetivo de la vida es la felicidad…»


XLSemanal. Buenos días, aunque quizá debería decir «buenas tardes». Usted se levanta antes del amanecer, sobre las 4.00, para meditar. Mahatma Gandhi, su modelo de conducta, tenía en la meditación el pilar de su vida. ¿Lo es también para usted?
Dalai Lama.
Sí. La meditación es, sin duda, la base de mi vida diaria. Como monje budista, practico la meditación principalmente analítica para examinar e investigar la realidad, el valor del altruismo, para calmar las emociones de rabia o ansiedad, para analizar la naturaleza del mundo de hoy... Simplemente eso, y ayuda mucho. Me recarga. Luego, mi comportamiento diario se guía por la motivación de ayudar y ser positivo. Alrededor del 80 por ciento de mi tiempo lo empleo en actividades espirituales. Mi hermano pequeño, Tendzin Choegyal, bromea y me dice que me levanto pronto para desayunar, no para meditar, porque, como monje que soy, no ceno, aunque algunas veces, si no puedo contenerme, tomo unas galletas...

XL. Su vida está regida por varias rutinas. Tras la meditación, desayuna, ve las noticias, estudia, despacha asuntos pendientes. Dice que le falta tiempo. ¿Qué le gusta hacer cuando lo tiene?
D.L.
Si el tiempo es bueno, voy al jardín. Las estrellas me inspiran un sentimiento muy especial de mi insignificancia en el cosmos, la concreción de lo que los budistas llamamos `impermanencia´. Es muy relajante. En el jardín hay una jaula con loros que han sido heridos en los bosques cercanos. Me gusta leer enciclopedias con fotos. Soy un hombre de paz, pero me gustan los libros de la Segunda Guerra Mundial; tengo unos 30 y sigo aumentando la colección.

XL. Una foto con las pertenencias de Gandhi muestra sus gafas, sus sandalias, el cuenco donde comía y su traje de algodón blanco que él mismo tejía. ¿Qué habría en una imagen que agrupara las suyas? ¿Sus relojes?
D.L.
Sí, me niego a vender mi colección de relojes [ríe]. Desde joven, me divierto arreglándolos. Me divierte la mécanica en general, es mi lado de ingeniero, y quizá aquél fuera el comienzo de mi interés por la ciencia. Uno de mis relojes favoritos, uno de oro que muestra las fases de la Luna y los días de la semana, perteneció al presidente estadounidense Franklin Roosevelt. También tengo apego por mi rosario y por mis zapatos de cuero.

XL. Suele decir que su mayor debilidad es la pereza...
D.L.
Sí, a veces no me esfuerzo lo suficiente en cosas que debería, como mejorar mi inglés, porque enseguida pierdo el entusiasmo por aprender. Otra debilidad es la rabia que a veces siento. Es muy fácil sentirla frente a los problemas. Pero las emociones negativas no me duran mucho tiempo. Dejar que la rabia se mantenga dentro de nosotros sólo conduce a un odio enfermizo.

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