UN DÍA EN EL CERN El experimento que cambiará la historia
LUIS DAVILLA
El físico español Jesús Puerta, en el corazón del acelerador de partículas.
¿De qué está hecho el universo? ¿Por qué el cosmos es como es? ¿Qué ocurrió inmediatamente después del big bang? Siete mil personas de 80 países, entre ellos cien científicos españoles, ultiman, en el Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), en Suiza, el acelerador de partículas más grande del mundo. Su puesta en marcha en 2008 ampliará las fronteras del conocimiento humano y protagonizará la mayor revolución tecnológica conocida.
El señor de los anillos no está en las lejanas y sombrías tierras de un libro de ciencia ficción. El anillo que puede transformar el mundo es real, mide 27 km de circunferencia y está oculto, a más de 100 metros de profundidad, cerca de Ginebra, bajo las verdes praderas que hay entre las fronteras de Suiza y Francia. En este círculo extraordinario se van a producir, en menos de un año, fenómenos antes nunca vistos que ampliarán la frontera de nuestro conocimiento sobre el universo y abrirán la puerta a nuevas dimensiones de la realidad.
Hablamos del nuevo acelerador de partículas LHC (Large Hadron Colision). Su construcción, que ha requerido 20 años, como las antiguas pirámides de Egipto, ha sido llevada a cabo en el CERN (Centro Europeo para la Investigación Nuclear o Laboratorio Europeo de Física de Partículas, como ahora prefiere llamarse), en Suiza. Ahora mismo trabajan aquí 7.000 personas de más de 80 países. La presencia de España en este laboratorio colosal ha ido creciendo desde que se iniciara, en el año 1983. En la actualidad, 100 físicos españoles desempeñan un papel fundamental en la puesta a punto del acelerador, que terminará en 2008. Cuando este ingenio funcione, quizá tengamos que relatar la historia del universo de otra forma.
Alojado en un túnel, por las arterias de este acelerador correrán pronto torrentes copiosos de ínfimas partículas: los quarks. Lo harán por dos tubos al vacío, en direcciones opuestas y a una velocidad cercana a la de la luz, lo que les permitirá dar 11.000 vueltas por segundo al anillo. Debido a ello, al ojo humano sólo serán haces luminiscentes. Su verdadera identidad no podrá escapar, sin embargo, a la mirada de cuatro enormes detectores (LHCb, ATLAS, CMS Y ALICE) llamados en el CERN `los experimentos´. Situados estratégicamente a distancias equidistantes en el anillo, y tan grandes como catedrales, estos rastreadores son en realidad cámaras fotográficas, equipadas con sofisticados circuitos electrónicos, que registrarán y analizarán con extrema fidelidad y prontitud todo cuanto ocurra en el interior del círculo dorado.
Está previsto que, al llegar a estos santuarios, miríadas de partículas colisionen con una enorme energía y en un punto ínfimo. Al hacerlo, y en virtud de la fórmula descubierta por Einstein (E= mc2), según la cual la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado y, por tanto, la masa a grandes velocidades puede convertirse en energía, y viceversa, las partículas se transformarán en otras nuevas partículas, aún más pequeñas, algunas desconocidas y otras ya sabidas, aunque poco estudiadas. La trayectoria de todas ellas, un enmarañado dibujo de haces de luz, será analizada por las diferentes partes de estos ultrasensores que, dispuestas de forma concéntrica como las capas de una cebolla, registrarán millones de sucesos por segundo. Luego, y gracias a un sistema informático llamado Trigger, serán capaces de transmitir los datos en cuatro milisegundos a una granja de entre 2.000 y 5.000 computadoras, donde se estudiarán, clasificarán y almacenarán.