¿Una cita ineludible? El próximo viernes, coincidiendo con el Día Mundial del Alzheimer. ¿Motivo? Se estrena ¿Y tú quién eres?, película de Antonio Mercero que aborda la enfermedad del olvido. ¿Protagonistas? La pareja que hoy luce su savoir-faire en la portada de XLSemanal. Para quitarse el sombrero y gritar: ¡chapeau!.
Correctos y sonrientes. Con esa cordial educación que, en ocasiones, les tocaba fingir en la gran pantalla (¿quién no lleva alguna frase o secuencia de sus películas almacenada en el disco duro de la memoria?). Aunque, por lo visto, desde el apretón de manos previo a la sesión de fotos, uno y otro dejan patente que lo suyo no es pose. Es más, Manuel Alexandre (Madrid, 1917) y José Luis López Vázquez (Madrid, 1922) superarían con nota y sin esfuerzo un examen sorpresa de esa soplapollez llamada educación para la ciudadanía. Que aprendan los estudiantes de interpretación. Modales. Fuera y dentro de la pantalla. Con actores así, sobra el Goya de Honor de la Academia. Y ahora vienen a ilustrarnos sobre los estragos del alzheimer. Dos tipos que todo el mundo recuerda nos hablan de la desmemoria. ¡Qué punzante contradicción!, ¡por la gloria de YouTube! Pero, mejor, que hablen ellos. Que cuenten, que cuenten... Nos limitaremos a preguntar.
XLSemanal. ¿Cómo andamos de salud?
Manuel Alexandre. Yo, de momento, no me puedo quejar. José Luis López Vázquez. Estamos bien, afortunadamente.
XL. Con los achaques propios de la edad, supongo.
M.A. ¿Quién yo? Ningún achaque. Estoy perfectamente. J.L.L.V. Y yo, ¿no me veis?
XL. ¿Nada de lo que debamos preocuparnos entonces?
M.A. Nada, nada. Estamos hechos unos chavales. J.L.L.V. Y eso que, a ciertas edades, el mero hecho de estar aquí ya es algo farragoso. Pero no nos podemos quejar. Nada preocupante. Y todo [ríe]. Hechos unos chavales. M.A. De momento [sonríe]. J.L.L.V. Eso, de momento. Y hasta que Dios quiera.
XL. Por lo menos, trabajo no les falta, lo cual no es poco.
M.A. Pues no es nada frecuente, la verdad. J.L.L.V. Y eso que, por lo menos yo, ya no me encuentro con las mismas ganas que antes. Noto que me faltan recuerdos y muchas cosas que antes sí tenía y ahora no tengo. Uno se va resintiendo con la edad. He hecho muchas películas, pero ahora ya no estoy en disposición. Hay cosas que van fallando.
XL. ¿Sorprendidos de conseguir, a estas alturas del partido, una buena historia como ¿Y tú quién eres?
M.A. Pues sí. Muy sorprendidos y agradecidos a Antonio [Mercero], que es el autor. J.L.L.V. Ha sido muy grato poder trabajar otra vez contigo, Manolo, y con Álvaro [de Luna]. Os considero amigos de esos que me han acompañado durante toda mi carrera.
XL. El alzheimer. La posibilidad de borrarse. Toda una maldición. ¿Lo han llegado a temer alguna vez?
M.A. Yo no. No sé lo que es eso, personalmente. He visto gente, eso sí, a mucha gente con alzheimer, porque me ha tocado visitar enfermos para preparar la película. Es algo tremendo. Es ‘no estar’. Ésa es la sensación que me dieron los viejitos. No estaban. Era como si no estuvieran, aunque permaneciesen sentados enfrente de mí. J.L.L.V. Supongo que estarán en ello los médicos, los científicos y la gente experimentada. Espero que acaben descubriendo la manera de acabar con esta maldición. Leo por ahí que vivimos un momento bastante feliz para la tecnología médica. Ya os digo, confío en que se acaben tapando estos problemas como el alzheimer o el párkinson.
XL. ¿Cómo se estudian los guiones a partir de cierta edad?, ¿cuesta más o menos por aquello de la fuerza de la costumbre?
M.A. No, la costumbre no sirve de nada en estos casos porque el problema es que cansa aún más que no tenerla. En estos casos, el músculo se acaba cansando. La memoria acaba fatigándose antes por culpa de los excesos. J.L.L.V. Así es. Y eso que yo no he tenido nunca buena memoria. He tenido compañeros con una memoria excepcional. Pero, aun así, he salido siempre del trance. Ya desde niño tenía problemas para memorizar las cosas. De hecho, nunca fui un buen estudiante. Llegué a estudiar tres años de bachillerato, pero mi madre, al ver que me costaba un gran esfuerzo, me puso a trabajar. ¡Y luego resulta que me he tenido que aprender, por lo menos, 300 guiones y 80 o 90 funciones de teatro y de todos he salido indemne! M.A. Pero, vamos, yo, de momento, como no pienso hacer nada más en cine, pues no tengo ya ningún problema, ¿verdad?