Número: 997
Del 3 al 9 de diciembre de 2006
 
 

 
 
ZOOLOGÍA

JANE GOODALL, PRIMATÓLOGA
«En el mismo contexto, primates y humanos nos comportamos igual»

MARIO ROJAS
Goodall, centrada ahora en su fundación, estuvo en España invitada por Obra Social Fundación La Caixa.

Tras pasar 45 años conviviendo con primates en África, Goodall `alucina´ con que sigamos masacrando a un animal con el que compartimos el 98% de información genética. Tan activa como siempre a sus 73 años, habla con XLSemanal de su experiencia y su confianza en encontrar soluciones para ellos y, de paso, para los humanos.



XL. De pequeña se enamoró de Tarzán…
Jane Goodall.
Sí. Tendría 11 años cuando leí las novelas. ¿Y qué hizo él? Se casó con la otra, Jane. ¡Me moría de celos! [Ríe] En ese momento decidí que quería ir a África. No para encontrar a Tarzán, pero sí el mundo mágico que aparecía en los libros.

XL. ¿Cómo recuerda su llegada a África?
J.G.
Lo primero que hice fue subirme al tren de Mombasa a Nairobi. Miraba por la ventana y veía animales, paisajes. Todo parecía irreal. Al llegar me recogieron en coche y nos encontramos con una jirafa en la carretera. ¡Increíble!

XL. Allí conoció a un hombre que habría de cambiar su vida: el arqueólogo Louis Leaky. ¿Cómo fue su encuentro?
J.G.
Lo conocí a través de unos amigos. Un día fui a visitarlo al Museo de Historia Natural de Nairobi, que él dirigía. Empezó a hacerme preguntas sobre animales y pude responder a todo. Le impresionó que una jovencita recién llegada, y sin ninguna titulación, supiera tanto de la fauna africana. Además, era muy entusiasta, era joven, era guapa… Y eso también era importante para Louis Leaky. [Ríe]

XL. Lo siguiente fue mandarla al Parque Natural de Gombe a estudiar los chimpancés. Pero su madre tuvo que acompañarla.
J.G.
Sí, vino porque las autoridades de lo que entonces era Tanganica no permitían ir a una chica sola. Así que mi madre vino cuatro meses. Ella siempre me apoyó.

XL. ¿Cuánto tiempo le costó ganarse la confianza de los chimpancés?
J.G.
Mucho. Tardé al menos ocho meses en poder acercarme a David Greybeard, el primero con el que entablé cierta relación. Con los demás me llevó mucho más tiempo.

XL. ¿Cómo supo que David aceptaba su compañía?
J.G.
El primer cambio llegó el día que me permitió seguirlo. Al principio, él se aproximaba de vez en cuando; pero si yo tomaba la iniciativa, se marchaba corriendo. Hasta que un día, más de un año después, empezó a ir por una zona llena de vegetación. Los pinchos se enredaban en mi ropa y en mi pelo, así que lo perdí. Cuando por fin llegué a una zona despejada, me encontré a David sentado, como si me estuviera esperando.

XL. ¿Y…?
J.G.
Me senté junto a él. Cogí un fruto del suelo y se lo acerqué. Lo primero que hizo fue girar la cabeza hacia otro lado. Así que se lo acerqué más todavía. Me miró y tiró el fruto que le ofrecía. Pero después me cogió la mano y la apretó, suavemente. Así es como los chimpancés se dicen entre sí que todo está bien. Fue una comunicación no verbal, algo muy parecido al modo en que nuestros ancestros debían de comunicarse entre sí.

XL. Tienen también una ajetreada vida política.
J.G.
Sí. Cada grupo tiene sus reglas, y hay mucha actividad política a la hora de decidir qué macho sube a la cima. Forman alianzas, y dirías que se mueven por estrategias a largo plazo, aunque quizá no sean conscientes. No todos los machos llegan a ser el número uno, pero invierten mucha energía en intentarlo. Además, la violencia intergrupal es sorprendente. Su objetivo es la muerte.

XL. ¿Como los humanos?
J.G.
Bueno, ellos no tienen armas. ¡Afortunadamente! Si las tuviesen, no quedaría ni uno vivo.

XL. Una vez dijo que si hubiese sabido que los chimpancés se parecen tanto a nosotros hubiese escogido otra especie...
J.G.
¡No! Eso es lo más fascinante, porque nos ayuda a comprender nuestra propia evolución. Y cada vez encontramos más similitudes. Lo que sí es verdad es que yo hubiese estudiado cualquier animal, pero Leaky me puso en la senda de los chimpancés.

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La violencia es una característica innata de chimpancés y humanos. Si ellos tuvieran armas, no quedaría uno vivo»




Cada gesto que haces tiene un impacto en el mundo. Eso es lo que inspirará a los jóvenes para mejorar el planeta»


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