RUPERT MURDOCH «Estoy orgulloso de tener tantos enemigos»  | | DANIEL G. LóPEZ Y CHEMA BARROSO / ABC | | Rupert Murdoch y su esposa, Wendi Deng, 36 años más joven que el magnate de la comunicación, acudiendo al enlace de Ana Aznar y Alejandro Agag |
El dueño de la Fox, MySpace y un conglomerado de prensa integrado por más de cien periódicos acaba de coronar su imperio con la compra del prestigioso Wall Street Journal. Entrevistamos al controvertido magnate de la prensa amarilla.
«Se están sacando cinco billones de dólares y siguen empeñados en controlar el periódico –increpa Murdoch al teléfono–. ¡Cuando el sector está en plena crisis! No pueden pretender vender un periódico y querer seguir dirigiéndolo. ¡Así no funcionan las cosas!». Son las cinco de la tarde del viernes 22 de junio y el presidente de News Corp –el tercer grupo mediático del mundo, cuyo valor está estimado en unos 50 billones de euros, y una de las pocas megacorporaciones controladas por una sola persona– está sentado en su cuartel general de Manhattan, tratando de cerrar un negocio que tiene planeado desde hace diez años. (...) Su discutida opción de compra por valor de cinco billones de dólares destinada a adquirir el grupo Dow Jones y su joya de la corona, The Wall Street Journal, están en peligro. Como un jugador de póquer, hace un amago –muy creíble—de romper las conversaciones.
Se estima que su fortuna personal asciende a nueve billones de dólares. Dinero que Murdoch gasta a la antigua usanza: recorriendo el mundo en su 737 privado y relajándose de vez en cuando en el yate que tiene amarrado en Saint Tropez. Él y su tercera esposa, Wendy Deng, que tiene 38 años y es originaria de China, han sumado dos hijas, de tres y cinco años, a una familia formada por cuatro hijos adultos procedentes de sus dos matrimonios anteriores. Murdoch gusta de decir que todavía le quedan 20 años por delante. Y es verdad que su madre tiene 98 años. (...)
La puja por The Wall Street Journal ha hecho que muchos se acuerden del Murdoch de 30 años atrás. Tras hacerse con varias cabeceras de la Fleet Street londinense, en 1976 compró un diario estadounidense en decadencia, The New York Post, tras prometer solemnemente a la familia propietaria «conservar los puntos de vista y las tradiciones del periódico». Consumada la compra, Murdoch al momento situó el Post a la derecha extrema del espectro político y aligeró sus contenidos con intención de hacerse con unos lectores mucho menos exigentes. (...)
Algunos de los que lo conocen bien sugieren que los medios de comunicación suelen presentar una caricatura del personaje. «Murdoch tiene muy mala prensa y, a la hora de demonizarlo, hay quien muestra tan poca objetividad como la que suele endosársele a sus periódicos», opina el británico Roy Greenslade, profesor de periodismo en Londres y columnista en The Guardian izquierdista. «Quienes piensan que va a hundir el Journal van a llevarse un chasco. Muchos no terminan de entender que Murdoch tiene clarísimas las diferencias entre un diario sensacionalista y un periódico serio». (...)
Sus allegados aseguran que, en los últimos tiempos, ha cambiado, que empieza a pensar más en su legado y que planea modernizar el Journal de modo impecable a fin de salvaguardar su propia imagen pública.
–Murdoch está pensando en su obituario –afirma un buen conocedor. El magnate se mofa de tales observaciones. (...)
Murdoch empezó a comprender las dimensiones del fenómeno Internet más como hombre de negocios que como usuario. «A fines de 2004 empecé a notar que cada vez llegaban menos anuncios a la prensa escrita, al tiempo que la publicidad en televisión tampoco crecía. Me dije que tendríamos que andarnos con ojo.» Empezó a evaluar posibles adquisiciones. Y se decidió por MySpace. «Su despegue fue muy instructivo para mí. Al principio era una página para chavales jóvenes, pero la edad promedio de los usuarios hoy no hace más que crecer.» (...)
Murdoch es el último de los magnates de la comunicación al viejo estilo, como Henry Luce, William Randolph Hearst y William Paley, hombres apasionados por las cabeceras de las que eran dueños y que empleaban para enriquecerse e influir en la política y la sociedad. Pero a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Murdoch lleva mucho tiempo descollando por su capacidad para ir siempre un poco más allá. Amado u odiado, ha irrumpido en el siglo XXI como un magnate periodístico de nuevo cuño.
(Ver artículo completo en XLSemanal 1033).Eric Pooley < volver
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