Número: 1067
Del 6 al 12 de abril de 2008
 
 

 
 
SE HABLA DE...

Carta desde África
MONTANDO PUPITRES

GONZALO SáNCHEZ-TERáN
Nuevos pupitres y reclutamientos forzosos en la escuela de Gouroukoun.


Estábamos en Gassire montando pupitres para los nuevos hangares de la escuela y sólo por la tarde supimos lo que había sucedido esa mañana en el campo de desplazados de Gouroukoun. Dos pick-ups del Ejército chadiano descendieron desde Goz Beida y aparcaron junto al centro de distribución: los soldados, fusiles en ristre, conminaron a los jóvenes a subir en sus vehículos y partieron con ellos camino de los cuarteles. Desde hace tres meses, el Ejército intenta reconquistar la región de Tissi, en la frontera con Sudán y la República Centroafricana: como nadie quiere ir allí a morir, empezaron con el reclutamiento forzoso. Todos pensábamos que durante la temporada de lluvias la situación se calmaría, pero no ha sido así. Cada vez hay más militares en Goz Beida, unos pertenecen a la etnia del presidente; otros, a la del ministro de Defensa, se odian entre sí, desprecian a la población local y esperan a que se seque el barro para seguir adelante con su oficio: matar.


Entre esos jóvenes había varios alumnos de nuestra escuela en Gourokoun, chicos de 13 o 14 años. También agarraron a Assafi Ahmat: Assafi tiene 16 y cara de crío, estudia la secundaria en Abéché y ha venido al campo de desplazados, donde reside su familia, a pasar las vacaciones. Nos está ayudando en el colegio ensañando a leer y escribir a los más pequeños. Como tenemos la atestación de que forma parte del profesorado, conseguimos que lo dejaran regresar a Gouroukoun; de los demás aún no sabemos nada. Anoche fui a hablar con el prefecto de Goz Beida, pero vino a decirme que su poder terminaba en la puerta del cuartel. Es difícil convencer a los jóvenes de ir al colegio cuando saben que su porvenir queda en las dunas del este, disparando para defender a un dictador.


A cientos de kilómetros al norte de aquí, en Trípoli, el Gobierno del Chad y los rebeldes llevan un mes enfangados en sus conversaciones de paz, acusándose de miserias en el salón de un hotel, lejos de la lupa de una comunidad internacional miope y parcial: si un rincón de África no produce suficientes muertos o suficiente petróleo, bien puede pudrirse al sol sin desvelar a nadie. Francia, al tiempo que promete fondos y comida para aliviar a las víctimas del conflicto, protege al presidente del Chad, Idriss Déby Itno, el manso servidor que recluta menores a la fuerza y tortura a sus prisioneros: a menudo, la asistencia humanitaria es el moderno opio del pueblo.


Mañana volveremos a Gassire, a llevar las pizarras para los dos nuevos hangares que cobijarán a 200 niños: continuamos poniéndonos medallas y sintiéndonos importantes porque damos alimentos, mantas y cuadernos a quienes necesitan justicia, justicia y justicia.

Gonzalo Sánchez-Terán

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