 | | MARIETA/EL COMERCIO | | Woody Allen en el paseo de la playa de Salinas durante su recorrido por distintos puntos de la comarca de Avilés para localizar exteriores para su próxima película |
| WOODY Y SUS MUJERES
Ni Nueva York ni Londres: Avilés y Barcelona. El genio de Manhattan ha elegido nuestro país para rodar su última película. Hemos estado con él. Nos ha dicho que ésta va a ser una de las experiencias más maravillosas de su vida... Y muchas cosas más.
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Fíjate en su piel», me susurra el fotógrafo, justo antes de que entre. Pero no percibo nada raro a primera vista. Zapatos marrones, pantalones de pana también marrones, jersey verde oscuro, camisa azul a rayas, pelo escaso, gafas y una cabeza enorme; o sea, el Woody Allen que todos conocemos. Aparenta la edad que tiene, 71 años, pero no aparentaba menos cuando le hacía la corte a Diane Keaton en Annie Hall. A lo mejor salió del vientre de su madre aparentando 71 años y con gafas.
Se sienta frente a mí en un soberbio sofá. Estamos en la lujosa suite del hotel donde se aloja. La habitación, recargada y barroca, tiene gruesas cortinas de brocado y alfombras muy historiadas. La atmósfera es densa, da la sensación de que no circula el aire. El lugar contrasta con la belleza de la ciudad. Parece una habitación para velar a un muerto. Pocos minutos después de empezar la entrevista, Allen se levanta del sofá. Se ha vuelto sordo –«uno de mis únicos defectos»– y no me puede oír. Se sienta a mi derecha para que podamos hablar, rodeado por mis grabadoras. Cualquiera diría que estamos en una sesión de espiritismo a causa de la penumbra.
Ahora, desde este ángulo, puedo ver bien su piel, y sí, no puedo negar que es francamente rara: tensa, pálida y de una tersura perfecta. Su cutis no es el de un joven, pero dista de ser el de un viejo. Parece irreal, por decirlo de algún modo. Sé que se preocupa mucho por su salud. No sería extraño, pues, que su blancura fuese fruto de alguna dieta exótica. Como muchos estadounidenses, es probable que piense que la muerte no es obligatoria y que conseguir la vida eterna sólo depende de una buena mezcla de píldoras y comida. Así que le pregunto si tomaría una píldora de la inmortalidad si alguien se la ofreciese.
«Ejem… tendría que pensármelo un poco. Pero quizá la tomaría, porque el problema del concepto de eternidad reside en que es un concepto humano, no hay una eternidad para pagar la compra de un piso. Pasado un tiempo, antes o después, aunque tu vida dure lo mismo que todo cuanto existe, ya no quedaría nada, ningún sitio al que ir. He pensado muchas veces que si de pronto decides que quieres ser inmortal, tendrías que tener mucho cuidado con las cosas que comes y con los sitios por los que caminas. Porque hay muchas probabilidades de que en cualquier momento te atropelle un coche.»
(Ver entrevista completa en XLSemanal 1028)Bryab Appleyard < volver
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ALLEN, SOBRE EL SEXO
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ALLEN, SOBRE EL AMOR
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ALLEN, SOBRE LA MUERTE
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«Es muy difícil ser ingenioso con una mujer joven y sexy. Cada vez que digo algo divertido, ella me supera» |
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WOODY, SOBRE PENÉLOPE:
«Estaba deseando trabajar con ella porque me parece muy buena actriz. Me siento afortunado de que esté disponible, y no grabando en América, África o en cualquier otro lugar» |
WOODY, SOBRE SCARLETT:
«Pienso que ella es la respuesta que Dios le da- ría a Job. Dios le diría: ‘He creado un universo aterrador, y francamente horrible, pero también puedo hacer una mujer como ésta, así que ¡deja de quejarte!´» |
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