MANUEL DE OLIVEIRA «Éste es un siglo ciego, donde sólo se sabe trabajar para ganar más dinero»
SUSANA VERA
No es sólo un maestro del cine. Es un sabio a punto de cumplir cien años, que ha vivido, leído y reflexionado, incansablemente, sobre temas capitales como el amor, la crueldad, la religión, el azar… Lo entrevistamos poco antes de estrenar su última película, Belle Toujours.
Parece guiado por una vitalidad sobrenatural. Lleva un bastón, pero, más que ayudarse, juega con él como lo hacía Charlie Chaplin, al que tanto admira. Y es que Oliveira, al que llaman el director-filósofo´, es el único que inició su carrera en el cine mudo y sigue en activo, dirigiendo una película cada año. Nos encontramos con él en los estudios Tobis, en Lisboa. Allí, nos habla de su último filme, de la necesidad de la ética en la vida y en la profesión. De Spinoza, su filósofo de cabecera, y de cómo el hombre es, ante todo, imagen y memoria.
XLSemanal. ¿Cómo se le ocurrió la idea de Belle Toujours?
Manuel de Oliveira. De una forma inesperada; por supuesto, lo primero que tenía en mente era rendir homenaje a Luis Buñuel. Lo importante era el cómo. Decidí reunir a los dos protagonistas de Belle de Jour, la película de Buñuel, 40 años después, con el pretexto de que él tiene un secreto que ella estará ansiosa por descubrir. Una excusa para explorar los recuerdos, las fantasías y frustraciones de los dos personajes. Y del ser humano que, como animal, se deja llevar por los instintos.
XL. ¿Conoció a Buñuel?
M.O. Conocí a sus hijos en México, son muy agradables. Pero a él, no. Una vez coincidí en una cena con una de sus amigas, que era corresponsal de un periódico en París. Al acabar, me dijo que se iba a ver a Buñuel y le expresé mi gran deseo de acompañarla y conocerlo. Me dijo que ni yo hablaba español ni él buen francés y que, además, estaba casi sordo. No hubo encuentro y creo que fue mejor así, porque seguramente me habría quedado petrificado sin saber qué decir.
XL. ¿Qué le interesa tanto en Buñuel?
M.O. Para mí hay cuatro figuras cumbre en el cine: Carl Theodor Dreyer, Orson Welles, John Ford y Charlie Chaplin. La razón es que respetan la deontología que debe regir en el cine y que poseen visiones profundamente morales. Lo que sucede es que me siento más cerca de Buñuel porque, como yo, es ibérico, menos frío; Buñuel mostró como nadie el deseo, la perversión y la crueldad del hombre… Los instintos más bajos y los más elevados, pero no olvidaba la moral. Por eso sentía desprecio por la burguesía, porque es una clase que se saltaba la moral. He reflexionado mucho sobre Buñuel. Mostró la condición humana en todas sus caras de la forma más elegante, sutil e irónica que se pueda concebir. Afirmaba que no creía en Dios porque sentía horror ante la crueldad humana. No entendía que un buen dios pudiera permitir tanta crueldad, pero, aunque se declaraba ateo, sí que creía en el misterio de la vida, en el misterio del ser humano… quizá en el misterio de Dios. Y pienso que eso es lo esencial.
XL. Imagino que el cine de hoy, lleno de obviedad, sexo y violencia gratuita, no es el suyo...
M.O. Hoy, todo está permitido, pero sin gracia. Creo que incluso el cine es cruel con los actores. Se ha olvidado que hay una ética, una elegancia, un sentido moral que diferencia al ser humano de otras criaturas. Pero el único límite que rige en el cine es la ley de la audiencia. Éste es un siglo ciego, donde sólo se sabe trabajar para ganar más dinero. El dinero está por encima de la vida humana. Vamos hacia una existencia donde parece que la superficialidad se ha adueñado de la vida, que, a su vez, se convierte en algo cada vez más artificial, menos humano. Nos hemos olvidado de que somos hijos de la naturaleza. No sé si tiene sentido todo lo que digo porque, en realidad, con el tiempo me he dado cuenta de que no sé nada. Simplemente soy un espectador de la vida, de los otros, de mí mismo. Estoy a punto de cumplir cien años y soy consciente de que como materia voy a desaparecer, a morir. No me preocupa.