Número: 1067
Del 6 al 12 de abril de 2008
 
 

 
 
SE HABLA DE...

CARTA DESDE ÁFRICA
El que parte y reparte

GONZALO SáNCHEZ-TERáN
Maestros comunitarios formándose en Goz Beida durante este mes de mayo.


Hoy, después de comer, ha empezado la primera sesión de formación para los maestros comunitarios de la zona de Goz Beida. Durará cuatro días: la hemos organizado por la tarde para que no interfiera con el horario de los colegios. Al final de las clases recogemos a los maestros de las escuelas abiertas en los tres campos de desplazados que rodean la ciudad, Gouroukoun, Koubigou y Gassire, y en dos aldeas cercanas, Sannour y Abchour, los traemos a Goz Beida, comemos juntos y empieza la sesión. Al acabar, hacia las cinco, los llevamos de vuelta a sus casas para que a las siete de la mañana del día siguiente puedan estar en los hangares que ejercen como aulas. La formación se realiza en árabe y en francés, las dos lenguas oficiales del Chad, con un buen material: pedagogía, organización de las clases, conocimiento del niño, métodos de enseñanza. Sobre el papel parece una formación de formadores típica, como las que se hacen por todas partes, mas no lo es.


Para una población desplazada de más de 35.000 personas, de las cuales casi un tercio está en edad escolar, tenemos dieciséis maestros. No hay más: nunca hubo muchos en esta tierra y los pocos que había huyeron a causa de la violencia o, con la llegada de las agencias humanitarias, han encontrado trabajos mejor remunerados. Los que han quedado en los colegios, ataraza el corazón decirlo, son quienes no tienen capacidad para hacer otra cosa: varios hombres y dos o tres mujeres inhábiles para leer un texto de corrido y mucho menos comprenderlo. Es imposible que transmitan conocimientos que no poseen: jamás han visto un colegio que funcione, apenas han aprendido nada. En los hangares murados con espigas de mijo a veces se hacinan más de doscientos críos: los maestros emplean la única disciplina que recibieron, la vara. Viven en la más absoluta pobreza: no ganan ni cuarenta euros al mes y deben buscar otros ingresos donde pueden, como guardianes nocturnos o vendiendo hornija en el mercado. Khadidja, la única maestra del campo de desplazados de Koubigou, se despierta antes del alba, prepara algo de comer para los suyos y camina una hora sobre la arena hasta llegar a su hangar, donde la esperan 150 críos desharrapados. Como me dijo un día sonriendo: «Es cansado tener tantísimos hijos». A mediodía, bajo un Sol talar, Khadidja hace el camino de vuelta. Otros maestros se esconden de la existencia bebiendo.


El problema está aquí, lejísimos de los grandes discursos, los conciertos solidarios, los famosos y los políticos concienciados, en estas míseras escuelas que cierran ámbitos en lugar de abrirlos. El problema es que tú y yo, que tuvimos desayunos, profesores y libros, competimos por los bienes del mundo con quienes jamás tuvieron nada de eso: en este maratón nos dan cuarenta kilómetros de ventaja. El problema real es que hacemos trampa.

Gonzalo Sánchez-Terán

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