Número: 1022
Del 27 de mayo al 2 de junio
 
 

 
 
LITERATURA

LA ÚLTIMA RESURRECIÓN DE DRÁCULA

D.R.
Larga melena rizada, bigote a lo Alatriste, tez morena y unos ojos grises de mirada penetrante. Ésa es la imagen real de Vlad III el Empalador. Ésta se conserva en el monasterio rumano de Snagov.

Bram Stoker tenía la idea: un relato de vampiros. Y un escenario: Transilvania. Pero le faltaba algo, un ser de carne y hueso que se convirtiera en su príncipe de las tinieblas. Lo encontró en la figura del príncipe Vlad III. La historia y la leyenda se dieron la mano en una obra inmortal como su protagonista, que este mes cumple 110 años.



Surgió de entre las sombras de una pesadilla, en una noche de sueño pesado por culpa de una cena demasiado copiosa. Primero fue una imagen inquietante; luego, una idea vaga que tomó cuerpo sobre un papel: «Una de las jóvenes intenta besarlo, no en los labios, sino sobre la garganta. El viejo conde se interpone –ira y furor diabólico–: Este hombre me pertenece, lo quiero para mí». La idea inicial creció en noches insomnes, hasta convertirse en una novela, en la mejor historia de vampiros de todos los tiempos. Su autor, la víctima de aquel banquete de marisco en mal estado, fue Bram Stoker. La fecha, 1897.


Pero el rey de los vampiros no surgió de la nada. El mundo de las tinieblas ya estaba de moda, y era uno de los temas más explotados en el tramo final del siglo XIX. El terror gótico del romanticismo, con sus castillos siniestros, sus criptas cubiertas de telarañas y sus doncellas perseguidas por seres diabólicos, llevaba años floreciendo bajo la pálida luz de la Luna llena. El castillo de Otranto, de Walpole; Melmoth el errabundo, de Maturin; El corazón delator, de Edgar Allan Poe; Otra vuelta de tuerca, de Henry James… Obras de teatro, folletines, novelas y espectáculos circenses retomaban una y otra vez el miedo y lo reelaboraban, incluyendo elementos de terror psicológico y jugando con la fascinación de un inconsciente recién descubierto.


Aquella pesadilla sólo removió una imaginación que ya estaba poblada por seres oscuros desde que la madre de Stoker le contara historias de fantasmas cuando era un niño. Este irlandés, nacido en 1847, funcionario primero y crítico y empresario teatral después, noctámbulo empedernido, visitante habitual de los barrios bajos y los locales más turbios, empezó publicando relatos de misterio en la revista popular Shamrock. Luego se le apareció un anciano vampiro y le reclamó que contara su historia.


Su primer nombre fue conde Wampyr, un chupasangre más de una larga serie. Quizá no habría pasado de esa categoría de no haber sido por Arminius Vambery, un húngaro experto en temas orientales que residía en Londres allá por 1890, cuando Bram Stoker le estaba dando las primeras vueltas a su idea. Fue Vambery quien le habló de las historias de vampiros de Hungría y Transilvania. De esta forma, Stoker ya tenía el escenario para su historia. El escritor irlandés pasó los años siguientes reuniendo información sobre los Cárpatos. Así dio con un libro acerca de la historia de Valaquia y Moldavia, dos antiguos principados en la actual Rumanía y con un nombre que le llamó la atención al instante: el del voivoda (título a medio camino entre príncipe y caudillo) Drácula. El nombre venía acompañado por una nota a pie de página: «Drácula, en valaco, significa `diablo´. Los valacos tenían por costumbre dar ese sobrenombre a todas las personas que se distinguen por su coraje, sus acciones crueles o su habilidad». El conde Wampyr se convirtió así en el conde Drácula. Sonaba mucho mejor y le daba un trasfondo histórico real a su relato. Perfecto. A Stoker sólo le quedaba documentarse sobre el mundo de los vampiros balcánicos. Quizá se le fue la mano: El capitán vampiro, de la belga Marie Nizet, pudo ser algo más que una fuente de inspiración: sus tramas son idénticas y hoy no habría dudas a la hora de plantear una demanda por plagio. Pero eran otros tiempos. Además, una de las novelas es desconocida y la otra, una de las más leídas de la historia.

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DE LOS BALCANES A HOLLYWOOD
Los mitos vampíricos son una suma de elementos. El cine ha aportado los últimos.


MENTIRAS ENSANGRENTADAS
El personaje histórico ha alumbrado muchos mitos. Todos, falsos.

LOS CIENTÍFICOS DICEN...
…que detrás de la creencia en los vampiros hay hechos explicables y nada ultraterrenos.

PARA SABER MÁS...
XLSemanal regala 50 ejemplares de ‘Drácula’
Sorteamos 50 ejemplares de la novela de Bram Stoker, en una edición de lujo de la Editorial Valdemar coordinada por Óscar Palmer Yáñez, entre quienes contesten correctamente (xlsemanal@tallerdeeditores.com) a la siguiente pregunta:
¿En qué revista publicó Bram Stoker sus primeros relatos de misterio?


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