Número: 1021
Del 20 al 26 de mayo
 
 

 
 
ENTREVISTA

D.R.
ROBERT KAPLAN
«El dominio global americano no durará mucho. Asia ya está preparando el relevo»


La CIA, el FBI y las Fuerzas Armadas norteamericanas lo consideran uno de sus analistas de referencia. Nada mejor que hablar con él para saber cómo piensa el establishment militar americano. En su nuevo libro retrata la vida y la mentalidad de los marines, los «verdaderos agentes del imperio».



Este hombre ha estado en (casi) todas partes. Por eso, cuando opina, habla de lo que ha visto y oído. Desde que a los 22 años, recién graduado, se compró un billete de ida para Túnez, Robert D. Kaplan no ha dejado de viajar para conocer y retratar el mundo que los medios de comunicación no suelen mostrar. Odiado y admirado a partes iguales, este periodista y escritor es un firme defensor de EE.UU. y de su papel en el orden mundial. No en vano la CIA, el FBI, el NSA y las Fuerzas Armadas de EE.UU. aprecian sus análisis «realistas». La Marina, incluso, lo tiene en su nómina de profesores en su Academia de Annapolis, la elegante capital de Maryland, donde Kaplan recibe a XLSemanal. A sus 55 años, casado y con un hijo, acaba de publicar en España Gruñidos imperiales (Ediciones B), donde da voz a los soldados y marines con los que ha convivido en países como Filipinas, Colombia, Mongolia, el Yemen y, por supuesto, Irak, ofreciendo un revelador fresco sobre los «verdaderos agentes del imperio».


XLSemanal. ¿Sabe si George Bush ha leído Gruñidos imperiales? En él se crítica su estrategia en países como Irak o Afganistán...
Robert Kaplan.
Lo leyó, lo comentó en una rueda de prensa. Mis críticas son muy específicas, de hecho son los comentarios que me hicieron los soldados sobre el terreno, quejándose del exceso de burocracia en la cadena de mando. Por ejemplo, se detecta un objetivo y la orden de ataque tarda dos días en llegar. Es absurdo.

XL. ¿No habló personalmente con Bush?
R.K.
Sí. Estuve con él en junio pasado y me dijo: «Recuerdo tu capítulo sobre Afganistán, Robert. Fuiste muy crítico». Y añadió: «Pero estamos intentando mejorar». Bueno, no lo creo, pero ya veremos este verano.

XL. Bush dijo: «El que no esté con nosotros está contra nosotros». ¿No es muy simplista para alguien que dirige un imperio?
R.K.
Bueno, es un argumento razonable sobre una situación muy concreta, en términos de ayudar a combatir a Al Qaeda: «Si saben algo y nos lo ocultan, son nuestro enemigo». Pero en términos reales debe definir unos parámetros más amplios. Mire, reconozcámoslo, el presidente no es un gran comunicador.

XL. EE.UU. posee bases y derechos de bases en unos 60 países y operaciones activas en unos 170. ¿Los soldados tienen conciencia de luchar por un imperio?
R.K.
No, en absoluto. A nadie le gusta la palabra `imperio´, pero yo digo: «¡Mala suerte!». La realidad es que los desafíos y las frustraciones que las tropas afrontan en todo el mundo son las mismas de otros imperios a lo largo de la historia. La diferencia es que no queremos autodenominarnos así ni poseer colonias, pero vivimos una situación de tipo imperialista.

XL. Todo imperio vive un apogeo que precede a su declive, ¿en qué momento estamos?
R.K.
El momento imperial norteamericano no durará mucho más de dos décadas. Mientras estamos ‘distraídos’ en Irak, los militares de China, la India, Corea del Sur, Japón, etc. están reforzando los lazos entre sí y con el exterior. Asia prepara un resurgimiento. Ahora bien, EE.UU. mantendrá una fuerte influencia, no existe un poderío que se acerque siquiera al de EE.UU. Y no habrá un verdadero competidor por, al menos, diez años más: China.

XL. ¿Cómo se plantea EE.UU. su rivalidad con China?
R.K.
No debemos medir el avance de China como un regreso del enfrentamiento con los soviéticos. Será muy diferente, más sofisticado; los chinos aprenden rápido, solucionan problemas. A diferencia de los soviéticos, que repetían errores una y otra vez, los chinos son competidores extremadamente capaces.

XL. ¿Da la impresión de que en África y Latinoamérica les están ganando la partida?
R.K.
Ellos tienen un modelo muy atractivo de desarrollo, hacen un trabajo previo muy interesante y su estrategia no es invasiva. Para los africanos y latinoamericanos es una forma de conseguir dinero, desarrollo e infraestructuras despojándose, por fin, de su dependencia de las potencias occidentales. Eso, de paso, satisface una necesidad psicológica de esos países.

XL. Dígame, ¿qué país, que no esté hoy en titulares, será un futuro escenario de inestabilidad, ese sitio sobre el que paguemos el precio de no prestarle la debida atención?
R.K.
Nigeria, sin duda: una combinación de radicalismo islámico, petróleo y un Gobierno incapaz de imponer la ley en todo su territorio. El golfo de Guinea es una zona muy inestable. El petróleo en África es un potencial de conflicto: las élites locales son cada vez más ricas; la población, más pobre, y aquéllas luchan por mantener sus privilegios. Nigeria es el país más grande y rico de la región; habrá problemas.

XL. Los últimos informes hablan de la expansión de Al Qaeda por el desierto del Sahel, que incluye el norte de Nigeria. ¿Es ésa una de las razones de su preocupación con ese país?
R.K.
Efectivamente. En la continuación de Gruñidos imperiales, que se publica en EE.UU. en octubre, hablo de eso.

XL. ¿No puede adelantar algo más? Ésos son despliegues de los que nadie tiene noticia.
R.K.
Bueno, se asume que, como nadie habla de ello, nada ocurre allí. Llevamos cinco años en el Sahel.

XL. ¿En qué consiste la presencia de EE.UU. en la región?
R.K.
Lo verá en el libro. Pasé un mes con una unidad de las Fuerzas Especiales (FE) en el sur de Argelia, otro con una de marines en Níger y una semana y media con otra de FE en Malí.

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