Número: 916
Del 15 al 21 de mayo de 2005
 
 

 
 
ENTREVISTA

AMITAV GHOSH

D.R.

Junto con Salman Rushdie o Arundhati Roy, es una de las voces más firmes de la literatura india en lengua inglesa. Aprovechando el lanzamiento de su última novela en España, hemos charlado con él en Nueva York, donde vive. Éstas son las ideas que lo han convertirdo en un escritor universal.

Periodista, ensayista, profesor de antropología en la Universidad de Columbia... en dos décadas de carrera literaria, Amitav Ghosh (Calcuta, 1956) ha escrito seis sorprendentes novelas –la última, La marea hambrienta (Emecé), se publica esta semana en España– en las que retrata como nadie la vitalidad y la tragedia de India. Ha vivido en Bangladesh, Egipto, Sri Lanka, Irán, Inglaterra y, ahora, en Nueva York. En un restaurante en el Soho, Ghosh nos habla de los secretos de su escritura, de su país, de las armas nucleares, del fundamentalismo y de los imperios antiguos y de otros más contemporáneos. Bajo su aspecto afable, habita un escritor comprometido y combativo.

El Semanal. ¿Es verdad que rechazó el prestigioso Commonwealth Writers’ Prize?

Amitav Ghosh.
Así es. Fue por mi novela El palacio de cristal. Ese libro surgió porque quería contar cómo afectó el imperialismo a India. Cuando me seleccionaron, sentí que no debía participar. No podía aceptar un premio cuyo objetivo es limar la percepción de las consecuencias de la política imperial.

E.S. Una de ellas es que usted escriba en inglés. ¿No se siente incómodo?

A.G.
No diría eso exactamente. Para mí, es una lengua adoptada. Yo no fui educado en bengalí, nunca tuve acceso a la literatura bengalí. Si me hubiera criado en Calcuta, tal vez no escribiría ahora en inglés. Es la lengua en la que mejor me expreso.

E.S. Los británicos, los españoles también, presumen de que la lengua es el gran legado dejado a sus ex colonias...

A.G.
Cuando los japoneses conquistaron el sudeste asiático, decían: «El más grande es aquel que no teme la prosperidad». El imperialismo siempre inventa eufemismos para justificarse. La palabra Commonwealth [bienestar común] es uno de ellos. No hay nada parecido a un commonwealth en la Commonwealth. Si lo llamaran Premio de la Explotación Global, tal vez lo hubiera aceptado.

E.S. ¿En serio?

A.G.
Ni hablar [ríe]. Pero sería más sincero.

E.S. Usted ha analizado en profundidad el antiguo Imperio Británico. ¿Siente que la historia se repite?

A.G.
La actualidad me recuerda poderosamente a aquellos tiempos. Su mensaje era: «Somos los buenos, os traemos la libertad». Y en el nombre de la libertad, te conquistan [ríe]. Es lo mismo que dice Bush. En la parte del mundo de la que provengo ya sabemos de qué trata eso de ser liberados de nosotros mismos. Conocemos la historia, no somos idiotas, y sabemos que ésa no es la solución.

E.S. Una vez dijo que India es culpable de las mismas cosas que EE.UU., al fomentar el fundamentalismo y el terrorismo...


A.G.
Verá, en los 80, Indira Ghandi y el Partido del Congreso impulsaron el fundamentalismo hindú, pero, a diferencia de EE.UU., India nunca lanzaría una invasión. De hecho, ha sido un país continuamente invadido, que ha ido asimilando tradiciones diversas para dar lugar a una riquísima cultura caracterizada por el sincretismo y la tolerancia.

E.S. ¿Y el sistema de castas sociales?

A.G.
Tras la independencia, la Constitución otorgó muchos derechos a los dalits [parias]. Ha habido una tremenda transformación en los últimos 30 años. Nadie puede gobernar hoy sin contar con el apoyo de las castas inferiores.

1 2 3 4 >

  
 





HoyMotor HoyCinema LaGuiaTV Finanzas HoyTecnología HoyMujer
 xlsemanal(c)2005 Aviso legal | Mapa del web