NO SIN MI HIJO Frenazo a las adopciones  | | CARLOS CARRIÓN |
Ya tienen la foto de su pequeño, saben su edad, su nombre y el orfanato donde se encuentra. Sólo esperan una llamada para ir a buscarlo. Pero los países con niños en adopción, China, Rusia, El Congo…, cada vez endurecen más sus condiciones. Les contamos la callada y angustiosa espera de miles de parejas hasta abrazar al niño que les han asignado.
Hotel Ambassador, en Brazzaville, República del Congo. Cinco familias españolas duermen con sus hijos recién adoptados. Amanece. Deben tomar un avión en pocas horas. Están exhaustos, pero felices. Culminará así la odisea que comenzó hace casi tres años, cuando decidieron adoptar, y que desde el pasado verano se ha convertido en un calvario. Pero la Policía congoleña irrumpe en el hotel y se los lleva a comisaría. En el último momento se ha sabido que el padre biológico de uno de los pequeños no ha renunciado a la filiación. El Gobierno del Congo comunica esta decisión a la familia afectada, a la vez que autoriza los visados para que regresen a Barcelona. Un día más tarde llegan por fin al aeropuerto de El Prat. Cuatro de ellas, radiantes y con sus hijos. Una, sumida en la desesperación y con los brazos vacíos.
Los cuatro menores congoleños se llaman Moïse, Guillem, Anne Patrice y Theo. Cuando sean mayores, alguien les contará la peripecia de sus padres y se sentirán orgullosos. No son héroes, pero las autoridades del Congo y España los han obligado a comportarse como tales. Desesperados, se plantaron en el país africano hartos de que la Generalitat y Asuntos Exteriores mareasen la perdiz. Por las bravas. Cerrando sus negocios y aparcando sus profesiones durante casi dos meses. «Esto debería ser una fiesta, pero la verdad es que estamos destrozados», comenta Pep Plaza con su pequeño en brazos, mientras mira de reojo cómo Xavier, el padre que ha tenido que regresar solo, se marcha a casa sin querer hablar con nadie, esquivando un comité de bienvenida compuesto por abuelas con pancartas y peluches. La alegría se mezcla con la indignación. «Ha sido una vergüenza. Los han abandonado a su suerte. Pero qué valientes: unos se han arruinado, otros han perdido el trabajo y otros han sufrido unas depresiones terribles», afirma un familiar.
Como todos los que se desplazaron al Congo a rescatar a sus pequeños, Xavier tuvo en brazos a su niño durante dos semanas, las que transcurrieron desde que un juez congoleño les otorgó la custodia de los pequeños –los padres contrataron a un abogado en Brazzaville– hasta que solucionaron los trámites para regresar a Barcelona. Lo tuvo en brazos, lo mimó, lo alimentó y jugó con él hasta que apareció el padre biológico de la nada y le destrozó el sueño. Pese a que había una sentencia de adopción plena y a que el niño llevaba ya 18 meses en la casa cuna de la entidad colaboradora de adopción internacional (ECAI) y, anteriormente, había estado en un orfanato.
Lo cierto es que la odisea del Congo ilustra la creciente dificultad a la que se enfrentan las familias españolas para adoptar en el extranjero. Futuros padres que deben demostrar una enorme tenacidad, enfrentarse durante años a un desgaste emocional y económico por momentos insufrible, soportar bofetadas burocráticas y encarar situaciones kafkianas a pecho descubierto. No sólo en el Congo. China está apretando las tuercas desde el 1 de mayo a cientos de parejas que ya han demostrado con creces en España, donde los certificados de idoneidad se examinan con lupa y se expiden con cuentagotas, su voluntad de ser padres modélicos. España es el segundo país del mundo que más niñas chinas adopta, unas 2.750 anuales, aunque el frenazo ya se está notando y será muy difícil que en el futuro se superen las 2.000. Que uno de los cónyuges no haya cursado el bachiller, que sea obeso o tenga problemas de ansiedad, depresión o diabetes o que padezca una minusvalía (una pérdida de audición, por ejemplo) ya son motivos suficientes para que el expediente se vaya al limbo. Los solteros, descartados. Y los homosexuales, ni en pintura: se los considera personas con un «desorden mental». Los ingresos mínimos por cada miembro de la familia deben ser de 8.000 euros al año. Así, una pareja sin hijos que quiera adoptar a una niña deberá acreditar un sueldo de 24.000 euros. Y eso, sin entrar en la letra pequeña.
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RUSIA
Susana Ramos, Barcelona. Tardó dos años y medio en adoptar a Iván. En la actualidad, lleva 32 meses intentando sacar del orfanato a su hermano Nicolai. |
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CHINA
Javier Tentor y Lourdes González, Madrid. Adoptaron a Claudia Wei-Wei y Susana Nian y tramitan ahora una tercera, que podría tardar mucho más que las anteriores. |
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CONGO
David Parcerisa y Judith Matamala, Manresa. Viajarán al Congo para intentar traer a su hija adoptiva, después de 11 meses de frenazo burocrático. |
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ETIOPIA
José Luis Martínez y Mercedes López, Valencia. Han adoptado a Lidet y están tramitando una segunda adopción en este país africano. |
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FILIPINAS
José Antonio Alcaraz y Mari Carmen Brugarolas, Murcia. Comenzaron los trámites hace siete años, primero en Rumanía y desde 2004 en este país asiático. |
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LA ADOPCIÓN POR PAÍSES
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