Número: 1067
Del 6 al 12 de abril de 2008
 
 

 
 
SE HABLA DE...

CARTA DESDE ÁFRICA
Otra Santa Helena de la vergüenza

GONZALO SáNCHEZ-TERáN
Goz Beida, nombre de un poblado al este del Chad, significa `duna blanca´ en árabe.


Desde hace un mes vivo y trabajo en Goz Beida, una pequeña población desplomada junto a las colinas que almenan el este del Chad. Goz Beida, en árabe, significa la `duna blanca´: la arena asfixia una tierra cicatera de arbustos, culebrea en los cauces secos por donde el agua fluye en los pocos meses de lluvias y rompe contra los tesos pelados. Más al norte el desierto del Sahara prohíbe colores y mucho más al sur se alzan las infinitas selvas del Ubangui: por estos páramos la humanidad se afana en sus apenas como un equilibrista cansado y tenaz. En las aldeas, los campesinos cultivan el mijo a golpe de sudor y azada. Pero son las mujeres las que de verdad se desloman tirando de la existencia: se levantan antes del alba para cocer el grano; salen a buscar agua sobre sus burros y aguardan frente a los pozos bajo el Sol obeso, a veces durante horas, para tener qué beber, con qué lavar a sus hijos; marchan lejos a recoger la paja para proteger sus chozas y la hornija para encender el fuego; al atardecer, trabajosamente, cocinan el alimento de los suyos. Y al cruzarse contigo encima te regalan una sonrisa que te lava por dentro: es admirable. (Hasta que Dios creó a la mujer, sus colegas le tenían por un creador meritorio; fue a partir de entonces cuando empezaron a llamarlo Dios.)



Los rezos hacia el oriente pautan la jornada, el ganado trashumante de las tribus nómadas provee la carne y el sultán de Goz Beida, un anciano culto y sensato, imparte justicia cuando ganaderos y agricultores se enfrentan por las lindes. En condiciones normales, aquí la vida es dura, pobre y digna.
Sin embargo, hace tiempo que las condiciones no son normales. Muy cerca los blancos trazamos la frontera con Sudán: todo el este del Chad limita con la inmensa provincia de Darfur, donde desde hace cuatro años la guerra ha dispuesto la muerte de docenas de miles de personas y ha echado a tiros de sus casas a dos millones más. Muchos de ellos habitan ahora en los 12 campos de refugiados sudaneses que como un vía crucis se han abierto en el Chad, dos de ellos junto a Goz Beida. En el último año, la guerra ha saltado la frontera: jinetes armados, rebeldes y soldados atacan, queman pueblos, roban reses, asesinan. Más de sesenta mil chadianos escapando de la violencia han tenido que instalarse en nuevos campos también alrededor de Goz Beida, sedientos, míseros, perseguidos por el horror del que huyen.


Hoy no te voy a hablar de motivos, armas, petróleo…; sólo quería contarte que aquí, en este lugar del que casi nadie ha oído hablar, hay otra Santa Helena de la vergüenza humana esperando que nuestra indignación venga a rescatarla.

Gonzalo Sánchez-Terán

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