Número: 1000
Del 24 al 30 de diciembre de 2006
 
 

 
 
ENTREVISTA

DUELO ADRIÀ-STARCK

JAVIER OCAÑA

Son dos maestros absolutos, cada uno en su territorio particular. Se admiran, se siguen los pasos y tienen mucho de qué hablar. Ésta es la charla que mantuvieron el diseñador y el cocinero más famosos del mundo, al recibir al alimón el premio Madrid Creatividad.



Ferran Adrià. Éste no es el primer premio idéntico que recibimos. Este año me han dado el de la Fundación Raymond Loewy de Berlín.

Philippe Starck. No recuerdo ese premio. Mi memoria es terrible.

F.A. Te lo dieron hace dos años. ¿Cómo es posible que no te acuerdes si son 50.000 euros, el premio de diseño más importante en Europa?

P.S. No lo recuerdo, la verdad, quizá no me interesaba. Si mañana me preguntaran qué he hecho hoy, no me acordaría de nada. Sólo de ti y de tus pequeños sándwiches. Por ejemplo, ayer estuve en Londres y de anteayer ya ni me acuerdo.

F.A. ¿Cuántos viajes haces al año?

P.S. Uno cada día.

F.A. Tu estilo de vida es muy diferente del mío. Yo paso casi todo el tiempo en el monasterio, donde está mi taller.

P.S. Tienes razón; sólo los imbéciles vuelan hoy.

F.A. Es distinto, puedes trabajar en diferentes cosas; es otro ritmo. Y, además, uno no puede estar de vida contemplativa para crear; es necesario un equilibrio. Ver otras culturas, viajar y, luego, retirarte a reflexionar.

P.S. He intentado moderar mi ritmo de trabajo, pero no lo logro. Estoy atrapado por el propio sistema que he creado, por las responsabilidades adquiridas con las compañías con las que trabajo. Recuerdo el shock que me produjo saber que mi primer cliente, una compañía española llamada Pro-forma, en la que había gente formidable que creyó en mí cuando apenas tenía 20 años, había quebrado porque no les entregué a tiempo los diseños de los nuevos modelos que me pedían. Cuando hace dos años se celebró mi exposición en Centro Pompidou, se realizaron estudios que mostraban que doy de comer a 330.000 personas. Me hizo sentirme muy contento y halagado, pero a la vez tomé conciencia de que no soy libre ni puedo decir adiós. Aunque sí desearía suavizar el ritmo. Cambiarlo.

F.A. No creo que puedas disminuir tu actividad. Sólo se puede decir adiós de golpe. Yo tengo un sistema de trabajo en el que delego los negocios a agencias de consulting e imagen. Yo me consagro a la cocina: quiero que El Bulli sea una máquina de creatividad, es la única forma de reinventarse. Tengo un equipo pequeño con el que trabajo para sacar más de 160 recetas nuevas anualmente. Los negocios con grandes empresas, que además pretendo dejar, han sido mi llave a la libertad creativa, porque uno necesita previamente una estabilidad económica, ingresos alternativos.

P.S. Mi equipo también es pequeño, el mismo desde hace 20 años. Me levanto temprano y diseño con música o, si estoy en el barco, me gusta mirar al horizonte. Soy el principal cliente de muchas compañías que, además, son amigas mías. Pero no estoy seguro de tener talento, más bien soy vago. Ahora raramente acepto un cliente nuevo porque sólo con lo que tengo es un estrés terrible. Voy de Europa a Los Ángeles o Hong Kong constantemente…

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