Número: 901
Del 30 de enero al 5 de febrero
 
 

 
 
CARTA DESDE... COSTA DE MARFIL

Los imbéciles contentos de Brassens


La primera vez que, tras atravesar Costa de Marfil por carretera de parte a parte, llegué a Abidján después de pasar ocho meses metido en la selva del sur de Guinea me sentí como un ciego en un herbolario. Largos puentes encabalgan sus islas, el centro se extiende arbolado de rascacielos y la catedral con su hastial de elefante barritando es uno de los pocos templos modernos hermosos que he visto. Casi toda la ciudad dispone de electricidad y agua corriente: recuerdo aquella primera ducha con agua caliente como un velero su botadura. Eran los últimos días de agosto del año 2002: tres semanas después estalló la guerra.

Se tiznaron los ánimos. Costa de Marfil, que era nuestro balcón al mundo, fue volviéndose una madriguera irrespirable. Las personas dejaron de ser personas y se convirtieron en gentilicios: importa más dónde se plantó el árbol que cuál es su fruto. No eres alguien, eres algo: del norte o del sur, de padres burkinabeses o de padres costamarfileños, blanco o negro. La palabra extranjero engulló el idioma y las banderas amordazaron cada esquina de la ciudad. Banderas por todas partes, todas tejidas con hilo de sangre. Y ya no hubo bondadosos y miserables, pacíficos y violentos, honestos y viles; los hombres fueron divididos entre compatriotas y foráneos. Y ahora se mata y se muere en nombre de un país que fue inventado hace cuarenta años (o cuarenta siglos, qué más da), no en nombre de lo justo.

He olido el mismo odio en Liberia y en Guinea. Mañana me marcho de Abidján. Esta noche el harmatán carga desde el desierto y yo estoy leyendo unos versos del poeta Adam Zagajewski: «Banderas, abrigos donde naciones/cansadas, negras por falta de sueño, vivaquean,/banderas, arrugadas sábanas de héroes,/banderas, dejad ya de taparnos los ojos». No sé cuándo Costa de Marfil se curará del odio. No sé cuándo las tierras se curarán de ser países. Los gentilicios son las armas con que el pasado perpetra presente. Triste el hombre que sólo tiene una patria, el que se define por su origen y no por sus afanes. Si de verdad quieres trabajar por el futuro de la humanidad, arría banderas e iza pensamientos.

Costa de Marfil, 27 de enero de 2005

Gonzalo Sánchez-Terán

< volver

  
 


Y DESDE NUEVA YORK...
Alfonso Armada escribía...




HoyMotor HoyCinema LaGuiaTV Finanzas HoyTecnología HoyMujer
 xlsemanal(c)2005 Aviso legal | Mapa del web