Número: 897
Del 2 al 8 de enero de 2005
 
 

 
 
CARTA DESDE... GUINEA CONAKRY

Y los hay como poemas de Claudio Rodríguez


Ayer miércoles tuvimos en el campo de refugiados de Lainé la votación del consejo de estudiantes de nuestra escuela profesional. En los días anteriores, los casi mil alumnos de los diferentes talleres habían elegido a setenta representantes que se juntaron en el viejo auditorio cubierto con plásticos para elegir a su presidente. Había tres candidatos al cargo. Ésta es nuestra tercera promoción y, hasta ahora, sólo se habían presentado hombres, pero esta vez uno de los tres era una mujer, Marlyn Clarke. Marlyn debe andar por los treinta y tantos, es alta, tiene la sonrisa amplia, de vuelo de trapecista, la voz grave, los ojos opinados. Su historia es la de casi todas las mujeres del campo. Cuando en la reyerta por el control de los recursos de Liberia los soldados nigerianos avanzaron hacia los puertos orientales en 1994, ella tuvo que huir de su tierra natal, el condado de Grand Bassa, con sus dos hijos, uno de la mano, el otro a la espalda. Cruzó la frontera de Costa de Marfil y se instaló, como tantos otros refugiados, en Danane, al pie del monte Nimba, donde Guinea, Liberia y Costa de Marfil hacen frontera. Allí crió a los suyos, trabajó, alisó los frunces de su alma esperando a que la guerra acabara. La guerra no acabó: empezó otra. Una mañana de diciembre del año 2002, los rebeldes entraron a sangre y fuego en Danane. Marlyn había ido al mercado con su hijo menor, el mayor se había quedado jugando en casa. No lo ha vuelto a ver: lo buscó y lo buscó hasta que, como todos los liberianos, tuvo que volver a escapar de los fusiles, ahora hacia el sur de Guinea. Y llegó hasta aquí.

Pese a que más de la mitad de los alumnos de la escuela son mujeres, la mayoría de los setenta elegidos para votar al presidente del consejo de estudiantes eran hombres. Primero hablaron los tres candidatos: Samuel Saye, John Workolo y Marlyn. Luego se procedió a la votación a brazo alzado. Samuel obtuvo siete votos; John, veintitrés; el resto, Marlyn. Torrencialmente, las mujeres presentes en el auditorio empezaron a bailar y a cantar abrazándola. Los hombres aplaudían. Todos entendíamos que algo importante, indispensable, había sucedido, aunque no sabíamos muy bien qué. Cuando pude acercarme a felicitarla, le pregunté por qué se había presentado como candidata; ella sólo me contestó: «Para cambiar las cosas». Y te juró que sentí que aquel espacio de plásticos, madera y polvo, ayer miércoles, era el anfitrión de un tiempo nuevo.

Guinea Conakry, 30 de diciembre de 2004

Gonzalo Sánchez-Terán

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Y DESDE NUEVA YORK...
Alfonso Armada escribía...




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