CARTA DESDE ÁFRICA Los pies, en el barro; los ojos, en la atalaya  | | D.R. |
Es cierto, la corrupción reside en los pasillos de los ministerios africanos y ha infestado, en su brutal metástasis, casi todos los añicos de la sociedad: comerciantes, policías, clérigos, jueces, maestros, campesinos. Se puede explicar, mas no justificar. Sin embargo, pregúntale a tus cerillas qué saben de los lejanos incendios. Yo vivo y trabajo en tres pequeños países del África occidental: Costa de Marfil, Liberia y Guinea.
En julio pasado, una empresa holandesa, Trafigura, decidió que era demasiado caro deshacerse en el puerto de Amsterdam de las 528 toneladas de residuos tóxicos que uno de sus petroleros transportaba. Era mucho más barato enviar el barco a Abidjan, en Costa de Marfil, y pagar una miseria a una empresa local incapaz de gestionar la carga para que, corrompiendo a unas cuantas autoridades, vomitara las moles de engrudo envenenado en diecisiete lugares de una ciudad de tres millones de habitantes. Aquella noche, la empresa holandesa se ahorró una pequeña fortuna: a la mañana siguiente, la ciudad despertó oliendo a peste. Diez personas murieron y miles tuvieron que ser atendidas por causa del vertido tóxico. La semana pasada, un informe del Ayuntamiento de Amsterdam reconocía que, de acuerdo con las leyes internacionales, el puer-to debía haber impedido que el barco preñado de muerte zarpara rumbo a África. Pero zarpó.
La empresa de acero más grande del mundo, Mittal Steel, firmó en agosto de 2005 un acuerdo para la extracción de mineral de hierro con el entonces Gobierno de transición de Liberia, un Gobierno formado por los grupos rebeldes que asesinaron el país durante la guerra y al que la comunidad internacional consideraba absolutamente corrupto. El acuerdo daba a Mittal Steel ventajas fiscales intolerables en cualquier país europeo, protegía a la multinacional contra toda nueva ley relativa a los derechos humanos o el medio ambiente y violaba la soberanía de Liberia. Cinco meses después de la firma del acuerdo, un Gobierno democrático fue finalmente elegido por los liberianos. En estos momentos, la nueva presidenta, Ellen Jonson-Sirleaf, está tratando de renegociar las condiciones que unos criminales pactaron con una empresa respetable contra el pueblo.
Hace dos meses, el Gobierno de Guinea concedió el derecho a realizar prospecciones en una parte inmensa de su costa a Hyperdynamics, una compañía petrolera de Texas. No se sabe demasiado de los términos del acuerdo, pero Hyperdynamics publicó en su página web que estaba satisfecha de haber seguido todos los cauces democráticos para alcanzarlo. Guinea es una dictadura: la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han cortado sus ayudas al país porque el Gobierno roba, mata y encarcela ilegalmente a sus ciudadanos. Supongo que hay que ser una compañía petrolera para atisbar la democracia en esta tierra de pobreza e injusticia.
Ya ves, todo está en orden: los africanos son corruptos, la ayuda no sirve para nada, la Bolsa sube.Gonzalo Sánchez-Terán < volver
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