Número: 893
Del 5 al 11 de diciembre de 2004
 
 

 
 
CARTA DESDE... GUINEA CONAKRY

Bogar a contracorriente


Son las cinco de la mañana y una lluvia niña desciende sobre el campo de refugiados de Lainé. Estamos recogiendo esteros, cubos y quinqués de las tiendas verdes donde los 209 refugiados que dentro de una hora iniciarán su viaje de regreso a Liberia han pasado la noche. Irán en la parte trasera de cinco camiones, apretados sobre bancos corridos; en un sexto se amontonan sus leves pertenencias: atadijos de ropa, cestos, gallinas, memoria. Adormecidos y esperanzados aguardan en fila bajo el orvallo iluminados por las luces de los faros: madres con sus bebés a la espalda, niños que nacieron ya en el campo, viejos con túnicas de colores y jóvenes vestidos a la americana. Ha empezado la repatriación.

Naciones Unidas ha dispuesto que Liberia es un lugar seguro. En teoría no se obliga a nadie a partir, sin embargo, los Gobiernos del norte están desecando su ayuda. La existencia en el campo es cada día más áspera: el cereal de mala calidad que se daba antes como alimento de base ha sido sustituido por un polvo de maíz incomible. Volverán todos, quieran o no. Te confieso que tengo el espíritu enconado: es indigno que el ser humano viva como un refugiado, recibiendo el techo y la comida cual mendigo, en una patria prestada; pero conozco bien Liberia, las bestias con sangre en las manos ocupando el poder, los atajos que busca la comunidad internacional para resolver los conflictos, la leche oscura con que el ayer ha amamantado al futuro. Siempre es igual: neoliberalismo o comunismo, izquierda o derecha, Bush o Sadam, nunca nos dan a elegir entre lo bueno y lo malo, sólo entre lo malo y lo peor. Hemos aprendido que en ninguna de las dos manos que el mago nos ofrece está la pelotita.

Y pese a todo, qué gran vallista es el corazón: en una de las líneas, un grupo de mujeres ha inaugurado cantos de regocijo, algunas incluso bailan. A medida que se acerca la hora, muchos de los que se quedan vienen a despedirse de los que se van, envían mensajes a sus familiares, se abrazan. Contra toda lógica, el amanecer, que se afana entre las nubes, trae cascadas de elevaciones, y toda esta gente se obstina en recomenzar, como si la puerta del porvenir tuviera un cerrojo de arena. Poco después los camiones barritan traqueteando por la carretera de tierra camino de Liberia. Y yo me apresuro hacia la escuela, el alma con zancos.

Guinea Conakry, 2 de diciembre de 2004

Gonzalo Sánchez-Terán

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Y DESDE NUEVA YORK...
Alfonso Armada escribía...




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