 | | Desde que Catherine puso las mosquiteras se han reducido las visitas al hospital. |
| CARTA DESDE ÁFRICA Desenvainando vidrio
«Por aquí pasan tantos turistas sociales y usureros de anécdotas como hombres y mujeres excepcionales»
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Lo admirable casi nunca hace ruido: quienes andamos por la vida dando voces lo sabemos bien. Cuando Gertrude Lama me llevó por primera vez al orfanato de Gouecké, allá por junio del año 2002, me di de bruces con una casa miserable, oscura, ganada de humedades donde treinta críos, la mayoría bebés de unos meses, se alimentaban con la escasa leche en polvo y el poco arroz que se conseguía a crédito en los mercados, dormían en camastros carcomidos y trataban de sacudirse de encima la muerte que por aquí se llama malaria. No había fondos, no había comida, no había nada. Cuando dimos la voz de alarma, gente buena en el norte arrimó el hombro y entre todos nos pusimos manos a la obra. Lo primero que hicimos fue saldar las deudas con los comerciantes de Gouecké, después nos aseguramos de que cada mes hubiera dinero suficiente para comprar alimentos, medicinas y ropa, y luego nos propusimos arreglar la casa. Entonces, Catherine se puso al frente del orfanato.
Catherine apareció sonriente, tímida y frágil. Empezó a trabajar calladamente: en las habitaciones dispuso un zócalo de azulejos que impide entrar la humedad, reemplazó las planchas de madera podrida del techo y las hojas de zinc con goteras del tejado, colgó un cordel con banderolas de colores de lado a lado de la sala, y al carpintero que vive enfrente del orfanato no lo dejó en paz hasta que hubo terminado las treinta cunas que le encargó. Y sobre todo compró anchas mosquiteras: al atardecer las extiende hasta cubrir dos cunas. Desde que colocó las mosquiteras se han reducido en un ochenta por ciento las visitas al hospital. Ella duerme todas las noches del año en un cuartucho sin ventanas, junto a los dormitorios de los críos: al lado de su cama hay una cuna donde berrea, pide de comer y se ensucia el niño enfermo de turno. Y de mañana te la encuentras tendiendo al sol nevadas de pañales, frágil, tímida y sonriente. Catherine no evitará que las madres guineanas sigan muriendo en los partos y los huérfanos sigan llegando al orfanato, pero cada día, sin que nadie lo sepa y nadie se lo agradezca, reparte vida a manos llenas.
Mucha gente piensa que venir a África es sinónimo de bondad y entrega: falso. Por aquí pasan tantos cretinos, turistas sociales y usureros de anécdotas como hombres y mujeres excepcionales. Las personas extraordinarias están en todas partes porque en todas partes hacen falta, aquí y en Europa. Para mí, bondad y entrega, por ejemplo, las de mi amiga Eva, que, trabajando como una mula toda la semana en Madrid, encuentra horas el viernes por la tarde para acompañar y alegrar a unos niños enfermos de cáncer en el hospital de San Rafael: eso sí es extraordinario.
Lo admirable rara vez habla a gritos y, sin embargo, conforma las acequias de la tierra e instruye al tiempo nuevo que emboscará al presente.
Guinea-Conakry, 23 de noviembre de 2006
Gonzalo Sánchez Terán < volver
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NOTAS EN UN CUADERNO.
No dejes de leer el informe 50 años de pobreza, 50 años de desarrollo, que acaba de publicar Intermón Oxfam (www.intermonoxfam.org). Recorre medio siglo de lucha contra la desigualdad y la pobreza desmaquillando la realidad del mundo: |
alumbra los muchos lugares oscuros, propala las muchas victorias y, más aún, desbroza sendas que tomar esperanzados. Es el mejor antídoto contra los desinformados vocingleros de uno y otro bando y, sobre todo, contra los inútiles rumiadores del pesimismo. |
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