Una revista de venta en las librerías y más de 30 libros sobre ellos publicados el 2005 en España. La masonería sale del oscurantismo en nuestro país, mientras Dan Brown la convierte en protagonista de fondo de su próximo best-seller. Hemos hablado con miembros de las dos principales logias españolas para saber qué hay de cierto e incierto en la leyenda que los rodea.
Para un público deseoso de encontrar misterios que combinan esoterismo, leyenda y poder, la masonería es un filón sin límite. Dan Brown, el autor del best-seller más rentable de la historia, lo sabe y ha convertido a los masones en protagonistas de su próximo libro. La llave de Salomón (que se publicará a mediados de 2007) utiliza como pretexto el secretismo y la parafernalia estética de los masones en un relato que mezcla criptografía, mormones, científicos de la NASA y redactores de la Constitución americana. Lo que nadie sabe aún es si la masonería quedará tan mal parada como el Opus Dei en El código Da Vinci.
Con La llave de Salomón, Dan Brown se suma a una moda editorial. En 2005 se publicaron más de 30 libros sobre la masonería en nuestro país, una cifra que demuestra que, a pesar de que algunos piensan que los masones ya no existen, otros están convencidos de que se esconden en todas partes. Pasamos de la ignorancia a la paranoia, pero la mayoría se equivoca. Actualmente, en España hay cerca de 3.800 masones, de los cuales un 30 por ciento son ingleses, belgas, alemanes y daneses jubilados que viven en nuestras costas.
La masonería continúa siendo una organización discreta, pero cada vez un poco menos, si tenemos en cuenta iniciativas como la revista Conde de Aranda, editada por la Gran Logia de España y de venta en librerías, donde masones y profanos exponen sus puntos de vista abiertamente. Según su director, Ilia Galán, con esta revista pretenden «que nadie nos confunda con una película mala y que en nuestro país una persona seria que quiera conocernos tenga una referencia cierta».
Para conocer a los masones hay mucha literatura especializada, pero, además, está Internet, donde cada vez más logias cuelgan su página web, y los masones del mundo entero intercambian opiniones y textos doctrinales. Hace 15 años era preciso conocer a un hermano para entrar en contacto con una logia, pero hoy con enviar un correo electrónico es suficiente para que te den una cita. Y aunque lo importante sigue siendo la entrevista cara a cara, para alguien que está fuera del mundo masónico, Internet es la puerta que transforma la masonería en un libro abierto. O casi.
Durante décadas, esta hermandad en nuestro país ha estado vinculada a lo sectario, lo demoniaco, lo conspiratorio y, como poco, a lo raro. Un estigma que contrasta con la actitud de otros países, como Francia o Gran Bretaña, donde los templos son públicos, pertenecer a una logia se incluye en el currículum y muchos políticos presumen de serlo en campaña electoral.
En España, los templos no están escondidos, pero procuran no llamar la atención. De hecho, en una calle contigua al estadio Santiago Bernabéu hay uno que sólo cierra los domingos. Sobre el dintel de la entrada, de estilo neoclásico, aparecen cruzados una escuadra y un compás. A primera vista podría ser una oficina, pero las puertas de hierro a prueba de explosivos, y los graffiti antimasónicos, evidencian que se trata de algo distinto.