Número: 889
Del 7 al 13 de noviembre de 2004
 
 

 
 
CARTA DESDE... LIBERIA

Propuesta para cortejar a los escombros


La historia de Liberia, la de tantas tierras, es un juego de muñecas rusas. Abres la mayor para descubrir que la siguiente es más pequeña, tiene la sonrisa menos definida, los rasgos más entristecidos, y vas abriendo una tras otra y cada vez las muñecas son menores, están peor pintadas, hasta que das con la última, la más fea, la que apenas tiene el tamaño de un dedo meñique y no guarda nada dentro.

La primera Constitución de Liberia, promulgada a mediados del siglo XIX, estaba llena de hermosas palabras, pero la inmensa mayoría de su población desembocó en la esclavitud y la exclusión. Durante siglo y medio una elite opresora maridada con su reverso occidental se atiborró de riqueza sin crear desarrollo. Y la injusticia dio sombra al horror. En 1980 Samuel Doe, un sargento analfabeto, derrocó al presidente mediante un golpe de Estado: su régimen criminal fue una almáciga de odio y violencia. No olvido que los rutilantes Estados Unidos de los años ochenta y su gran presidente fueron el cetrero de semejante monstruo. El último peldaño daba al abismo. Desde hace tres lustros este país corre desnudo entre espinos: un cuarto de millón de liberianos han sido exterminados a lo largo de dos guerras y dos paces.

Hace quince meses la comunidad internacional decidió intervenir, pero sin mancharse los dedos. Pactaron la paz dándole el poder a los asesinos y les dijeron a estas personas: conformaos con que no os maten a tiros, no aspiréis a más. En febrero, en Nueva York, los países donantes prometieron financiar la reconstrucción de Liberia; sin embargo, ahora dicen que no quieren enviar dinero porque el Gobierno es corrupto: el mismo Gobierno que ellos impusieron. Pronto comenzará la repatriación de los 300.000 refugiados liberianos aventados por el África occidental. Ésta es la tercera vez en quince años que se hace lo mismo: durante las operaciones de 1991 y 1997 se ayudó a regresar a 400.000 refugiados a Liberia. Estamos haciendo algo mal, muy mal.

No sé qué piensas tú, yo creo que la tarea de cualquier hombre de bien, del abogado, el obrero y el poeta, es amar a la última muñeca rusa, a la muñeca enana y yerma, y contra toda evidencia dejarla embarazada para que dé a luz algo más de luz, una nueva esperanza, otra madre.

Liberia, 4 de noviembre de 2004

Gonzalo Sánchez-Terán

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Y DESDE NUEVA YORK...
Alfonso Armada escribía...




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