En el mundo hay 2250 millones de internautas, la tercera parte de la humanidad.
¿Está cambiando Internet nuestra forma de aprender... incluso de pensar? ¿Qué valor tiene el conocimiento en la era digital, cuando cualquier buscador nos sepulta en una montaña de datos? ¿Todavía sirve la cultura general?
Los expertos están divididos. Para unos, las nuevas tecnologías disminuyen nuestra capacidad de profundizar. Otros lo niegan. Pero todos coinciden en que sin un mínimo de conocimientos compartidos las personas no pueden comunicarse más allá de sus respectivas especialidades. Son las metacompetencias.
XLSemanal ha pedido asesoramiento a prestigiosos especialistas para elaborar un cuestionario con las cien preguntas de cultura general indispensables para el siglo XXI. ¿Por qué debería usted saber responder correctamente a la mayoría? Sencillamente, porque es una persona curiosa. Y la curiosidad sigue siendo el motor del conocimiento desde que el hombre prehistórico miró al cielo por primera vez.
Eduardo PunsetEscritor y divulgador científico
Soledad PuértolasEscritora y académica
José Antonio MarinaFilósofo y ensayistaLa tecnología está eliminando el abismo entre ricos y pobresNadie habla de ello, pero la tecnología está eliminando el abismo que separaba a los ricos de los pobres; dentro de nada, ya no habrá motivos para más guerras cruentas entre los que tienen y lo que no. Hoy no se puede aprender sin recurrir a las nuevas técnicas digitales. Es imprescindible aprenderlas, como antaño se aprendía un nuevo idioma. No se trata, como se ha repetido hasta la saciedad, de que a los jóvenes les falte capacidad de concentración; lo que no pueden es concentrarse en lo que al resto les interesa. En cuanto a lo que debería saber un lector medio de ciencia para poder comprender el mundo de su alrededor, figura, en primer lugar, el aprendizaje emocional; es del todo imposible que se pueda abordar la transformación del mundo sin tener ni idea de lo que le pasa a la gente por dentro. No se puede retrasar por más tiempo el aprendizaje de la gestión de las emociones.
El conocimiento no es memorizar datos, sino relacionarlosPara mí, el aprendizaje es relacionar datos. ¡No todos tenemos espacio en la cabeza para recordar datos y cifras! ¿Por qué ocupar espacio en ciertas cosas? Mucho más importante que memorizar es la comprensión del texto. Los estudiantes deben ser capaces de leerlo, de reflexionar y de hablar de ello. Es básico que haya alguien enfrente con quien discutir sobre lo leído. Hemos perdido la conciencia de la oralidad, que es el origen de la literatura.
Un burro sentado delante de un ordenador sigue siendo un burroLos españoles tenemos muy poca capacidad de análisis crítico, nos estamos convirtiendo en una sociedad muy crédula. En España estamos demasiado preocupados por el programa académico, por las matemáticas, el inglés... En EE.UU., Francia o Canadá se han introducido talleres de filosofía en la escuela primaria: mejoran el rendimiento escolar y les proporcionan herramientas para analizar lo que pasa y lo que les pasa. No se trata de estudiar a Kant, claro. Se les plantean preguntas como: «¿Es bueno crecer?» o «¿qué valor tiene la mentira?». Yo siempre digo que un burro conectado a Internet sigue siendo un burro. Lo que nos interesa es que la persona sentada frente a la pantalla sea lo más inteligente posible. Pero la memoria ha sufrido mucho descrédito: primero se dijo que era la inteligencia de los tontos y ahora que debe residir en el ordenador y no en nuestra cabeza.
Se ha abierto una nueva era del saberHoy nos enteramos de las cosas antes que los periódicos. Se ha abierto una nueva era del conocimiento: en una aldea perdida puedes enterarte de lo mismo que en Madrid. La información ha roto fronteras geográficas y mentales. Pero añoro espacios como la Filmoteca de Madrid. Me gustaría que hubiese más salas así, donde lo importante no fuese el tamaño de la pantalla, sino el programa que se va a proyectar. Hoy, la selección y el criterio son básicos.
La información a la que se puede acceder a toque de tecla es a menudo desinformaciónLos españoles tienen conocimientos básicos de su propia historia. Pero conocimientos profundos, lo dudo. Siempre he pensado que España es el país más complejo de Occidente. Un país cuyo léxico tiene, según el filólogo Rafael Lapesa, más de 4000 palabras árabes (sin mencionar los miles de topónimos), pero que no enseña en sus colegios ni los rudimentos del idioma, ¿tiene amnesia o prejuicios? Tal vez, ambos. Sea cual sea la respuesta, la ausencia llama mucho la atención a quienes llegamos de fuera. Los chavales ahora aprenden de forma distinta. La riqueza documental que las nuevas tecnologías ponen a nuestra disposición es increíble. Pero hay que proceder con cautela. La información a la que se puede acceder a toque de tecla es a menudo desinformación. Los profesores deben prevenir a sus alumnos y explicar que deben contrastar las fuentes.
La tecnología nivela el mundo, pero aumenta la desigualdad entre las personasHoy, un estudiante espabilado de África se puede apuntar a un curso on-line de la Universidad de Stanford o del MIT, que son gratuitos, y aprender de los mejores profesores del mundo, con los mismos materiales y participar en el proceso científico como en EE.UU. Pero el que no es buen estudiante queda en una situación peor: su competencia es global. La tecnología nivela el mundo, pero aumenta la desigualdad entre las personas.
Estamos inmersos en una revolución cuyas consecuencias no conocemosLa tecnología ha revolucionado la divulgación y el conocimiento de las obras de arte. Nunca como ahora hemos tenido un instrumento de comunicación visual tan potente. Blogs, Wikipedia, revistas on-line... Todos, tengan mayor o menor credibilidad, las utilizamos. Habría que preguntarse lo que hubiera opinado Diderot sobre la posibilidad de contar con redactores expertos en todas las materias a lo largo y ancho del mundo… El peligro es que las humanidades vayan perdiendo peso en la educación reglada y que al mismo tiempo las instituciones que velamos por el conocimiento en esas materias no sepamos reforzar la función educativa. Las nuevas tecnologías son una herramienta y su buen uso tiene que estar en manos de los educadores y de los padres. En cualquier caso, estamos inmersos en una revolución cuyas consecuencias no conocemos.
En los colegios se debería oír a Mozart y a los Sex PistolsEn música es decisiva la educación del gusto musical. Y tener pasión y talento. Paul McCartney no lo admitieron en conservatorio de Liverpool y ahora es su principal benefactor. El estudio no da talento, da oficio. En los colegios debería escucharse a Bach y Mozart, pero también a los Sex Pistols, Iggy Pop, Camarón, Miles Davis... Internet es una herramienta maravillosa, pero siempre que exista compensación justa para los artistas.
La nueva generación solo ve la información en pantalla. El soporte cambiará, sin dudaTanta información puede producir ese viejo precepto de la física que afirma que luz más luz puede dar lugar a oscuridad; del mismo modo, información más información puede producir desinformación. No sé qué pasará cuando mis nietos alcancen la edad de tener interés por la actualidad, pero no me preocupa: hallarán la solución. Mis hijos pueden conocer hoy hasta el más ínfimo detalle de lo que ocurre en una aldea de Malasia. Es magnífico, pero... lo que pasa allí no suele ser interesante. La nueva generación solo ve la información en la pantalla. El soporte cambiará, sin duda. Pero, al final, es como la radio: será a pilas o en ordenador, pero siempre lo mismo: uno que habla y otro que escucha.